Deprimera Internacional | Por Eduardo Rivadeneyra Núñez
Primero, el presidente de los Estados Unidos de América, Donald J. Trump, y un par de días después, el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, acudieron a Beijing a presentar sus respetos al máximo líder chino, Xi Jinping, cuyo cargo oficial es secretario general del Partido Comunista de China, con lo que se consolida la versión de que el orden mundial ahora se organiza como una ‘tripolaridad’, concepto que no existe en la geometría, pero recordemos que la política es el arte de lo posible.
Los protocolos diplomáticos se cumplieron de igual manera para la recepción de ambos líderes, aunque hubo pequeñas diferencias en el trato, así como en los resultados.
El presidente Trump, cuyo país sigue siendo la indiscutible primera potencia en lo militar y lo económico, expresó en su discurso inicial el respeto y admiración que siente por el líder chino, quien, por su parte, mostró sus conocimientos de historia occidental al expresar al mandatario estadounidense su esperanza de que ambos países no caigan en la “Trampa de Tucídides”.
Tucídides fue un historiador griego que detalló y analizó la Guerra del Peloponeso, cuando la primera potencia, Esparta, comenzó a ponerse nerviosa por el crecimiento de la segunda fuerza, Atenas, que amenazaba con subir al primer puesto, además de que su gobierno era distinto y su cultura daba preferencia a otros valores.
Esparta, con un gobierno monárquico y una cultura que favorecía los valores militares y la cultura física, decidió no esperar a que su contrincante se fortaleciera más y atacó a Atenas, que tenía el primer gobierno democrático y favorecía la filosofía y las artes.
Las otras ciudades griegas tomaron partido y se formaron dos alianzas: la Liga del Peloponeso, liderada por Esparta, y la Liga de Delos, encabezada por Atenas. La guerra tuvo tres fases y, en total, duró 27 años.
La guerra terminó con la rendición de Atenas. Sin embargo, los costos para Esparta fueron tan altos que, a la larga, entró en decadencia y jamás se recuperó. Atenas tampoco logró recuperarse del todo, pero subsistió; sus valores aún forman parte de la cultura occidental y su nombre sigue siendo el de la capital de Grecia.
Al final del encuentro no hubo grandes anuncios sobre futuros acuerdos. Al regresar a su país, el presidente Trump respondió a preguntas que le hicieron los reporteros sobre la isla de Taiwán y comentó que, en realidad, es una isla china, que se encuentra a sólo 39 millas de distancia y, además, se apoderó de la industria de chips que debería estar en Estados Unidos.
Un par de días después, al recibir al presidente de Rusia, el líder chino lo recibió llamándolo “querido amigo”, y ambos, en sus discursos, hicieron mención a la larga amistad que une a los dos países. Xi aseguró que la amistad entre China y Rusia es como una fuerza de “calma en medio del caos” y expresó sus deseos de que ambos países puedan unir esfuerzos para lograr un mundo más justo y equitativo.
Las conversaciones entre ambos incluyeron reforzar su alianza militar, incrementar su intercambio comercial, incluyendo acuerdos energéticos, y fortalecer sus intercambios tanto académicos como culturales para que sus pueblos se comprendan mejor.
Hasta donde se puede ver, en estos encuentros se estableció que el nuevo orden mundial estará basado en una tripolaridad. No trascendió que en las reuniones alguien hablara de India ni de los BRICS. Lo más significativo, sin embargo, es que no hubo mención alguna a las antiguas potencias europeas que durante siglos colonizaron al resto del mundo y ahora parecen haber caído en el olvido.