La rebelión de las audiencias. Entrevista con Jenaro Villamil
Publicado el: 2/7/2018 2:49:11 PM en
La rebelión de las audiencias. Entrevista con Jenaro Villamil
 

 

Si en 2006 y 2012 la guerra sucia se desarrolló en la televisión, en las elecciones presidenciales de 2018 esta se dará a través de las redes sociales, señala Jenaro Villamil. Ante la caída de audiencia en los canales de la televisión abierta, el nuevo ring, el nuevo escenario para los ataques será internet, donde actualmente buena parte de la población se informa y pasa horas viendo videos, leyendo noticias o comunicándose con otras personas. Villamil compara esta transformación, de una población sumisa que solo podía informarse a través de los medios tradicionales a una que cuenta con muchas opciones a su alcance para enterarse de  sucesos que el Estado no da a conocer, con lo que sucedió en España en los últimos años de la dictadura Franquista. Sin embargo, aclara, en esta rebelión las audiencias tienen una participación activa, son receptores y creadores de contenido al mismo tiempo, leen y opinan, interactúan con otros usuarios: comparten una misma indignación que solo es posible por la propia dinámica de las redes sociales.

 

 

 

 

Por Sergio Ramos.

 

 

 

“El mayor temor de las élites se ha cumplido”, dice Jenaro Villamil en su libro La Rebelión de las audiencias (Grijalbo, 2017): “Los vigilados pueden vigilar, las audiencias pueden producir contenido, los ciudadanos pueden reclamar sin la mediación de los partidos o los grandes medios de comunicación”.

 

Es ha sido, sin duda, la principal aportación del Internet y las redes sociales a un país en busca de democracia como México. Ante los medios de comunicación tradicionales como la televisión abierta o la radio, ligados al poder desde su nacimiento, las redes sociales ofrecen a la población la posibilidad de compartir información “alterna”, denunciar hechos que de otro modo no podrían ser compartidos y organizarse desde la protesta digital hacia el mundo de la calle a favor de determinadas causas.

 

Con la aparición de las redes sociales, o su expansión al grueso de la población, las principales televisoras han visto una reducción considerable en su número de audiencia que se ha traducido en una crisis financiera ante la cual no saben cómo reaccionar.

 

Esta rebelión de las audiencias se da en el marco de la falta de credibilidad de empresas como Televisa o TV Azteca, ligadas al poder, al PRI, al PAN, que estaban acostumbradas a tratar a su público como “menores de edad” a los que había que someter o mantener controlados con entretenimiento burdo e información censurada, al grado de que fueron capaces de llevar a un político sin experiencia, títere de otros poderes fácticos, a ocupar el cargo de presidente de la República.

 

En su libro La Rebelión de las Audiencias, Jenaro Villamil, periodista del semanario Proceso y autor de libros como El poder del rating (2001) y La televisión que nos gobierna (2005), narra la historia de cómo los grandes medios de comunicación en México se fundaron de la mano del poder y cómo desde entonces han servido a ese poder, de espaldas a la población, hasta que la era del internet llegó y con ello el cambio en las reglas del juego.

 

 

 

 

DE PRIMERA NOTICIAS: ¿Contra quién es la rebelión de las audiencias? Me da la impresión de que Televisa es solo un elemento en esta rebelión. El nombre que se usa para hablar de esta rebelión, pero que va más allá de una empresa, de una televisora.

 

JENARO VILLAMIL: Sí, claro, la rebelión de las audiencias no es contra alguien en específico, o contra una sola empresa, o contra un solo partido. Se expresa a través de ellos, pero la rebelión en el fondo es contra un establishment, contra un sistema de control informativo y de control político que durante muchas décadas ha sido la característica fundamental del sistema mexicano. Es una batalla cultural contra la idea de pensar en los ciudadanos, en las audiencias como menores de edad, como tontos, como manipulables, etc. Televisa representa en términos simbólicos y reales ese control, entonces por eso hay mucha crítica hacia Televisa.

 

 

Explícanos a esta nueva audiencia en rebelión. Esta conformada por quién.

 

Básicamente por las generaciones que están formándose e informándose a través del mundo digital, pero sobre todo con quienes han migrado del mundo analógico al mundo digital. Es decir, de quienes ya no dependen de la televisión para informarse o para entretenerse, y también por quienes ya no leen periódicos o escuchan radio, o sí lo hacen pero también lo hacen expresando sus puntos de vista en las redes sociales.

 

 

¿Cuáles son las características de esta rebelión de las audiencias? En el libro mencionas varios adjetivos interesantes: anárquica, intensa, pero también desinformada en muchos casos.

 

Si hablamos en términos conceptuales una rebelión es una explosión contra la autoridad, es un estallido de desconfianza, de libertad y también de todo tipo de excesos, exceso de crítica o exceso de desconfianza. Eso quiere decir que no la controla nadie. Que nadie se puede apropiar: ningún medio, ninguna figura pública, ninguna figura periodística puede decir “yo encabezo la rebelión”. No. La rebelión es un asunto que se está gestando a partir de la posibilidad de romper los cercos de control. ¿Hacia dónde va eso? Todavía no sabemos, pero hay un estado de rebelión que tiene que ver con el contexto nacional, con quince años de una transición fallida, de unos medios que han ido perdiendo credibilidad y de un retorno del PRI al poder presidencial que resultó ser muy decepcionante.

