ENCUESTAS SEÑALAN A SINALOA COMO EL PEOR ESTADO PARA VIVIR
domingo, 30 de agosto de 2026
 ENCUESTAS SEÑALAN A SINALOA COMO EL PEOR ESTADO PARA VIVIR


Una encuesta de Arias Consultores sobre los mejores y peores lugares para vivir en México colocó a Sinaloa en el primer sitio entre los estados considerados menos favorables para vivir.

 

Por David Fuentes M.

 

Con 25.3 por ciento de las menciones, porcentaje muy por encima del Estado de México que obtuvo 10.7 por ciento, y Michoacán, con 9.4 por ciento, Sinaloa es considerado como la peor entidad para vivir dentro de la República Mexicana, de acuerdo con una encuesta publicada recientemente por Arias Consultores.

 

En el extremo contrario aparecen los estados Yucatán, Querétaro y la Ciudad de México entre los estados mejor evaluados por sus niveles de seguridad, servicios públicos, lugares de esparcimiento y crecimiento económico.

 

El resultado ocurre en medio de una prolongada crisis de seguridad que ha transformado por completo la vida cotidiana de los sinaloenses y que, en Culiacán, tiene su expresión más dramática.

 

La guerra entre las facciones del Cártel de Sinaloa iniciada en septiembre de 2024 no solamente ha dejado homicidios, desapariciones, enfrentamientos y robos de vehículos: también ha golpeado el empleo, provocado el cierre de negocios, reducido la actividad económica y aumentado la desconfianza de los ciudadanos hacia las instituciones.

 

ENCUESTAS QUE SE COMPLEMENTAN

 

La encuesta de Arias Consultores encuentra un punto de coincidencia con otro indicador elaborado por el INEGI. De acuerdo con la más reciente Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), Culiacán se convirtió en la segunda ciudad con mayor percepción de inseguridad del país: 90.8 por ciento de sus habitantes considera inseguro vivir en la capital sinaloense. Solamente Irapuato, Guanajuato, presenta un porcentaje superior, con 91.2 por ciento.

 

El problema tampoco está limitado a Culiacán. En Mazatlán, la percepción de inseguridad alcanzó 78.4 por ciento en junio de 2026, mientras que Los Mochis registró uno de los mayores incrementos del país: pasó de 21.1 a 31.2 por ciento entre marzo y junio. En Culiacán, además, apenas el 22.7 por ciento de la población considera eficientes a las corporaciones policiacas encargadas de enfrentar a la delincuencia.

 

La percepción tiene como telón de fondo una violencia que se mantiene después de casi dos años de confrontación. Durante el primer semestre de 2026, la Fiscalía General del Estado contabilizó 640 homicidios dolosos. A ellos se suman las desapariciones, los robos de vehículos y otros delitos vinculados con un conflicto que se intensificó después de la captura de Ismael El Mayo Zambada y la posterior ruptura entre las facciones de Los Chapitos y Los Mayos.

 

El despliegue de fuerzas federales tampoco ha conseguido devolver la sensación de tranquilidad. Militares y elementos de la Guardia Nacional forman parte del paisaje cotidiano de Culiacán: recorren las calles, instalan retenes, patrullan colonias, a pesar de lo cual, se mantiene la confrontación entre facciones criminales que sigue enlutando a las familias sinaloenses.

 

Pero la crisis ya no puede medirse solamente por los delitos. Sus consecuencias alcanzaron la economía.

 

EL GOLPE A LOS NEGOCIOS

 

El Consejo Sinaloense de Empresarios (CSE) advirtió recientemente que el estado acumula un daño significativo en su base empresarial y laboral. Entre junio de 2024 y junio de 2026 desaparecieron cuatro mil 812 registros patronales ante el IMSS, una reducción de 11.2 por ciento. Durante el mismo periodo se perdieron 17 mil 871 empleos formales y el INEGI registró 59 mil 714 personas menos ocupadas en Sinaloa.

 

Para el organismo empresarial, aun cuando algunos indicadores delictivos disminuyeron frente a los niveles extraordinariamente altos de 2025, Sinaloa permanece lejos de las condiciones existentes antes de la crisis.

 

El CSE sostiene que las consecuencias ya son visibles en familias y comunidades: personas asesinadas y desaparecidas, pérdida de patrimonio, negocios cerrados, empleos perdidos, desplazamiento, migración forzada, extorsiones, robos y un deterioro de la confianza en las instituciones.

 

La situación llevó al organismo a solicitar una Declaratoria de Emergencia Económica para Sinaloa, acompañada de créditos, apoyos, facilidades fiscales y esquemas especiales de pago para las micro, pequeñas y medianas empresas. También reclamó medidas extraordinarias del SAT, la CFE y el IMSS y pidió que la presencia de fuerzas federales produzca resultados verificables para la población.

 

El turismo también resultó afectado: durante 2025 Mazatlán perdió 132 mil 609 pasajeros y Culiacán 77 mil 672, mientras que en los primeros cinco meses de 2026 ambas ciudades continuaron registrando reducciones en el flujo de pasajeros.

 

La inseguridad condiciona así decisiones que anteriormente formaban parte de la normalidad: abrir un negocio, mantener determinados horarios comerciales, invertir, salir de noche o simplemente desplazarse por la ciudad. Comerciantes reducen horarios, empresarios frenan proyectos y algunas familias han optado por abandonar la entidad en busca de mejores condiciones de vida.

 

EL SENTIR CIUDADANO

 

Encuestas realizadas por medios locales muestran una aparente contradicción: muchos culichis mantienen un fuerte orgullo por su ciudad y por su identidad sinaloense, pero al mismo tiempo no recomendarían a otra persona establecerse en la capital del estado. El motivo que se repite es la inseguridad.

 

“No queremos traer a alguien más a sufrir lo que estamos sufriendo”, respondió un empresario jubilado de 66 años, cuando durante la encuesta local se le preguntó si recomendaría Culiacán para vivir. Otros entrevistados contestaron simplemente que no, mientras algunos reconocieron que tomar esa decisión resulta “muy difícil”.

 

La delincuencia aparece también como el principal obstáculo para el desarrollo de la ciudad y el temor de convertirse en víctima de un delito es recurrente entre los entrevistados. Al mismo tiempo, las mismas personas encuestadas se dicen orgullosas de ser sinaloenses y destacan el carácter trabajador, solidario y alegre de sus habitantes.

 

Ese contraste ayuda a explicar el resultado de las encuestas. No se trata necesariamente de un rechazo hacia Sinaloa por parte de quienes viven ahí, sino de una evaluación marcada por las condiciones actuales. La identidad permanece, pero la percepción sobre la calidad de vida se ha deteriorado.

 

Casi dos años después del comienzo de la guerra entre las facciones del Cártel de Sinaloa, sus efectos han dejado de limitarse a los enfrentamientos entre grupos criminales. La crisis alcanza ahora la seguridad, la economía, el empleo, las empresas, la confianza institucional y las rutinas más elementales de la población.

 

La encuesta que coloca a Sinaloa como el peor estado para vivir es una medición distinta a la ENSU y no mide específicamente incidencia delictiva. Sin embargo, sus resultados aparecen en un contexto en el que nueve de cada diez habitantes de Culiacán dicen sentirse inseguros, miles de empleos y registros patronales se han perdido y los propios ciudadanos reconocen que, pese al orgullo que sienten por su tierra, hoy tienen dificultades para recomendarla como un lugar para vivir.

 

 


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