Qué ver este fin de semana: Tres anuncios por un crimen
Publicado el: 27/01/2018 06:34:56 p.m. en
Qué ver este fin de semana: Tres anuncios por un crimen
 

Por Sergio Ramos.

 

 

El tercer largometraje del cineasta y dramaturgo inglés Martin McDonagh es una tragicomedia sobre la venganza y el perdón. El director de In Bruges (2009) y Siete psicópatas y un perro (2012) explota en Tres anuncios para un crimen todas las cualidades de su cine: el humor negro, la violencia absurda y los giros en el argumento que llevan la trama hacia direcciones inesperadas.

 

En esta cinta, nominada a siete premios Oscar (entre ellas mejor película, mejor director y mejor actriz protagonista), McDonagh cuenta la historia de una mujer dura y resentida, Mildred Hayes (Frances McDormand con el Oscar en la mano), quien enojada porque la policía del condado de Ebbing, Missouri no ha atrapado al hombre que un año antes violó y asesinó a su hija, decide rentar tres anuncios espectaculares en la carretera para llamar la atención sobre su caso.




 


En los anuncios, uno leído después del otro, aparece la frase: “Violada mientras moría”, “¿Y todavía no hay arrestos?”, “¿Cómo es posible, jefe Willoughby?”. Los anuncios están dirigidos al jefe de la policía local (Woody Harrelson), un hombre atacado por un cáncer de páncreas que está acabando con su vida. El enojo de Mildred por la falta de justicia la vuelve indiferente a la propia tragedia personal de Willoughby, lo que genera la condena de la comunidad que se divide entre los que apoyan al jefe de la policía y los que permanecen del lado de la madre.

 

Esta división en la opinión de los habitantes del pequeño pueblo se convierte en una alegoría a gran escala de la sociedad americana dividida entre conservadores y liberales, entre progresistas y pueblerinos, con personajes que buscan trascender la mediocridad cultural de su entorno y otros que, orgullosos, enarbolan y defienden esos viejos prejuicios y costumbres de la América Profunda con toda la violencia de la que son capaces.

 


Vestida con un overol y un paliacate, con el rostro duro y deslavado, Mildred deberá sortear toda clase de recriminaciones (del cura del pueblo, de los amigos de su otro hijo, de los oficiales que apoyan a su jefe y hasta de su ex marido) para continuar adelante con su plan para presionar a la policía a que resuelva el crimen de una buena vez.

 

Sin embargo, esa determinación de Mildred se tambalea momentáneamente cuando, literalmente, el jefe Willoughby le escupe en la cara su propia enfermedad: durante un interrogatorio, de manera involuntaria el policía escupe sangre en el rostro de la madre, síntoma del avance ineludible de su enfermedad, lo que desfigura el rostro de la mujer y momentáneamente la acerca al dolor ajeno.

 

Son esos arcos dramáticos en los personajes los que hacen a la cinta de McDonagh un relato sobre las circunstancias humanas, despojándolos de los arquetipos iniciales que nos los presentaban como villanos o héroes para convertirlos en representantes de su propio dolor a cuestas. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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