Un sicario en cada hijo te dio: niños y adolescentes en la delincuencia organizada
Publicado el: 26/10/2020 01:13:18 p.m. en
Un sicario en cada hijo te dio: niños y adolescentes en la delincuencia organizada
 

 

 

Parafraseando la estrofa solemne del himno nacional, las autoras de Un Sicario en Cada Hijo te Dio le dan un giro a la retórica heroica de los versos de González Bocanegra, para relatar la dura realidad de un país entregado al crimen organizado.

 

 

A través de los testimonios de seis adolescentes que desde niños formaron parte de la delincuencia, ya sea como narcomenudistas, sicarios, “cocineros” de los narcos, secuestradores o prostitutas, observamos una generación de mexicanos que ha crecido entre la violencia, la guerra, la desintegración familiar y comunitaria, y la indiferencia de un Estado hipócrita que elude su responsabilidad pero ha firmado todos los tratados internacionales de protección a la infancia.

 

 

¿Por qué contratar a menores de edad es más “rentable” para los criminales? ¿Puede un adolescente que ha matado, decapitado y descuartizado por encargo reinsertarse en la sociedad? ¿Cuáles son los factores de riesgo que vuelven vulnerables a los niños ante la oferta de la delincuencia organizada? ¿Por qué el gobierno mexicano no está cumpliendo su papel de garantizar los derechos humanos de los menores?

 

 

De Primera Noticias: ¿Cuáles son los principales factores de riesgo que encontraron en estos niños, niñas y adolescentes analizados en el libro para que cayeran en manos del crimen organizado?

 

 

Mercedes Llamas: El primer factor que encontramos es una marginación social muy fuerte. Desigualdad de oportunidades tanto para ellos como para sus familias. Estamos hablando de comunidades enteras que a veces no cuentan ni con los servicios básicos. Hay una constante violación de los derechos humanos de estos niños por parte del gobierno. Por ejemplo, encontramos el caso de Damián, un niño de 8 años que fue regalado por su madre a una señora que explotaba laboralmente a otros niños. Damián no tiene familia, no tiene educación, ni siquiera le habían puesto las vacunas que se le aplican a todo niño. No tenía una identidad, un acta de nacimiento, un nombre completo. Estos factores se unen a otros relacionados con la sociedad sumamente violenta en la que vivimos, una sociedad inmersa en el crimen organizado y el resultado es un niño de ocho años que, en lugar de tener un lápiz y una libreta, tiene una pistola en sus manos. Para que un niño pueda tomar esta “decisión” de unirse al crimen organizado se tienen que juntar todos estos factores de riesgo, además, el gobierno no tiene políticas públicas para atender a estos menores, por el contrario, se voltea hacia otro lado y hace como si no existiera el problema. Existe también falta de empatía por parte de la sociedad cuando es un problema que nos debe importar a todos los mexicanos. Entonces se reúnen todos estos factores y hacen que un niño como Damián, que una niña como Blanca, que un niño como Raúl, vean en la delincuencia organizada una opción para todas las carencias que tienen.

 

 

En el libro mencionan todas las responsabilidades no cumplidas por parte del Estado mexicano con los niños y adolescentes, aunque el Gobierno ha firmado toda clase de compromisos con organismos internacionales en materia de protección a la niñez.

 

 

México ha firmado todos los tratados internacionales que existen a favor de los niños. Incluye también en su legislación nacional la obligación de garantizar los derechos humanos de niñas, niños y adolescentes. Al pertenecer a la ONU, al pertenecer a todos estos organismos en protección de la Infancia, México tiene la obligación de velar por sus derechos humanos. Pero aquí hay un olvido evidente: aunque ahí están las leyes, en la práctica hay un olvido total de nuestros niños. Entonces encontramos casos de menores olvidados, sin educación, sin salud, ni siquiera con una alimentación básica. Muchas veces podemos pensar que esto tendría que dárselo su familia ¿no? Pero cuando una familia fracasa y no puede atender a un niño, el problema es del Estado y el Estado tiene que solucionar ese problema. ¿Por qué? Por todos los tratados internacionales que México ha firmado al respecto. Y porque es un derecho humano del niño tener una familia. Si tenemos a un niño en una familia disfuncional, el gobierno tiene la obligación de buscarle una familia adoptiva. Tenemos un vacío institucional muy fuerte. Un fracaso institucional. ¿Por qué el DIF que está creado para eso no puede mantener a un niño dentro de sus instalaciones y se les escapan? ¿por qué la escuela, que es otra institución, no logra mantener a este niño en clase? Entonces estamos hablando de un fracaso de la sociedad y del Gobierno porque si la familia no puede atender al menor en sus necesidades, el Estado tampoco lo ha sabido hacer.

