Qué ver este fin de semana: Tercera Llamada
Publicado el: 10/09/2017 03:53:22 p.m. en
Qué ver este fin de semana: Tercera Llamada

 

Un grupo teatral se prepara para el montaje de Calígula, de Camus, entre boicoteos, peleas maritales, pleitos sindicales, crisis existenciales y todo lo que se acumule mientras su directora padece un bloqueo creativo a causa de su postura moral frente a la representación de la obra.

 

Sergio Ramos

 

Seis años después del estreno de su ópera prima, Quemas las naves (2009), el director Francisco Franco estrenó su segundo largometraje, Tercera Llamada, una película sobre las peripecias –épicas, cómicas, banales- de un grupo de teatro en su lucha por montar el Calígula, la obra de Albert Camus, puesta en escena que el mismo Franco montó en 1995.

 

El egresado del CUEC de la UNAM se había tardado en hacer una película sobre el mundo del teatro, un entorno que conoce perfectamente pues ha montado decenas de obras en todo el país y es uno de los directores de escena más reconocidos del teatro en México.

 

Sin embargo, si en su ópera primera eran notorios ciertos huecos en el montaje que se hacían más evidentes en esos espacios de silencio, en Tercera Llamada, Franco cubre cualquier “silencio incómodo” con una historia coral en donde siempre hay alguien hablando y haciendo cosas y donde la cámara de Erika Liceo (premio a la mejor fotografía en el Festival de Cine de Morelia por Quemar las naves) se mueve con fluidez y precisión entre camerinos y escenario saturados de primeros actores (Fernando Lujan, Silvia Pinal, Rebeca Jones, Ricardo Blume y Cecilia Suárez, entre otros) y cameos a cargo de Ana Claudia Talancón, Julieta Venegas, Julio Patán, Alejandra Bogue, Víctor Trujillo y Regina Orozco.

 

Sin embargo, pese a lo logrado de algunos gags –“¡Con este vestuario parezco Walter Mercado!”- quedan algunos evidentes huecos en el argumento que Franco lanza y a los que no les da continuidad: la deteriorada relación marital de la directora (Karina Gidi) con su marido celoso (Martín Altomaro) por el tiempo que le dedica al teatro; la crónica depresión de la madre (Julieta Egurrola) de la actriz principal de la puesta; la obsesión sexual de la vestuarista (Cecilia Suárez) por el tramoyista exstripper gigoló ocasional (Víctor García).

 

Franco comentó cuando la cinta se estrenó que esta era su “declaración de amor al teatro” y eso se nota. Después del caos que se arma tras bambalinas antes del estreno –por lucha de egos, por líos sindicales, por cuestiones de presupuesto- todos esos problemas quedan como meras mezquindades una vez que el telón se levanta y el reparto comienza a hacer lo único que quizá le sale bien en su vida: actuar. 

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