MAZATLÁN: ENTRE LICENCIAS Y LA REALIDAD DE LA VIOLENCIA
lunes, 3 de agosto de 2026
 MAZATLÁN: ENTRE LICENCIAS Y LA REALIDAD DE LA VIOLENCIA

Las declaraciones de la alcaldesa sustituta Minerva Osuna sobre su desconocimiento de la situación de seguridad al momento de ser elegida reavivaron la discusión pública en un momento en que Mazatlán registra un aumento en la percepción de inseguridad, cientos de desapariciones, ataques armados y afectaciones al turismo, la inversión y el empleo, evidenciando la distancia entre el discurso oficial y la realidad que vive el puerto.

Por David Fuentes M.


Cuando Minerva Osuna Zavala asumió la presidencia municipal de Mazatlán, la primera pregunta que le hicieron los reporteros fue sobre los problemas de violencia e inseguridad por los que atraviesa la ciudad. 


Su respuesta sorprendió a todos: admitió que desconocía cuáles eran esos problemas y aseguró que al día siguiente se pondría “a estudiar” para conocer la situación.


Horas después agregó que no tenía datos sobre la inseguridad y que sería hasta reunirse con la Mesa de Paz cuando tendría información sobre las estadísticas de Io que sucedía en el puerto.


Minerva Osuna Zavala se desempeñaba como Síndico Procuradora, siendo éste su primer encargo gubernamental, anteriormente tenía más de dos décadas en el ámbito académico y profesional de la arquitectura.


Estrella Palacios Domínguez había solicitado licencia para separarse del cargo y competir por la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación de Morena, paso previo a la definición de la candidatura a la gubernatura de Sinaloa en 2027.


Mientras la presidenta municipal emprendía su proyecto político, el gobierno de uno de los municipios más importantes del estado quedaba en manos de una funcionaria que reconocía públicamente no conocer el panorama de seguridad que enfrentaba la ciudad.


Las declaraciones se convirtieron rápidamente en motivo de debate. Sin embargo, mientras la discusión se concentraba en las palabras de la alcaldesa sustituta, la violencia continuaba acumulando víctimas.


Días después, Osuna Zavala sostuvo que no observaba una disminución en la llegada de turistas y afirmó que la ocupación hotelera se mantenía en buenos niveles. Incluso consideró que algunos medios de comunicación exageraban la dimensión de la violencia registrada en el puerto.


Sus declaraciones ocurrieron después de varios hechos de alto impacto, entre ellos una incursión armada en una clínica privada que dejó una trabajadora asesinada y otra persona lesionada, además de diversos ataques armados ocurridos en distintos puntos de la ciudad y los numerosos casos de turistas desaparecidos.


LA VIOLENCIA SE SIENTE EN EL PUERTO


La percepción ciudadana con respecto a la inseguridad en Mazatlán es contundente: de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI, el porcentaje de habitantes de Mazatlán que se sienten inseguros pasó de 67.7 por ciento en diciembre de 2024, a 80.4 por ciento un año después, ubicando al municipio entre las ciudades con mayor percepción de inseguridad del país.


El deterioro de la seguridad también comenzó a reflejarse en la actividad económica. Empresarios del puerto advierten que la violencia ya dejó de ser únicamente un problema de orden público para convertirse en un obstáculo para el desarrollo económico.


La Cámara Nacional de la Industria de la Transformación señaló que la inseguridad afecta diariamente al turismo, al comercio, al desarrollo inmobiliario y a los proyectos industriales que buscan instalarse en Mazatlán. Incluso se dio a conocer que cinco parques industriales proyectados para atraer inversión permanecen rezagados debido al clima de incertidumbre.


La Cámara Nacional de Comercio coincide en ese diagnóstico. Su dirigencia reconoce que continúan cerrando negocios y perdiéndose empleos, aunque algunos nuevos establecimientos intentan mantener la actividad económica.


Entre enero y mayo de este año, Sinaloa perdió alrededor de 35 mil empleos formales, mientras los comerciantes sostienen que la recuperación económica sigue dependiendo, en buena medida, de que la violencia disminuya.


EL CASO MÁS GRAVE


Pero quizá ninguna estadística refleja con tanta claridad la transformación que vive Mazatlán como las desapariciones.


En 2025 se denunciaron 478 desapariciones en el municipio, convirtiéndolo en la tercera localidad de Sinaloa con más casos. La cifra incluye habitantes del puerto, visitantes nacionales y turistas que llegaron para vacacionar y nunca regresaron a sus hogares.


Entre los expedientes más conocidos está el de Carlos Emilio Galván Valenzuela, un joven de Durango que desapareció tras ingresar al baño de un centro nocturno de la Zona Dorada mientras celebraba su cumpleaños con familiares.


También permanece el caso de cuatro visitantes originarios del Valle de México privados de la libertad en la zona de Cerritos, así como el de José Isaías García Rosey, un joven queretano cuyo cuerpo fue localizado meses después de haber desaparecido cuando regresaba de unas vacaciones en Mazatlán.


A ellos se suman decenas de jóvenes locales que continúan siendo buscados por sus familias y cuyos rostros aparecen diariamente en las fichas de búsqueda difundidas por colectivos ciudadanos.


La propia Comisión Estatal de Búsqueda emitió recientemente fichas para localizar a Cristian Yahir Gabriel Valdés y Kevin Adán Grajeda Virgen, ambos de 22 años, desaparecidos durante julio en el puerto.


Al mismo tiempo, gobiernos como el de Estados Unidos y el Reino Unido mantienen advertencias para evitar viajes no esenciales hacia distintas zonas del estado debido a la persistencia de la violencia.


LA NARRATIVA DE “TODO BIEN”


Paradójicamente, mientras la alcaldesa provisional insistía en que el turismo seguía llegando y atribuía parte de la percepción de inseguridad a la cobertura mediática, el propio Ayuntamiento reconocía otro problema: numerosas cámaras del sistema de videovigilancia C4 permanecían fuera de servicio tras haber sido vandalizadas y necesitaban ser sustituidas para fortalecer la vigilancia en la ciudad.


Mazatlán continúa siendo uno de los principales destinos turísticos del país, pero también un municipio marcado por desapariciones, homicidios, ataques armados y una economía que intenta sostenerse en medio de la incertidumbre.

 


 

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