Rafael Caro Quintero: la prioridad número uno de la DEA
Publicado el: 12/08/2019 12:04:40 p.m. en
Rafael Caro Quintero: la prioridad número uno de la DEA
 

 

Luego de que le dieran cadena perpetua a Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, en un juicio que ha sido calificado como el mero show de la justicia americana en la fracasada guerra contra las drogas, ahora la Drug Enforcement Administration (DEA) ha lanzado su operativo para localizar y detener a su nuevo objetivo prioritario: Rafael Caro Quintero, el ex líder del Cártel de Guadalajara acusado de asesinar al agente antidrogas Enrique Kiki Camarena en 1985. En por lo menos cuatro ocasiones, el capo oriundo de la comunidad de La Noria, Badiraguato, ha escapado a las redadas conjuntas de la Secretaría de Marina y de la DEA, ha salido a dar por lo menos dos entrevistas a medios nacionales y, por si fuera poco, ha conseguido pelear en la Suprema Corte de Justicia de la Nación el aplazamiento para revalidar la orden de extradición a la Corte Federal de Nueva York que pesa en su contra. Mientras tanto, una y otra vez, surgen rumores de su presencia en distintas partes de México y Centroamérica, sin que hasta el momento sea localizado.

 

 

Por Redacción De Primera Noticias

 

 

Ni Ismael Zambada García, El Mayo, ni Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, son los objetivos prioritarios de la Agencia Antidrogas estadounidense, ambos líderes del Cártel de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación, respectivamente, y considerados los dos más poderosos de este hemisferio del planeta.

 

 

En cambio, para Ray Donovan, agente especial y jefe a cargo de la oficina de Nueva York de la Administración para el Control del Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), el nuevo objetivo para ser llevado ante la justicia norteamericana es Rafael Caro Quintero, a quien debido a que no podían extraditarlo por el crimen de Camarena Salazar ni procesarlo por los delitos que cometió en los años ochenta, se le adjudicó una nueva orden de aprehensión con fines de extradición.

 

 

De acuerdo con información del Departamento de Justicia de Estados Unidos, diversos testigos colaboraron con la DEA para aportar información que incrimina a Caro Quintero en nuevas actividades de narcotráfico una vez que recuperó la libertad en agosto de 2013.

 

 

Estas supuestas pruebas con las que cuenta el gobierno gringo derivaron en la acusación CR-15-208 radicada en la Corte Federal de Brooklyn, en la misma donde se ventiló el juicio contra Guzmán Loera. Sin embargo, el mismo capo ha dicho que se trata de una mascarada de la DEA en venganza por el asesinato de Kiki Camarena, ya que él no ha vuelto al tráfico de drogas desde que un tribunal colegiado de Jalisco ordenó su libertad.

 

 

Ray Donovan, en una entrevista con la Agencia Francesa de Noticias, recordó que Caro Quintero es uno de los diez hombres más buscados por el Departamento de Justicia, por el cual el Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) ofrece una recompensa de 20 millones de dólares, uno de los montos más elevados por la captura de un presunto criminal.

 

 

“Hasta que Rafael Caro Quintero sea atrapado no vamos a parar. Es el número uno. Es nuestra prioridad. Para nosotros es personal. Si atrapamos al Chapo, ciertamente podemos capturar a RCQ”, ello porque Guzmán Loera “tenía muchos más recursos a su disposición” que Caro Quintero, indicó el agente especial.

 

 

Cuando se le preguntó si el viejo capo seguía traficando drogas, Donovan no quiso responder, pero aseguró que está escondido en México.

 

 

¿La captura del Chapo ha hecho avanzar la ‘guerra contra las drogas’ impulsada por Estados Unidos?, le preguntó la reportera a Donovan.

 

 

“En la DEA no vemos una guerra contra las drogas, vemos crímenes federales, están quebrando la ley, el código penal estadounidense. Pero en México es diferente, ahí las guerras son reales. Un cártel, una organización contra la otra, por la ruta hacia Estados Unidos”, respondió Donovan.

 

 

 

Los operativos contra el capo

 

 

 

Durante el juicio del Chapo, el agente de la DEA, Víctor Vázquez, quien estuvo en Sinaloa trabajando hombro a hombro con los marinos, reconoció que a partir de 2014 no solo intentaron atrapar a Guzmán Loera, sino que además realizaron operativos para capturar al Mayo Zambada y a Caro Quintero, sin tener éxito.

