La salida de Rubén Rocha Moya cerró una etapa, pero no desmanteló el entramado político construido durante su gobierno. Con Graciela Domínguez en Palacio e Imelda Castro al frente de Morena rumbo a 2027, el partido enfrenta una transición donde funcionarios, legisladores y operadores rochistas deberán decidir entre resistir, adaptarse o cambiar de grupo.
Por David Fuentes M.
La salida de Rubén Rocha Moya del Gobierno de Sinaloa cerró una etapa política, pero no necesariamente desmanteló al grupo que durante casi cinco años se construyó alrededor de su administración.
Rocha regresó al cargo después de 112 días de licencia y apenas unas 34 horas después volvió a separarse, esta vez de manera definitiva. El episodio terminó por exhibir el aislamiento de un gobernador que meses atrás todavía recibía expresiones públicas de respaldo de su partido.
Atrás queda un gobierno marcado por una crisis de seguridad que trastocó la vida cotidiana de los sinaloenses. Desde septiembre de 2024, la violencia ha dejado tres mil 724 homicidios dolosos, más de cuatro mil personas privadas de la libertad, 12 mil vehículos robados, más de cinco mil empresas cerradas y 27 mil empleos formales perdidos.
La salida del gobernador resolvió una parte de la crisis política, pero no la violencia que permanece en las calles ni las consecuencias económicas y sociales acumuladas durante casi dos años de guerra entre las facciones del Cártel de Sinaloa.
LA LLEGADA DE GRACIELA
El relevo llegó con Graciela Domínguez Nava. El Congreso del Estado la designó gobernadora interina para concluir el periodo constitucional que termina en 2027. Exdiputada local, expresidenta de la Junta de Coordinación Política del Congreso y exsecretaria de Educación, Domínguez conoce desde dentro la estructura política que dejó Rocha. Fue precisamente el gobernador quien la incorporó a su gabinete en 2021 y permaneció en él hasta febrero de 2024, cuando salió para buscar una diputación federal.
Por eso su llegada abrió inmediatamente una pregunta: ¿representa el comienzo de una ruptura o solamente una nueva administración del mismo grupo en el poder?
La oposición se inclinó por la segunda posibilidad. Maribel Chollet Morán, dirigente del PRI en Mazatlán, calificó el nombramiento como una continuidad del proyecto anterior y sostuvo que un verdadero rompimiento tendría que demostrarse con decisiones dentro del Gobierno.
Francisco Javier Villarreal Gastélum, presidente de la Asociación de Colegios de Abogados de Sinaloa, llegó a una conclusión semejante: mientras permanezcan los mismos funcionarios de primer nivel, dijo, difícilmente puede hablarse de una transformación del aparato gubernamental.
Las conexiones existen. Una de las más importantes pasa por Feliciano Castro Meléndrez, viejo operador de Rocha Moya y personaje cercano a Domínguez desde los años en que ambos participaban en la izquierda sinaloense. Feliciano fue secretario particular de Rocha cuando encabezaba la Universidad Autónoma de Sinaloa. Posteriormente, ya con Rocha como gobernador, presidió la Junta de Coordinación Política del Congreso local, desde donde articuló buena parte de la agenda legislativa del Ejecutivo. Después llegó a la Secretaría General de Gobierno.
Pero el mismo Feliciano Castro ofrece una pista de lo que podría ocurrir con una parte de la estructura rochista: también coordinó la campaña al Senado tanto de Imelda Castro como de Rocha Moya en 2018.
IMELDA, “LA NUEVA CARA”
Porque mientras Graciela Domínguez recibió las llaves de Palacio de Gobierno, Morena colocó a Imelda Castro al frente de su estructura política rumbo a las elecciones de 2027.
Imelda tampoco es ajena a Rocha. Ambos fueron compañeros de fórmula al Senado en 2018 y formaron parte del grupo político que acompañó el crecimiento de Morena en Sinaloa. Sin embargo, sus trayectorias comenzaron a separarse cuando Rocha dejó el Senado para competir por la gubernatura y ella permaneció en el ámbito federal.
La diferencia adquirió mayor importancia con Claudia Sheinbaum. Mientras personajes centrales del rochismo quedaron vinculados a otras corrientes dentro de Morena, Imelda construyó una relación política con el grupo de la presidenta. Ahora su designación modifica el centro de gravedad del partido en Sinaloa: la conducción electoral ya no pasa por Rocha, sino por una dirigente que necesita reorganizar a alcaldes, diputados, funcionarios y operadores que hasta hace unas semanas se movían dentro de la estructura del gobernador saliente.
La propia Imelda comenzó a marcar distancia. Cuando se le preguntó si pertenecía al rochismo respondió: “Yo siempre he estado junto al pueblo, nunca con una etiqueta”. Tampoco declaró formalmente muerto al grupo. Habló, en cambio, de un “proceso de transición” para “irnos alejando de este momento”.
La expresión puede resultar útil para entender lo que viene.
¿EL FIN DEL ROCHISMO?
Porque el rochismo no desaparece automáticamente con la salida de Rocha. Durante su administración se construyó una red de funcionarios, legisladores, alcaldes y operadores que ocupó espacios en el Gobierno y en Morena. Algunos conservan cargos, relaciones territoriales y capacidad política. Pero ahora enfrentan una decisión que suele acompañar los cambios de poder: permanecer identificados con el dirigente que los llevó hasta ahí o incorporarse al nuevo grupo dominante.
El caso más complicado es Enrique Inzunza Cázarez, uno de los personajes de mayor cercanía con Rocha, exsecretario general de Gobierno y posteriormente senador. Su nombre aparece, junto con el del gobernador con licencia, dentro de las investigaciones mencionadas por autoridades mexicanas y estadounidenses. Su separación de la bancada de Morena muestra hasta dónde puede llegar el costo político para quienes permanecen vinculados al núcleo más cercano del antiguo gobernador.
En el otro extremo aparecen quienes tienen margen para trasladarse hacia la nueva configuración. Graciela Domínguez tendrá que decidir mediante nombramientos, permanencias y remociones, cuánto del aparato heredado conservará. Imelda Castro deberá hacer algo semejante dentro del partido: integrar a los grupos que todavía tienen fuerza sin cargar con el desgaste político del gobierno que acaba de terminar.
El nuevo mapa comienza entonces a dibujarse con dos mujeres al frente de espacios distintos: Graciela Domínguez en el Gobierno e Imelda Castro en la operación política rumbo a 2027. Ambas provienen de la izquierda sinaloense, ambas pasaron por el PRD antes de llegar a Morena y ambas mantuvieron vínculos políticos con el gobierno de Rocha.
Rocha dejó el despacho, pero buena parte de quienes gobernaron con él siguen dentro del edificio político que construyó. Algunos tendrán que salir. Otros intentarán permanecer. Y otros simplemente cambiarán de grupo a conveniencia.