Menores asesinados: la estadística infame de la violencia en Sinaloa
miércoles, 23 de septiembre de 2026
Menores asesinados: la estadística infame de la violencia en Sinaloa

Desde el inicio de la confrontación entre facciones del Cártel de Sinaloa, niñas, niños y adolescentes han muerto en ataques directos, fuegos cruzados, intentos de robo y balaceras. Juan Alejandro tenía apenas un año y cuatro meses. Su muerte es la más reciente de una lista que continúa creciendo.

Por David Fuentes M.

Juan Alejandro tenía un año y cuatro meses cuando quedó en medio de un ataque a balazos.

Eran alrededor de las 8:30 de la noche del sábado 5 de septiembre. El niño se encontraba con su familia en un domicilio de la colonia Prados del Sur, al sur de Culiacán, cuando llegaron hombres armados y comenzaron a disparar con armas largas.

En el lugar murió Jesús Manuel, un joven de entre 25 y 30 años, mientras que otras personas resultaron heridas. Juan Alejandro recibió un disparo en la cabeza y fue trasladado de emergencia para recibir atención médica. Los doctores intentaron reanimarlo, pero murió minutos después.

Los peritos localizaron por lo menos 61 casquillos de armas de grueso calibre esparcidos en el lugar. Al día siguiente murió otro hombre identificado como Jonathan, a quien las autoridades señalaron como uno de los presuntos agresores.

La madre del menor, Alejandra Armenta, apareció posteriormente en redes sociales para aclarar que su familia no tenía relación con los grupos criminales que desde hace dos años se disputan el territorio sinaloense.

“Mi hijo no nació en guerra porque sus padres somos honrados. Me lo arrebataron tan injustamente, no merecía morir mi niñito”, escribió.

La muerte de Juan Alejandro ocurrió casi dos años después del inicio de la confrontación entre facciones del Cártel de Sinaloa, registrada el 9 de septiembre de 2024.

Desde entonces, los nombres de niñas, niños y adolescentes comenzaron a mezclarse con las cifras de homicidios y desapariciones que cada semana deja la violencia en Sinaloa.

Gael y Alexander: un crimen que llevó a Culiacán a las calles

Entre los casos que mayor indignación han provocado se encuentra el asesinato de los hermanos Gael y Alexander.

El 19 de enero de 2025 viajaban con su padre, Antonio Jesús, por la carretera a Imala, en el sector Los Ángeles de Culiacán, cuando hombres armados presuntamente intentaron despojarlos de su vehículo y posteriormente dispararon contra ellos.

Los dos hermanos y su padre murieron.

El crimen provocó una de las mayores movilizaciones ciudadanas registradas desde el comienzo del conflicto. Cuatro días después, cientos de personas salieron a las calles para exigir justicia y reclamar seguridad al gobierno estatal, encabezado entonces por Rubén Rocha Moya.

El 24 de marzo de 2025, la víctima fue Danna Sofía. Tenía 12 años y viajaba en un vehículo por el bulevar Agricultores, al sur de Culiacán, cuando fue alcanzada por una ráfaga de disparos. La llevaron a un hospital, pero murió poco después.

Dos niñas murieron en Badiraguato

En mayo de ese mismo año, la violencia alcanzó la sierra de Badiraguato.

Alexa, de siete años, y Leydi, de 11, viajaban con su familia por la carretera federal 24 cuando quedaron en medio de una presunta emboscada contra un convoy del Ejército y de la Fiscalía General del Estado.

Las dos niñas murieron. Gael, de 12 años, resultó herido junto con sus padres.

La versión oficial sostuvo que la familia había quedado atrapada en el fuego cruzado. Otras versiones señalaron una posible confusión por parte de los militares.

La Comisión Estatal de los Derechos Humanos abrió una investigación y seis integrantes del Ejército fueron recluidos en una prisión militar mientras se desarrollaba el procedimiento correspondiente.

Para mayo de 2025, ocho meses después de iniciada la confrontación, registros citados por organismos defensores de derechos humanos contabilizaban 39 menores asesinados.

La violencia los encontró en lugares cotidianos

La lista continuó con Regina, de 14 años, quien murió por una bala perdida durante un tiroteo en Navolato.