 

 

De hecho, el primer objetivo identificado fue Zambada García, cuando lograron ubicar su presencia en una finca en el valle de Culiacán, en la confluencia de la sindicatura de Costa Rica, El Salado y Quilá.

 

 

Fue el 13 de febrero de 2014, diez días antes de la caída del Chapo en los condominios Miramar del Malecón de Mazatlán, en que los agentes de la DEA (incluyendo a Velázquez) partieron de la base naval de la ciudad de La Paz, Baja California Sur, rumbo al valle de Culiacán, en donde irrumpieron durante la madrugada en un rancho que tenía una casona blanca.

 

 

En un video mostrado en la Corte, se observa cómo los marinos entran en medio de la oscuridad a la propiedad y revisan las habitaciones, la sala y la cocina sin encontrar a nadie. Velázquez contaría que solo estaba el velador del rancho, quien confirmó que Zambada había estado hasta una noche antes en el lugar.

 

 

El agente de la DEA indicaría al jurado que no invitaron a nadie de la Policía Federal, al considerarla una corporación corrupta. Además, ya en una ocasión le habían aportado información de la localización del Chapo en una residencia de Punta Ballena, en Los Cabos, y misteriosamente el capo recibió el chivatazo un día antes para escapar de regreso a sierra sinaloense.

 

 

A los días de la fallida redada contra El Mayo, en Culiacán se desató los feroces cateos a las casas del Chapo conectadas al drenaje pluvial. De una de ellas, ubicada en la colonia Guadalupe, Guzmán habría escapado por el túnel y cruzado por las colonias Jorge Almada, Centro Sinaloa hasta alcanzar el canal Recursos Hidráulicos. Según esto, iba acompañado del Cóndor, su secretario particular y de la exdiputada cosalteca Lucero Guadalupe Sánchez López.

 

 

Tras el arresto del Chapo en Mazatlán el 22 de febrero, la Marina y la DEA apuntaron su mira hacia las comunidades serranas. A principios de marzo, los pueblos de El Barrio de Guanajuato, La Noria y Babunica se vieron cercados por una decena de helicópteros artillados, patrullas navales, drones y hasta un avión de comunicación satelital, que sobrevoló por más de dos horas esta región de Badiraguato.

 

 

Los marinos esculcaron casa por casa, llevaban una lista y fotografías en una tablet, que mostraron a varios habitantes interrogados. Uno de ellos fue un primo de Caro Quintero, a quien torturaron hasta el cansancio para obligarlo a entregar el paradero del capo, en virtud del parentesco.

 

 

El primero y en ese momento comisario de Babunica, solo pudo confirmar que Caro Quintero había estado allí con ellos meses atrás, cuando salió en libertad debido a un error procesal. Indicó que vieron cuando la avioneta aterrizó detrás del cerro más alto parapetado frente a Babunica, en una terraza usada como pista clandestina. Enseguida lo vieron caminar por la calle principal del pueblo, saludando a la gente, y fue a ver la tumba de su primo Emilio Quintero Payán, levantada en un promontorio cerca del acceso principal.

 

 

“Ya no lo volvimos a ver después”, comentó un vecino del pueblo años más tarde.

 

 

Pero la Marina y la DEA no desistieron de este operativo fallido. Meses más tarde volvieron a ejecutar otra redada repitiendo las mismas coordenadas, y de nuevo los habitantes de estas comunidades reportaron abusos de parte de los infantes navales.

 

 

Un año más tarde, cuando la Marina arrestó en Pericos, Mocorito, a El Güero Payán, un capo oriundo de Las Juntas, un pueblecito más arriba de Babunica, de nueva cuenta los agentes del orden volvieron a implementar otra operación.

Esta vez “más arriba”. Allí en una casa de Los Placeres, por lo menos ocho marinos irrumpieron en la casa de una maestra y la golpearon por horas junto con su hija. Por fortuna no agredieron a su nieto, casi un bebé.

 

 

En esa ocasión, los marinos fueron directos: “Buscamos a Rafael Caro Quintero y ustedes saben dónde está”. Además, le achacaron a su hija ser amante del capo, y hasta fueron insidiosos al sugerir que su pequeño hijo era de Caro. Según los diversos testimonios recogidos en 2015, los marinos revisaron casa por casa, norias, huecos, paredes, desfondaron pisos en busca de escondrijos. Todo sin encontrar nada de nuevo.

