Mar de Fondo. Sinaloa a dos fuegos: calor y crimen
Publicado el: 31/05/2018 09:34:25 p.m. en
Mar de Fondo. Sinaloa a dos fuegos: calor y crimen
 


Aunque habla de otro tipo de calentamiento, el Servicio Meteorológico Nacional ubica a Sinaloa dentro de los tres estados más calurosos del país, como si a la tierra de los once ríos no le bastara con que la delincuencia convierte a la entidad en la antesala del infierno. Al fuego solar que casi nos achichara se le agrega el del plomo que extermina.

 

A la sociedad sinaloense le importan menos las altas temperaturas propias de la actual estación del año, que la destemplada acción del crimen y la insistencia de los gobernantes por minimizar las estadísticas de muertos como una manera de hacernos creer que estamos más seguros que antes.

 

En Sinaloa la población conversa más sobre la violencia que sobre el calor ambiental, pero últimamente la estrategia de las instituciones de salud o de medición del clima consiste en alarmar sobre los peligros del quemante astro rey y los rayos ultravioleta que emite a niveles no tolerables.

 

¿A qué nos acostumbramos primero? ¿Al calor ambiente o a la lumbre que vomitan las armas de fuego de alto poder? Pareciera que ambos temas están en el mismo nivel de la congoja ciudadana y que, a veces, renegamos más de las temperaturas arriba de 40 grados centígrados, que de los muertos a razón de cuatro o cinco diarios, en promedio.

 

Sin duda causa mayor dolor e impacto en la ciudadanía la violencia irrefrenada que tiene en sicosis permanente a los sinaloenses y que presenta como responsables a los servidores públicos que se dedican a contar los muertos y no a aportar soluciones. El otro calor es parte de la vida aun cuando el deterioro que le hemos causado al medio ambiente nos vuelve culpables a todos.

 

No nos enredemos. La tranquilidad de las familias está muy por encima en el orden de reclamo de los sinaloenses, pese a la enorme difusión que se le está dando al calentamiento de la atmósfera y el consiguiente efecto invernadero. A navegar en tal ambiente y buscar mitigantes que nos refresquen, estamos acostumbrados.

 

A lo que no nos habituamos es al sobrecalentamiento que deriva de la acción de grupos delictivos, del cual hay pocas maneras de escapar. Al gobierno en sus ámbitos federal, estatal y municipal le compete enfriar el miedo que se respira en cualquier punto del estado y sólo podrá hacerlo si consigue que la ley evite llegar a un punto de ebullición.

 

Los 50 grados centígrados diarios no son nada si se comparan con los cinco muertos cada día. El calor se puede mitigar, la pérdida de vidas humanas carece de atenuantes.

 

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