Nacho Lozano: Las campañas de prevención de adicciones están fincadas en mentiras
Publicado el: 23/08/2018 03:43:50 p.m. en
Nacho Lozano: Las campañas de prevención de adicciones están fincadas en mentiras
 

Por Sergio Ramos.

 

 

Alrededor de la marihuana se han construido muchos mitos que han demonizado su consumo a tal grado que todavía se considera un delito su posesión. A pesar de que Estados Unidos y Canadá, los principales socios comerciales de México, ya han legislado al respecto, en nuestro país apenas se está discutiendo sobre la conveniencia o no de legalizarla para consumo lúdico, aunque se supone que ya es legal para uso medicinal.

 

 

En su más reciente libro, Marihuana a la mexicana (Grijalbo, 2018), el periodista Nacho Lozano explora cómo se fueron gestando todos estos estigmas clasistas y racistas alrededor del cannabis. Desmontar esos falsos argumentos que hasta ahora han justificado la criminalización de su consumo ha sido una ardua tarea emprendida por académicos, activistas y padres de familia para que los políticos mexicanos legislen al respecto.

 


Háblanos de cómo empezó la guerra contra la marihuana con el primer zar antidrogas de Estados Unidos, Harry Anslinger, que fue no solo una lucha policiaca sino de propagan para sembrar pánico y lo que llamas construcción ideológica del prohibicionismo.

 

 

Nacho Lozano: El principal ingrediente de esta construcción es el miedo. Anslinger buscó generar miedo hacia esta droga. Y lo hizo bajo la bandera de para que la droga no llegue a nuestros hijos. Y ningún padre quiere que la droga llegue a sus hijos. Yo creo que ni tú ni yo ni nadie está a favor de que antes de los 21 años las personas comprometan su desarrollo físico y psicológico por el consumo de marihuana. Por otro lado, Anslinger empieza a desarrollar una serie de argumentos fincados no en la evidencia académica sino en mitos, en temores, en prejuicios para poder tener la fuerza y el respaldo social y enfrentar a la marihuana y sus consumidores. Mataba varios pájaros de un tiro: uno era enfrentar a los negros ya que él era un supremacista blanco, por ejemplo, ponía en la paleta de la discusión el caso de los jazzistas, quienes, entre otras drogas, consumían marihuana. Anslinger decía que el hecho de que fueran músicos que no respetaran las partituras, sino que improvisaran, era señal de su desfiguro psicológico. Los negros que consumen marihuana, decía, se creen capaces de seducir a nuestras mujeres blancas y les provoca bailar “raro”, con “tintes demoniacos” y eso no lo podemos permitir. Mucho menos podemos permitir que los mexicanos nos sigan robando los empleos y que sigan traficando con drogas. Entonces comienza a satanizarse el consumo de la marihuana. Se apoya en el cine de Hollywood financiando algunas películas donde los consumidores de marihuana aparecen caricaturizados y demonizados. El que fuma se vuelve un violador, comete delitos, se vuelve un monstruo verde, y eso ayuda a esta campaña contra los consumidores, a asustar a la sociedad estadounidense, y cuando esta sociedad está envuelta en miedo, y cree todos estos prejuicios, estas campañas con tinte racistas, supremacistas, clasistas, pues lo que hace es exigir que sean combatidos, que sean exterminados, y eso empieza a hacer Anslinger no solo a nivel nacional sino a nivel internacional.  

 

Pero en México la marihuana ya era vista desde antes como una droga de soldados y de presidiarios. También había una construcción social clasista sobre quienes consumían marihuana.

 

 

Efectivamente. Algunos personajes de la vida pública fueron señalados por eso. Cuando nos ruborizamos, cuando nos indignamos, cuando nos aterrorizamos por la discriminación, el clasismo y racismo que demuestra el gobierno de Donald Trump, tenemos que darnos cuenta de nuestra propia historia como discriminadores. Nosotros lo hemos sido, nosotros somos clasistas y hemos vuelto esa práctica parte de nuestra cultura, de nuestras conductas, por supuesto que hay muchas excepciones, pero sí, desde el siglo pasado el consumo de la marihuana ha sido relacionado con comunidades en situación de vulnerabilidad, con grupos a los que se les criticaba porque no podían acceder a una droga más fuerte y por ende mas cara, porque no podían pagar alcohol, y recurrían a la “apestosa”, a la marihuana que era una droga de pobres y que además te volvía criminal en el imaginario de la sociedad mexicana. Eso se fue arraigando, se fue normalizando esa discriminación hasta que llegamos a nuestros días y la gente no cuestiona si esa discriminación es algo comprobable. Es mas fácil quedarnos con esa idea porque es muy cómoda para no mover el orden de las cosas.

 

 

Durante la llamada guerra contra el narco emprendida por Felipe Calderón los consumidores también fueron arrasados y señalados como criminales.

 

 

En efecto, los consumidores fueron criminalizados. Hay miles de historias de hombres y mujeres en la cárcel acusados de ser consumidores de marihuana y a los que se les finca una serie de delitos que ni siquiera cometieron en muchos de los casos. No solamente se violan derechos que tienen que ver con el acceso a la salud, el libre desarrollo de la personalidad, la educación, la información para tomar mejores decisiones como ciudadanos, para decidir consumir o no productos derivados de la marihuana para mejorar la calidad de vida de los pacientes, sino que además lleva a esos usuarios, a esa gente que ve violentada su economía familiar porque tiene que pagar por toda la cadena corruptora para hacerse de esos medicamentos que son importados de manera clandestina y que en muchos casos terminan en la cárcel acusados de delitos que luego se van sumando a las cifras alegres de los gobiernos que sostienen que están combatiendo al crimen organizado. No podemos distinguir entre quiénes son consumidores, quiénes son pacientes, y los criminalizamos.

