Deprimera Internacional | Eduardo Rivadeneyra Núñez
Cada día se escuchan con más intensidad los comentarios sobre una posible incursión de fuerzas estadounidenses a México. También aumentan constantemente las advertencias de funcionarios de Washington que se refieren a la necesidad de atacar a los carteles que hay en nuestro país en presunto contubernio con distintos niveles de gobierno.
Sea que suceda o no, es útil considerar algunos escenarios que podría tomar esta incursión o invasión y cómo podría afectar nuestra vida diaria. Con base en la experiencia histórica podríamos considerar un escenario de guerra total como ocurrió en 1847, o bien alguna intervención local focalizada como a principios del Siglo XX en Veracruz o en Chihuahua.
Ante la disparidad en poder militar, un escenario de guerra total significaría un desastre para nuestro país, con tropas enemigas ingresando por tierra en varios puntos de la frontera norte, tal vez en todas las ciudades de la zona. Difícilmente se podría hacer frente a la invasión ya que no contamos con tanques, ni uno sólo, y nuestros vehículos blindados artillados parecen ser más útiles para reprimir a la población civil que para hacer frente al Ejército de Estados Unidos.
La desigualdad entre ambas fuerzas también resulta evidente en el número de combatientes con que cuentan ambas naciones. Mientras Estados Unidos tiene un millón 328 mil elementos militares, México tiene apenas unos 371 mil.
Numerosos hombres en armas participarían en desembarcos en los principales puertos de ambos litorales, donde poco podría realizar las patrullas costeras de la armada mexicana que no cuenta con portaviones, ni acorazados, cruceros ni submarinos. El barco de guerra más moderno y mejor equipado de México en el ARM Juárez, que una patrulla oceánica de largo alcance.
Seguramente habría ataques de la Fuerza Aérea apoyando las incursiones a lo largo de la frontera y también los desembarcos en las costas nacionales, además de que se verían bombardeos en ciudades del centro del país, con paracaidistas lanzándose para apoderarse de puntos o instalaciones estratégicas.
Para hacer frente a la guerra en el aire, México cuenta con una flota de 12 cazas supersónicos Northrop F – 5. Sin embargo, debido a que fueron adquiridos en la década de 1980 y a las restricciones para su mantenimiento debido a su antigüedad, se estima que sólo entre tres y ocho de estos aparatos se encuentran en condiciones operativas.
Por más que quisiéramos invertir en las modernización y crecimiento de nuestras fuerzas armadas, nunca tendremos la cantidad de recursos necesarios para estar en condiciones de enfrentar como iguales a Estados Unidos.
Además, las condiciones que una guerra total generaría para nuestra población serían casi inaguantables. La suspensión de labores escolares y actividades en general. Salir a la calle con el peligro de balas y proyectiles. Incluso las molestias más sencillas, como el momento en que nos demos cuenta de que no hay servicios bancarios y no podemos sacar dinero de los cajeros automáticos, nos dejarían inmovilizados.
Los escenarios de intervenciones focalizadas se podrían sobrellevar mejor y dejar que de pronto lleguen las tropas a llevarse a algún funcionario como ocurrió con el presidente Nicolás Maduro de Venezuela y entonces voltear para otro lado cuando arresten a, por ejemplo, algún gobernador con licencia en algún estado de la costa del Pacífico.