 

 

Una de las políticas difundidas por el presidente López Obrador desde que era candidato es el asunto de la becas a los jóvenes bajo el slogan Estudiantes sí, sicarios no. ¿Qué opinión te merece esa política del gobierno actual?

 

 

Dentro de las políticas públicas esta es una medida asistencialista, y las medidas asistencialistas lo único que hacen es atacar el problema de manera temporal. No atacan el problema de raíz. Es lo que se dice en el argot común y corriente: en lugar de enseñarlo a pescar, le están dando el pescado. Este tipo de medidas no van a solucionar los conflictos porque, por ejemplo, muchas veces ese tipo de medidas expone a esas personas a ser explotadas por otras personas. Por ejemplo, cuando se les da ayuda a madres de familia o a madres solteras. Yo me di cuenta cuando estábamos estudiando el problema que al salir de los centros donde se les daban los apoyos, había personas que les quitaban el dinero o que las explotaban con ese dinero. Entonces el problema es una desigualdad de inicio, fuerte, arraigada, desigualdad tanto social, económica, de oportunidades, laboral, que si no se soluciona de raíz, entonces la medida asistencialista funcionará entre comillas uno o dos meses, pero posteriormente no va a dar resultados porque el sistema, la sociedad, también encuentra formas en las que se sabotean estas medidas. Se dan casos de adolescentes que son explotados por sus padres o que utilizan el dinero de otras formas y no solucionan el problema de raíz.

 

 

¿Por qué el crimen organizado prefiere reclutar a menores? ¿por qué los niños corren más riesgo de ser involucrados en la delincuencia organizada?

 

 

Lo primero es que los niños son sumamente maleables, es decir, un día los puedes convencer de una cosa y al día siguiente de lo contrario. Una de las formas de desensibilizarlos cuando se los llevan a la sierra para entrenarlos en el sicariato es que durante un mes les dan un perrito a los niños para que lo cuiden y, al final de ese mes, tienen que matarlo. Puede que un adulto no logre dar ese paso, pero un niño, al ser tan maleable, con su cerebro en pleno desarrollo, sí puede hacerlo. Hay una cosa que se llama racionalización de las conductas, es decir, el convencimiento de que lo que están haciendo es la única opción que tienen o que no es algo malo. Es mucho más fácil llegar a esta racionalización de la conducta cuando se es joven. Entonces, para la delincuencia organizada es mucho más sencillo y barato reclutar a menores. Les llaman niños desechables porque al final, en lugar de costarle a los criminales 100 mil pesos para que estén matando personas o vendiendo droga o lo que sea, les va a costar 20 mil, 30 mil pesos. En segundo lugar, es mucho más sencillo convencerlos de integrarse a sus filas. Y en tercer lugar, al ser niños y adolescentes que viven en tanta marginación social, que vienen de padres muertos o ausentes, nunca nadie los va a reclamar. Ahora bien, dentro de lo legal, nuestra ley señala que los menores de 14 años no pueden ser ingresados a un centro de internamiento. Entonces qué sucede: a la delincuencia organizada le conviene contratar a un niño de 12, 13 años, que al final va a jalar el gatillo igual que un adulto, pero que a él no lo van a poder internar, no va a tener ninguna consecuencia jurídica. En teoría, si este niño comete un delito a los 13 años, yo como gobierno tendría que darle seguimiento a él y a su familia, no lo podría dejar en ningún momento en la cuestión emocional, psicológica, educativa, tendría que estar yendo a la escuela, y la autoridad tendría que estarse haciendo cargo de eso. Evidentemente en México eso no sucede: llega el niño, tiene 13 años, no podemos hacer nada, que se vaya. Y entonces no existen estas medidas de externamiento de forma real. Sí existe en la ley, pero no de forma real. Sucede que lo sueltan y el niño sigue operando dentro de su red criminal. Y para los que están entre 14 y 16 años aplica una medida máxima de tres años de internamiento, y para los que están entre 16 y 18 una medida máxima de cinco años. Entonces nos damos cuenta de que las consecuencias jurídicas son mucho menores también y entonces el niño tiene mucho menos que perder que un adulto.

