Mar de Fondo: “Quítense a la a la verga o los mato a todos”
Publicado el: 2/1/2018 12:25:11 PM en
Mar de Fondo: “Quítense a la a la verga o los mato a todos”
 

Los sucesos violentos ocurridos el miércoles 31 de enero en el sector Canaco, en Culiacán, transmitidos en tiempo real a través de las redes sociales, muestran a qué nivel ha llegado la insensibilidad y sed de morbo de una parte de la sociedad sinaloense, ávida de ganar el derecho a transmitir primero que nadie los hechos de sangre.

 

La manera en cómo un grupo de sicarios asesina a una persona que transitaba en su vehículo por el boulevard José Limón, así como el regreso de los pistoleros a rematar a su víctima en medio de decenas de curiosos, abona a normalizar la violencia en Sinaloa, es decir que con tal lujo de detalles los ciudadanos lleguemos a pensar que eso es a lo que tenemos que acostumbrarnos.

 

Con varias lecturas, este hecho de sangre exhibe principalmente la peligrosa curiosidad pública y la toma de riesgos por gente que se supone pacífica pero que quiere ser partícipe del homicidio, así sea como fuente de información al ser testigo y videograbar el homicidio. Registrar el hecho aunque sea en las narices del criminal que volvió a darle el tiro de gracia a la víctima.

 

Con la amenaza de “quítense a la verga o los mato a todos”, el gatillero se planta como dueño de vidas, de gobiernos y de estrategias militarizadas para la seguridad pública. Y se justifica en la plebe que necesita sangre y se pelea por narrar en Facebook o en whatsapp la barbarie en su brutalidad más viva.

 

Y otra consecuencia es que los mirones se entrometieron en la escena del crimen, “ensuciando” elementos y pistas que son clave para la investigación del asesinato. Y en cualquier sistema normal de procuración de justicia todos debieran ser llamados como testigos y sus huellas estampadas en torno  al contexto tendrían que volverlos parte indiciada en la carpeta de investigación.

 

Con la frase intimidatoria el pistolero manda al diablo a todos y sobre todo a las autoridades y sus discursos, estrategias o ejércitos para el combate a la delincuencia. Hace alarde ante la audiencia morbosa de que él es el único poder posible y que el dominio de las armas decreta el sometimiento de delincuentes y gente de bien.

 

Eso es lo que tenemos, sin embargo no es por fuerza lo que debemos de aceptar como una fatalidad. Para qué esperar a que el fuego entre a la sala de nuestras casas y entonces sí, tomar medidas, tomar conciencia, de lo que hemos construido simplemente siendo parte del ejército de espectadores públicos que sin inclemencia hace más cruel la actividad de los criminales.

 

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