 

 

La cacería contra Caro continuó hasta Tamazula, en donde desde un helicóptero atacaron a unos jóvenes en un Jeep y en unos razers. Un menor de edad murió, otro salió herido y cuatro más fueron arrestado bajo el cargo de portación de armas de fuego. Meses más tarde volvieron a Badiraguato, sin conseguir un dato concreto del paradero del hombre oriundo de La Noria. Parecía que se había borrado de la faz de la sierra.

 

 

La nueva acusación

 

 

Pero en ese tiempo, el Departamento de Justicia no tenía pruebas sólidas en contra del ex jefe del Cártel de Guadalajara. Un año más tarde, Alfredo Beltrán Guzmán, El Mochomito, se alza contra los Guzmán e intenta tomar el poblado de La Tuna. Un general brigadier, entonces, declara que el hijo de El Mochomo estaba aliado con Rafael Caro Quintero, y vinculó al capo como un nuevo liderazgo del Cártel de Sinaloa.

 

 

A partir de ahí se empezó a tejer una nueva narcomitología en la prensa, la cual señalaba a Caro de volver a recuperar todo su antiguo poderío de los mejores años de los ochenta, cuando sembraba los mejores plantíos de mariguana sin semilla en las áridas zonas de Chihuahua, Zacatecas y San Luis Potosí. Justo el fiscal de Chihuahua también reveló que Caro estaba de regreso al negocio y le atribuyó los conflictos de violencia en la zona limítrofe entre Sinaloa y ese estado, en pleno Triángulo Dorado.

 

 

Asediado mediáticamente, el capo salió en agosto de 2016 a dar una inaudita entrevista a la periodista mexicana Anabel Hernández, autora del libro Los Señores del Narco. En una choza perdida en la sierra madre occidental, Caro negó estar de nuevo en el tráfico de drogas, y dijo que vivía con el poco dinero que le había quedado después de estar casi 30 años en la cárcel. Acusó a la DEA de emprender una venganza todavía por el crimen de Camarena, y aseguró, como lo hizo en una misiva al presidente Enrique Peña Nieto, que él ya había pagado sus delitos con la sociedad.

 

 

“Yo ya pagué lo que debía”, dijo al referirse a los 28 años de prisión. Se dijo perseguido y no dormir nunca bien, incluso aseguró que hacía noche debajo de los árboles del monte.

 

 

Dos años después, en febrero de 2018, volvió a dar otra entrevista. En esta ocasión quería desvirtuar por lo menos a dos testigos que supone cuenta el Departamento de Justica: un amigo que le hacía mandados estando en la cárcel y su sobrino Sajid Quintero Navidad, El Cadete, quien se entregó a la DEA por Caléxico en noviembre de 2017.

 

 

“Lo que Sajid está contando son puras mentiras”, concluiría Caro.

 

 

La orden de extradición

 

 

El nuevo objetivo narco del gobierno estadounidense tiene dos frentes legales abiertos. El primero es la orden de reaprehensión ordenada por el Tribunal Colegiado de Jalisco que repuso el proceso una vez que pisó la calle. Con este mandamiento judicial, Caro Quintero sería obligado a cumplir con los 12 años de cárcel que le faltan de sentencia en México.

 

 

El segundo frente es la orden de extradición que todavía no resuelve la Corte de Justicia y que todavía está bajo aplazamiento, pero que de cualquier modo confirmará como válido. De acuerdo con el documento oficial, a Caro se le acusa de tráfico de drogas desde 1980 hasta enero de 2017.

 

 

En un informe de la DEA de octubre de 2017, se colocó a Rafael como uno de los líderes del Cártel de Sinaloa, bajo la égida del Mayo Zambada. Se le señala de encabezar una organización criminal que se dedica a la importación de heroína, cocaína, metanfetamina y mariguana a los Estados Unidos. De trasegar cocaína desde Centroamérica hasta México para internarla en territorio gringo y después de blanquear las ganancias usando diversos canales en México. Se indica que la estructura de su organización cuenta con numerosos miembros, incluyendo a grupos de sicarios que generan violencia en el país, entre otras actividades criminales aledañas al narcotráfico.

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