Vizcarra Vs. Malova, segunda temporada
viernes, 24 de abril de 2026
Vizcarra Vs. Malova, segunda temporada

“Yo le preguntaría a Jesús, frente a miles de sinaloenses: ¿si es o no compadre del ‘Mayo’ Zambada?”, fue la pregunta que retumbó en el escenario donde se llevaba a cabo el segundo debate a gobernador entre los candidatos.

En una esquina, Mario López Valdez, Malova, postulado por el PAN, PRD y Convergencia, bajo la coalición El Cambio es Ahora por Sinaloa. En la otra esquina se encontraba Jesús Vizcarra Calderón, que representaba a las siglas políticas del PRI, Partido Verde y Nueva Alianza; juntos formaban La Alianza para Ayudar a la Gente.

Era la noche del 16 de junio de 2010 y ahí se definió la victoria de Mario López Valdez para ocupar la gubernatura de Sinaloa, a la salida del priista Jesús Aguilar Padilla, amigo y socio empresarial de Jesús Vizcarra.

Después de un primer debate de señalamientos mutuos entre los dos candidatos sobre nepotismo, corrupción, impunidad y defensa de intereses económicos y de poder, donde estaban involucrados, no la mano, sino de cuerpo entero, empresarios, políticos y poderes fácticos, el segundo debate atrapó la atención y congeló la imagen y el sonido en el tiempo: fue el minuto 7 con 43 segundos de un tiempo compartido entre candidatos de 9 minutos con 52 segundos del tercer bloque, de un total de nueve.

Al cuestionamiento de Malova: “¿si es o no compadre del ‘Mayo’ Zambada?”, el moderador le concede el derecho de réplica a Vizcarra Calderón, quien sostiene la “transformación” de Culiacán gracias a su trabajo como presidente municipal y, en respuesta a la narrativa de López Valdez, el empresario responde: “Yo nunca he hecho algo fuera de la ley”, y continuó con su discurso.

De algo tenía razón Malova, evidentemente: miles de personas en Sinaloa estaban presenciando el debate, principalmente en televisión. Las plataformas en internet solo eran una promesa.

Lo sucedido ese 16 de junio de 2010 entre Vizcarra y Malova, durante el segundo debate de candidatos por el triunfo electoral para gobernar Sinaloa, tiene varias lecturas. La primera y más importante es el control del poder político y gubernamental que ejerce el narcotráfico por medio de sus líderes; en ese momento de la historia sinaloense, Ismael El Mayo Zambada.

Todos los espectadores, o sea, los ciudadanos que saldríamos a votar, nos quedamos fríos cuando Mario López Valdez hizo uso de la imagen y poder de El Mayo Zambada, porque nadie que viva en Sinaloa —no de ahora, sino de décadas atrás— puede negar que el control del poder en ese 2010 era del nacido en El Álamo, sindicatura de El Salado. Y Mario López Valdez jamás hubiera realizado esa pregunta a Vizcarra sin previa autorización; esta fue la lectura de gran parte de los votantes al respecto.

Malova ganó la gubernatura en 2010, convirtiéndose en una de las administraciones más corruptas e impunes de la historia, acompañado de la sospecha de colusión con el Cártel de Sinaloa, en ese entonces dirigido por Ismael El Mayo Zambada y Joaquín El Chapo Guzmán, quien se escondió en Los Mochis para no ser ubicado por fuerzas federales con apoyo estadounidense, pero finalmente, en una cruenta balacera, fue capturado junto a su lugarteniente, Orso Iván Gastélum Cruz, mejor conocido como El Cholo Iván.

El gobierno de Malova le declaró la guerra a Fausto Isidro Meza Flores, El Chapo Isidro, en el norte del estado, a su vez, éste declaró su territorio a favor de Los Beltrán Leyva; la guerra era, en ese entonces, entre el Cártel de Sinaloa y Los Beltrán Leyva. Malova operó el peso del Estado a favor del Cártel de Sinaloa.

Esto lo señaló Frank Armenta Espinoza, quien era escolta personal de Malova, en un video difundido principalmente en redes sociales. “Del acuerdo en la visita que hicimos a Quilá con El Chapo Guzmán y El Mayo Zambada”, señaló el policía en junio de 2013, tres años después de ganar la gubernatura Malova.

Armenta detalló cómo la seguridad del estado, en manos de Jesús Antonio Aguilar Íñiguez, Chuytoño, estaba a la orden del cártel, al igual que todas las policías y penales. Habló de la fuga de El Cholo Iván del penal de Aguaruto y de la designación de Jesús Carrasco Ruiz como director de la policía de Ahome.

A Carrasco Ruiz lo mandaron a enfrentar a El Chapo Isidro; en mayo de 2013, a la altura de Guasave, sufrió su primer atentado en plena guerra. Esa zona de Guasave fue, en violencia, lo que hoy es el día a día en Culiacán. En marzo de 2016 la guerra le llegó a su casa: un comando de hombres fuertemente armados rodeó el domicilio, pero no pudieron darle muerte al entonces comandante. Fue hasta el 15 de septiembre de 2018 que Jesús Carrasco Ruiz fue alcanzado por su pasado y asesinado a balazos.

El secretario de Gobierno en la administración de Malova fue Gerardo Vargas Landeros. En el consciente colectivo se anidó la idea de que, durante ese periodo de gobierno en Sinaloa, de 2011 a 2016, fue Vargas Landeros el poder detrás del trono, mientras que Malova se la pasó bailando.

Jesús Vizcarra Calderón, al asumir la derrota, prácticamente se exilió en el grupo Atlacomulco, en el Estado de México, apadrinado por el entonces presidente Enrique Peña Nieto. Ahí Vizcarra realizó su licenciatura, maestría y doctorado en la experiencia de vida política de México y, por ende, en Sinaloa. Acompañó a Peña en su avión presidencial como uno de los empresarios más importantes para esa administración por el mundo.

Cuando Peña Nieto dejó la presidencia, Vizcarra había cambiado completamente su imagen: de político con nexos con el cártel a empresario humanista y filantrópico. A la llegada de AMLO, Vizcarra se acomodó. Durante su presidencia municipal en Culiacán y en su aspiración a la gubernatura, su propósito de política pública se plasmó en una frase que siempre repetía: “transformar”; por eso no tuvo problema de adaptación con el nuevo régimen.

Actualmente, que el poder y la imagen de Ismael El Mayo Zambada se encuentran plasmados en una carta que mandó por medio de su abogado desde una cárcel en Estados Unidos, lo que provocó una guerra intestina entre narcopoderes locales que repercute en todos los ámbitos, para Vizcarra y Malova los tiempos y el poder cambiaron.

Dieciséis años después, ambos regresan a la arena política desde discursos que hablan de una cosa, pero que significan todo lo contrario, sabedores de que los reflectores ahora les tocan a otros y que el lenguaje político siempre será manipular la percepción de la realidad.

La otra lectura durante ese debate de junio de 2010 es que, en Sinaloa, el poder es inmutable: sólo cambian los discursos y sus actores para que todo continúe igual.


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