 

 

En el libro incluso mencionas lo caro que resulta para la administración pública tratar a los consumidores como criminales y encarcelarlos en lugar de despenalizar el consumo.

 

 

Ahí están los números, los presupuestos, los resultados, las campañas de prevención de adicción están fincadas en mentiras, en prejuicios, en lugares comunes como “yo empecé a fumar marihuana y ahora soy un delincuente y consumo todas las drogas del mundo”. El problema es que mucha gente que no tiene acceso a información con evidencia científica se lo cree y se abren dos bandos, los buenos contra los malos, y a los malos hay que eliminarlos porque en la mirada de estos estrategas de la guerra no tienen derechos y hay que aplastarlos y es terrible cómo los vemos como enemigos.

 

 

A pesar de los estigmas promovidos como parte de la guerra contra las drogas, tanto Estados Unidos como Canadá ya legislaron en esa materia, mientras que México sigue poniendo los muertos y las balas y prohibiendo su regulación.

 

 

Porque somos una vergüenza como Estado mexicano, somos un estado indolente, ignorante, corrupto, que ha fracasado. Hoy están renegociando el Tratado de Libre Comercio y dos de los integrantes ya tienen dados pasos importantes, mientras que en México los pasos importantes se han dado desde la Suprema Corte de Justicia de la Nación. En el caso del primer amparo para la Sociedad Mexicana para el Autoconsumo Responsable y Transparente (SMART), los amparos subsecuentes y esta posibilidad de hacer jurisprudencia de tal manera que podamos hacer valer nuestros derechos al libre desarrollo de la personalidad. Eso lo está dando una parte del Estado Mexicano que es la SCJN, mientras que el Ejecutivo y el Legislativo están quedando a deber. Hubo una nueva legislación con fines medicinales y científicos que hoy no tiene reglamento. Es una vergüenza porque tenemos una sociedad que no es empática con estos temas y una sociedad que claramente no exige que se lleve a cabo ese reglamento y que se modifique lo  que se tenga que modificar en leyes de salud y seguridad publica para terminar con esta demonización de la marihuana, para garantizarle a los mexicanos el derecho seguro, con calidad, verificado, científicamente revisado a los productos derivados de la marihuana ya sea para fines medicinales o lúdicos. Que tengan derecho a una campaña de prevención, a una campaña plenamente informativa acerca del consumo de la marihuana y eso la clase gobernante nos lo ha quedado a deber. Y en eso somos responsables los ciudadanos porque nosotros los elegimos, nosotros les hemos dado el encargo de administrar nuestra hacienda pública, nuestras leyes, y los resultados ahí están, lo han hecho fatal.

 

 

¿Ha cambiado en algo la percepción de la población mexicana en torno a la legalización de la marihuana a partir de casos como la niña Grace, de Monterrey, luego de que su padre se convirtiera en activista a favor de la legalización con fines medicinales?

 

 

Yo cito algunas encuestas que tienen que ver con cómo mira la sociedad mexicana la regulación. Cito también algunas encuestas en EUA donde se ha visto que la gente no solo se ha informado sino que ha tomado una posición activa frente a la regulación. En México veo que desde hace unas semanas para acá el futuro gobierno  ha puesto la discusión sobre la mesa y habrá que ver cómo lo toma la gente. Ahora, insisto, es responsabilidad del estado mexicano informar y darle elementos a la sociedad para discutir. Y esos elementos son fáciles de encontrar: basta ver los foros, los debates, los análisis, las posiciones de los activistas, de los profesionistas, para que la gente tome mejores decisiones. No es necesario ser usuario para pronunciarse al respecto. Y directamente la situación de la falta de regulación nos afecta cotidianamente a todos. Yo soy optimista porque tenemos a la futura clase política diciendo queremos regular la marihuana para fines personales.

 

 

Una de las razones que se esgrimen para legalizar es que se reducirá la violencia. Esto no está del todo claro. En el caso de Estados Unidos está comprobado que ante la pérdida del negocio de la marihuana, los narcos han aumentado la oferta de heroína barata y ahora hay una epidemia de muertos por sobredosis de heroína.

 

 

La regulación de la marihuana no es la panacea y no nos va a resolver la situación que tiene que ver con la amapola, con la corrupción, con controles de confianza de los cuerpos policiacos, con la prevención de adicciones, etc. No es una receta mágica que vaya a resolver todos esos problemas. Desde mi punto de vista la regulación de la marihuana es parte de un plan integral en el que tienen que ver todos estos asuntos, y sobre todo, tienen que darse cuenta de las realidades locales, de que la situación en Guerrero es muy distinta a la de Tamaulipas, Sinaloa, Yucatán, Ciudad de México, Veracruz, etc. Incluso, dentro de los universos estatales hay otras realidades y otras voces que hay que escuchar con atención, hay que conocer esos diagnósticos, hablar con los consumidores, es un asunto integral que tiene que hablar a los legisladores y ejecutivo, sino que tiene que trabajar de la mano con los lideres locales, con las víctimas y los familiares de las victimas que van a permitir no empeorar las cosas.

 

 

 

 

 

 

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