 

 

Háblanos de los riesgos de que la población se informe sólo a través de las redes sociales. Han aparecido muchas páginas de fake news, de noticias falsas que, a pesar de que aclaran que todo es mero chacoteo, mucha gente se va con la finta de que el secretario de gobernación dijo esto, el presidente dijo aquello…

 

El primer desafío fundamental es la autodestrucción digital. Es decir, nosotros como periodistas sabemos cuándo se trata de una notica falsa, cuándo es un rumor porque es parte de nuestro oficio. Los otros ciudadanos, las otras audiencias que no tienen el oficio periodístico o no tienen la cultura del contraste o la confirmación de la información, no tienen por qué saberlo. Yo creo que más que descalificarlos hay que alfabetizarlos digitalmente. Es decir, enseñarlos a identificar cuándo una noticia es falsa, por qué es falsa y darles calidad desde nuestros espacios, desde nuestra trinchera o espacio informativo, porque está el riesgo de que caigamos en la tentación fácil de la búsqueda de los likes, que es también lo que está generando una falsa impresión de lo que la gente quiere ver. El principal riesgo es un asunto que tiene que ver con la posibilidad de que cambiemos de monopolios televisivos a monopolios digitales. El crecimiento de empresas como Facebook, Google, Apple, Amazon, tiende a generar una amenaza a la neutralidad de la red, al acceso libre a internet. Ese tipo de debates se van a tener que dar en los próximos meses o años.

 

 

Cuáles fueron las consecuencias negativas de que Televisa reinara en el mundo del entretenimiento en México. Qué efectos a largo plazo dejó en la población mexicana.

 

 

En primer lugar infantilizaron a muchos ciudadanos mexicanos. Se les trató como menores de edad, el paternalismo del sistema autoritario o de los medios mismos, o sea, esta visión de Televisa sobre el mexicano flojo, dicharachero, que no está preocupado por las cuestiones sociales o políticas, enajenado con el futbol, con la música o en el caso de las mujeres que solo están pensando en cómo vengar sus sentimientos, etc., son clichés o estereotipos que desgraciadamente muchos mexicanos adoptaron, eran los estereotipos de control social necesarios. Esa herencia todavía está muy fuerte.

 

 

Si las audiencias ya no se limitan a la televisión, sino que se informan en las redes, cómo crees que eso va a incidir en las estrategias de los partidos o del gobierno para influir en una elección presidencial. En 2012, EPN llegó gracias a la televisión abierta. En 2018 ¿eso ya no será posible?

 

 

En 2018 las batallas fundamentales serán en las redes sociales. En todos sentidos, tanto de generar credibilidad como de ensuciar las redes. La guerra sucia que vivimos en 2006 ya la vamos a observar también en redes sociales. Por eso también hablo del desafío de informar, alfabetizar a las audiencias en rebelión, porque es muy fácil y muy perverso caer en la tentación de la guerra sucia.

 

 

Has comparado esto con el destape español tras la dictadura franquista.

 

Haciendo una analogía con las rebeliones, digamos, hasta cierto punto con la rebelión de la sociedad española cuando estaba terminando la dictadura de Franco. Ellos le llamaron el destape y eso es un poco similar a lo que estamos viviendo ahora. También tiene similitudes con otras expresiones antiautoritarias, como por ejemplo, la primavera árabe, el movimiento de los indignados españoles, o el Wall Street Ocupa, esos movimientos yo los analicé en otro libro, que aquí hay que diferenciar, unas cosas son las ciber disidencias, es decir, el activismo digital consciente al estilo Anonimus, y otra cosa la rebelión de una cantidad mayor de personas que están expresando su coraje, su frustración y también sus deseos de cambiar a través de las redes.

 

 

El contraataque se ha dado a través de los boots, ese ejército de individuos contratados para opinar en las páginas, para minimizar el efectivo negativo de algunas notas sobre EPN, por ejemplo, para sacar a colación siempre aspectos negativos de López Obrador venga o no a cuento, etc. ¿Ha servido todo esto para revertir en algo la imagen de EPN?

 

No, por supuesto que no. El hecho es que no entienden la dinámica de las redes. Piensan que hay que traducir lo que se hace en medios analógicos y hacerlo en redes, es decir, comprar publicidad, comprar cuentas, boots, y con eso modificar. A lo mejor pueden modificar un trending topic, o desviar la atención de un interés, pero no modifican lo sustancial de la rebelión de las audiencias en México, que es la crisis de credibilidad que tiene la clase política, el gobierno federal y los medios masivos que acompañaron el ascenso al poder de Enrique Peña Nieto. Esa crisis de credibilidad no cambia con trucos publicitarios o con estrategias digitales de acarreo, tan no cambia, que peña Nieto ha gastado lo que nadie ha gastado en muchos años en publicidad, tanto en medios televisivos como digitales, y sigue teniendo una baja continua de aceptación.

 

 

Cómo observas el caso de López Obrador en las redes sociales?

 

López Obrador entendió que tenía que meterse en redes sociales y hacer de las redes un aliado, es decir, leyó bien el estado de ánimo social. Lo que está sucediendo es que también las redes se están yendo contra él en la medida en que no cumple con las expectativas o con lo que él está diciendo. Y lo observamos cuando hace alianzas con políticos de la vieja guardia. Después de que sostuvo discursos en contra de la corrupción, en contra de la mafia del poder y luego los invita a formar parte de su equipo, eso genera una contradicción evidente. Y eso también las audiencias lo cobran. No ha sido tan dura la caída de López Obrador, al contrario, más bien él ha capitalizado, pero ojo, esto no es un asunto definitivo. ¡Puede cambiar!

 

 

 

 

 

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