 

 

¿Cuál sería la diferencia que encontraron en los casos que analizaron entre los niños y niñas, entre los y las adolescentes, que son usados y explotados por la delincuencia organizada?

 

Algo de lo que nos dimos cuenta es que en México, y en gran parte del mundo, la criminalidad femenina es mucho menor a la masculina. Las tasas varían entre el 5 y el 6 por ciento. Nos hemos dado cuenta de que las adolescentes inician por una relación sentimental con un hombre. El novio o el papá es el que las mete en la delincuencia. Ya posteriormente, por lo general, tienen un rol sexual en la red criminal. Nosotros presentamos el caso de Blanca, una adolescente que tenía que lograr la detención de personas de bandas contrarias. Ella usaba sus dotes sexuales, los seducía, los drogaba o emborrachaba y luego los entregaba. Blanca también formó su propia red de prostitución al darse cuenta de que no necesitaba pertenecer a ningún grupo. A los 14 años ella ya manejaba una red de 50 mujeres que se anunciaban por Facebook. Ahora las mujeres que están en el crimen intentan comprobar que son iguales, que ellas pueden llegar a ser comandantes, que pueden llegar a ser igual de violentas que los demás. Entonces se dan estos dos aspectos: uno en el que ellas explotan su sexualidad o son explotadas en su sexualidad, y otro es la necesidad de demostrar que son iguales que los hombres y que pueden llegar a ser igual de violentas.

 

 

En casi todos los testimonios los niños dicen que les gustaban las narcoseries y las armas ¿Qué tanta responsabilidad en realidad se le puede atribuir a factores de la cultura popular como las series o los narcocorridos o toda esta parafernalia de la cultura de la narco en el involucramiento de los menores en actividades delictivas?  

 

 

Evidentemente es un factor de riesgo pero no es un factor único. Si un adolescente con todo lo demás cubierto, ve una narcoserie, no va a querer convertirse en un narcotraficante. Eso es algo importante que tendríamos que pensar. Dicen: ¡Es que la televisión! No. Es muy fácil lavarnos las manos y decir que la televisión o los medios de comunicación y la influencia de la cultura del narco son responsables. No es un factor único. Son múltiples factores de riesgo. Este factor de riesgo se tiene que unir a que el niño se encuentre en una desigualdad social, que no vaya a la escuela porque ya tuvo deserción escolar, que haya sido violentado sexualmente, que en su familia haya violencia física, etc.


 

 

¿Hay un estimado de cuántos niños y niñas en México están en la delincuencia?

 

 

De 35 mil a 45 mil niños. Creemos que ese dato es modesto. Evidentemente debe haber muchos más. Pero esa es la cifra oficial de niños que al día de hoy, octubre de 2020, están enrolados en la delincuencia organizada.

 

 

¿Es posible que un menor que haya sido involucrado en actos tan terribles como el asesinato, la decapitación o la tortura de personas pueda ser reinsertado en la sociedad y llegar a una vida adulta sana?

 

 

Nosotras creemos que sí se puede. Hemos trabajado con muchos adolescentes que son casos de éxito. El problema reside no tanto en el niño, porque es tan maleable para lo malo como para lo bueno. Si se le dan todos los seguimientos correctos, familiares, psicológicos, etcétera, va a poder tener esta maleabilidad en su cerebro de cambiar lo malo por lo bueno. Al final la reinserción social de un niño o un adolescente es mucho más sencilla que la de un adulto. El problema central reside en la sociedad, porque cuando él regresa a esa misma sociedad, se encuentra con las mismas amistades, con las mismas necesidades, con las mismas carencias, y aparte con el cártel encima que le dice vuelves a trabajar con nosotros o te mato o mato a tu familia, la reinserción se complica. Con un Estado fallido que no le puede dar seguridad al menor, la certeza de que si regresa no lo van a matar, el adolescente la tiene más difícil. Entonces creemos que a nivel individual sí se puede, un menor puede lograrlo, pero a nivel social es sumamente complejo porque regresa a lo mismo. Entonces hacemos un llamado a la autoridad de que tenemos que cambiar de raíz el problema, tenemos que lograr una reestructura del tejido social porque si no, este menor va a regresar a lo mismo.

 

 

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