Sol Natalia también tenía 14 años cuando hombres armados incendiaron, el 3 de diciembre de 2024, un dispensario de la colonia Lázaro Cárdenas. Sufrió quemaduras en el 80 por ciento de su cuerpo y sobrevivió durante más de un año, pero murió cuando tenía 15 años.

Jesús Eduardo, de 17 años, quien se encontraba con ella aquella noche, falleció en el lugar por heridas de arma de fuego.

El 11 de febrero de 2026 ocurrió otro de los casos que mayor indignación causó. Ricardo Misael tenía 15 años y aquella mañana salió de su casa para comprar un biberón con el que alimentaría a unos gatitos que había rescatado de la calle.

De acuerdo con la versión oficial, hombres armados lo interceptaron, lo confundieron con otra persona y le dispararon.

Los registros muestran que la violencia ha encontrado a los menores en espacios cotidianos: casas, calles, automóviles, carreteras y hasta zonas deportivas.

Las cifras no coinciden, pero todas revelan una tragedia

No existe una cifra única sobre la cantidad de menores asesinados durante la confrontación, debido a que los registros tienen metodologías y periodos de medición diferentes.

Para el 24 de febrero de 2026, reportes periodísticos contabilizaban 106 menores asesinados durante la narcoguerra en Sinaloa.

Meses después, Mexicanos Primero reportó más de 170 asesinatos de niñas, niños y adolescentes. Otras mediciones, elaboradas con información de la Fiscalía de Sinaloa y la Secretaría de Salud, señalaban que entre septiembre de 2024 y abril de 2026 al menos 250 menores habían muerto por heridas de bala y otros 58 fueron atendidos en hospitales.

El International Crisis Group documentó que durante los primeros diez meses del conflicto, entre septiembre de 2024 y junio de 2025, murieron al menos 55 menores y alrededor de 450 jóvenes de entre 18 y 28 años.

“Los jóvenes han sido los más afectados por este conflicto”, señaló David Mora, analista sénior de la organización, quien advirtió que durante esta ola de violencia han muerto o desaparecido más niños, adolescentes y jóvenes que en toda la década anterior.

Despliegues sin frenar los asesinatos

Miles de elementos federales han sido enviados a Sinaloa desde el comienzo de la confrontación.

El International Crisis Group reconoce que estos operativos disminuyeron algunas de las expresiones más visibles del conflicto, como los grandes bloqueos y enfrentamientos que paralizaron Culiacán durante 2024.

Sin embargo, esto no significó el final de la violencia. Parte de la confrontación se trasladó hacia las comunidades rurales.

La respuesta judicial también presenta resultados limitados. Hasta febrero de 2026, entre los asesinatos de menores atribuidos a civiles armados, solamente se conocían dos casos con detenciones o procesos relacionados.

En marzo de 2025, el Gabinete de Seguridad federal informó sobre las capturas de Jesse Kevin y Juan Carlos. Este último fue relacionado con el ataque en el que murieron Gael, Alexander y su padre.

El cambio de gobierno no detuvo los homicidios

El cambio en el gobierno estatal tampoco puso fin a la violencia.

Durante la semana comprendida entre el 31 de agosto y el 5 de septiembre de 2026, ya bajo la administración de la gobernadora interina Graciela Domínguez Nava, la Fiscalía estatal y diferentes reportes periodísticos contabilizaron 41 personas asesinadas. El informe diario del Gabinete de Seguridad federal reconoció 30.

La senadora Paloma Sánchez ha presentado cifras más amplias para dimensionar los dos años de conflicto: 3 mil 172 homicidios, 4 mil 125 personas desaparecidas y 174 menores asesinados.

Los números corresponden a los registros de la legisladora y han sido utilizados para cuestionar los resultados de la estrategia de seguridad.

Mexicanos Primero también ha advertido que no existe claridad sobre una política pública destinada a brindar atención psicológica a las infancias que están creciendo dentro de este escenario.

La noche del 5 de septiembre se convirtió en el episodio más reciente de una sucesión que comenzó dos años atrás y en la que aparecen bebés, estudiantes de primaria, adolescentes que iban a clases, hermanos que viajaban con sus padres y menores alcanzados por disparos que no estaban dirigidos contra ellos.

Juan Alejandro tenía solamente un año y cuatro meses. Su nombre es ahora parte de una estadística que nunca debió existir.




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