Vuelven los secuestros de pasajeros de autobuses
Publicado el: 28/03/2019 03:02:31 p.m. en
Vuelven los secuestros de pasajeros de autobuses
 

 

Como en los peores años del calderonismo, un nuevo secuestro masivo de pasajeros a bordo de un autobús en una carretera de Tamaulipas puso en evidencia la impunidad con la que actúan las organizaciones criminales que incluyen entre sus fuentes de ingresos no solo la venta de droga y el robo de combustible sino también el secuestro de civiles, la extorsión y el cobro de piso.

 

 

 

Por Redacción / De Primera Noticias.

 

 

 

El jueves 7 de marzo, a las 6.30 horas, un autobús de la línea Transpaís con 9 pasajeros a bordo salió de la Central de Autobuses de Tampico con destino final a Reynosa, Tamaulipas.

 

 

En el trayecto, de más de ocho horas, el autobús con el número económico 9596 se detuvo en varios municipios, entre ellos Aldama, Soto la Marina y Altamira, donde unos pasajeros bajaron y otros subieron.

 

 

Eran las 12.55 horas horas cuando en el kilómetro 79 de la carretera San Fernando-Reynosa, a la altura del ejido Palo Blanco, cuatro camionetas con sujetos armados y encapuchados interceptaron al autobús y le cerraron el paso. Dos se colocaron al costado izquierdo y otras dos al frente.

 

 

En ese momento viajaban 41 pasajeros.

 

 

Los sujetos armados amagaron al conductor para que abriera la puerta, subieron al autobús y recorrieron el pasillo para revisar a todas las personas a bordo. Del total de pasajeros seleccionaron a 22 hombres jóvenes que al parecer eran migrantes centroamericanos que buscaban llegar a la frontera norte.  

 

 

Bajo amenazas los obligaron a descender, los subieron a las camionetas y se los llevaron con rumbo desconocido. Los pasajeros que quedaron en el autobús entraron en crisis nerviosa. El chofer aguardó unos minutos a que las camionetas se perdieran en el camino para volver a poner en marcha la unidad.

 

 

A las 14 horas llegó a la Terminal de Autobuses de Reynosa con solo 19 pasajeros. Los operadores de la unidad, José Ángel “N” y Carlos Edgardo “N” dieron aviso a sus jefes, quienes comunicaron el hecho a la Fiscalía General de la República por tratarse de un delito cometido en una carretera federal.

 

 

El vocero del Gabinete de Seguridad, Luis Alberto Rodríguez,  informó que hasta la tarde de este lunes no se había presentado ninguna denuncia de los familiares de las personas secuestras, por lo que todo parece indicar que en efecto se trataría de migrantes.

 

 

“No hay denuncias, no hay familiares que estén reclamando a estas personas. Precisamente por eso suponemos que se trata de un tema de migrantes”, indicó. “Se tiene detectado que es una mecánica que está siendo utilizada en otros estados como Chihuahua, donde también se presentó un caso similar: van sobre un determinado autobús y bajan a personas en específico”.

 

 

La empresa de transporte confirmó el secuestro en un comunicado de prensa y pidió a las autoridades ofrecer mayor seguridad en las carreteras de la región: “Informamos del lamentable hecho suscitado en uno de nuestros servicios, en el cual una unidad fue víctima de la inseguridad, hecho que fue informado a las autoridades correspondientes de forma inmediata y de acuerdo a los procedimientos de denuncia requeridos”.

 

 

Este secuestro masivo de probables migrantes se da luego de varios años en que no se reportaba ningún evento de esta naturaleza en las carreteras del noreste del país. El último que trascendió a los medios ocurrió en febrero de 2017, cuando 11 migrantes que se dirigían a la frontera fueron bajados a la fuerza de un autobús por un grupo criminal que les informó que tenían que pagar para poder continuar su camino.

 

 

Los migrantes de nacionalidad cubana se negaron a dar más dinero porque ya habían pagado una cuota de mil 400 dólares kilómetros atrás a otro grupo. Los subieron a una camioneta y estuvieron desaparecidos durante una semana hasta que, gracias a las negociaciones que se hicieron entre los secuestradores y una organización que ayuda a los inmigrantes cubanos en Estados Unidos, fueron liberados.

 

 

Reportes similares, tanto de connacionales como de extranjeros, se habían documentado desde el año 2008 en las carreteras de Tamaulipas, Veracruz, Coahuila y Nuevo León, sobre todo en horas de la noche y en carreteras aisladas bordeadas por brechas.  

 

 

La dinámica era casi siempre la misma: los autobuses que circulaban eran detenidos por sujetos armados que subían a la unidad, les pedían documentos a los pasajeros y aquellos que no eran mexicanos eran obligados a bajar. En otros casos, no importaba la nacionalidad, simplemente escogían a los más jóvenes, aquellos que podían ser útiles a la organización, y los bajaban a punta de pistola.

 

 

Ya en la orilla de la carretera les informaban que estaban secuestrados y que tenían dos opciones: o les llamaban a sus familiares en Estados Unidos para que pagaran por su liberación a través de un depósito bancario, o se integraban a las filas del cártel en cuestión para trabajar como sicarios.

 

 

Los que no podían pagar por un rescate se resistían a integrarse al grupo: eran trabajadores, maestros, comerciantes que de un momento a otro se veían en una terrible disyuntiva entre salvar su vida o volverse sicarios. Muchos no aceptaban y eran asesinados en el momento. Luego sus cuerpos eran enterrados en fosas clandestinas que con el paso de los años fueron apareciendo en decenas de municipios como San Fernando.

 

 

Lo mismo pasaba con los migrantes centro y sudamericanos que, a su paso por México para llegar a Estados Unidos, eran extorsionados tanto por autoridades locales como por grupos criminales. A los migrantes se los llevaban a casas de seguridad, les pedían teléfonos de sus familiares en Estados Unidos, luego llamaban e informaban del secuestro, pedían cantidades que oscilaban entre los 3000 y 5000 mil dólares para dejarlos libres.

 

 

Muchos no contaban con familia del otro lado. Habían huido de la violencia en Centroamérica con apenas lo indispensable para sobrevivir durante los meses del trayecto, viajando en el tren de la Bestia, durmiendo en Casas de Migrantes y comiendo lo poco que conseguían pidiendo una moneda en la calle.

 

 

Para ellos no había ningún tipo de compasión. Ni siquiera merecieron una bala en la cabeza: los mataban a golpes. Luego eran enterrados en fosas –muchas de las cuales ellos mismos cavaron antes de que empezara la golpiza- y cubiertos con tierra.

 

 

De acuerdo con documentos de la National Security Archive (NSA por sus siglas en inglés) dados a conocer por la agencia Apro, los gobiernos de Tomás Yarrington Ruvalcaba y Eugenio Hernández (el primero actualmente preso en Texas y el segundo en el Altiplano) acusados de lavar dinero para los zetas y el Cártel del Golfo, estaban al tanto de lo que sucedía en las carreteras del estado mucho antes de que ocurriera la masacre contra los 72 migrantes de San Fernando, en agosto de 2010, y no hicieron nada.

 

 

De acuerdo con informes de la División de Seguridad Regional de la Policía Federal, las carreteras más peligrosas de México por el número de carpetas de investigación abiertas por diversos delitos son la México-Puebla, la México-Pachuca, la autopista México-Querétaro-Guanajuato, la Puebla-Córdoba, la San Luis Potosí-Matehuala y la Hidalgo-Tampico.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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