Por Redacción
El ataque armado en Teotihuacán dio este martes un giro todavía más inquietante: la difusión de un video grabado por personas sometidas dentro de la zona arqueológica mostró que no se trató únicamente de una balacera, sino de un episodio de control, amenaza y terror contra visitantes. En la grabación se escucha al agresor lanzar la frase “¡Si os movéis, os sacrifico!”, mientras mantenía bajo amenaza a turistas en la Pirámide de la Luna. El peroódico El Universal reportó que verificó la autenticidad del video con dos fuentes, mientras Proceso e Infobae retomaron el contenido como una pieza clave para reconstruir la dimensión del ataque.
Hasta ahora, lo reportado por medios nacionales e internacionales apunta a que el agresor fue Julio César Jasso Ramírez, de 27 años, quien abrió fuego el 20 de abril de 2026 en la zona arqueológica de Teotihuacán. El saldo confirmado por reportes coincidentes fue de una turista canadiense asesinada y 13 personas lesionadas. El País y Reuters coinciden en que el hecho rompió con la imagen de un sitio históricamente asociado al turismo cultural y lo convirtió, por unas horas, en una escena de terror con repercusión global.
El nuevo video resulta particularmente relevante porque fortalece la versión de testigos que desde el lunes habían advertido que el atacante no solo disparaba desde lo alto, sino que además mantenía a personas bajo sometimiento. Esa línea ya había sido recogida por reportes periodísticos que hablaban de “rehenes” y de visitantes obligados a permanecer inmóviles en medio del caos. El material audiovisual, por tanto, no solo añade crudeza al caso: también desmonta cualquier intento de reducirlo a un simple episodio aislado sin implicaciones más profundas sobre la seguridad del sitio.
En paralelo, la investigación comenzó a perfilar el trasfondo ideológico y personal del agresor. Se eportó que el atacante mostraba afinidad con la matanza de Columbine, además de haber emitido expresiones xenófobas y misóginas durante el atentado. Esa dimensión empuja el caso más allá de la nota roja convencional: abre la discusión sobre radicalización violenta, consumo de propaganda extremista y la fragilidad de los mecanismos de prevención frente a perfiles que pueden convertir espacios públicos en escenarios de escenificación criminal.
La presidenta Claudia Sheinbaum abordó el tema en la mañanera de este 21 de abril y cuestionó cómo fue posible que alguien ingresara armado a una de las zonas arqueológicas más emblemáticas del país y anunció el reforzamiento de la seguridad en sitios arqueológicos y la revisión de protocolos para impedir el ingreso de armas, con vigilancia reforzada y controles de acceso más estrictos. También se informó que seis personas ya habían sido dadas de alta y siete continuaban hospitalizadas, aunque fuera de peligro.
Las reacciones internacionales no tardaron, el embajador de Estados Unidos ofreció apoyo a México tras conocerse que entre las víctimas había ciudadanos estadounidenses, mientras también se documentaron alertas y llamados de cautela ante el impacto del ataque en uno de los destinos turísticos más visitados del país. El componente internacional agrava el costo político del caso: la violencia ya no solo golpea la percepción interna de seguridad, sino también la imagen exterior de México en un momento especialmente sensible.
Y ahí está el punto más delicado: el atentado ocurre a 50 días del arranque del Mundial de 2026, con México como uno de los tres países anfitriones. En ese contexto, el video de los rehenes no solo documenta el horror vivido en Teotihuacán; también expone la distancia entre el discurso de control institucional y la vulnerabilidad real de espacios emblemáticos. El problema ya no es únicamente cómo reaccionó la autoridad una vez iniciada la emergencia, sino cómo un agresor logró entrar armado, someter visitantes y convertir un símbolo del patrimonio nacional en vitrina internacional de miedo.