La osamenta del Jefe Reynaldo Zamora
Publicado el: 28/09/2020 05:17:41 p.m. en
La osamenta del Jefe Reynaldo Zamora
  


Reynaldo Zamora Gaxiola se llevó todos sus secretos a la tumba desde aquel febrero en que un comando criminal lo interceptó en el sector Barrancos y se lo llevó para nunca más volver con vida. El ex jefe de la Policía Ministerial del Estado en la época del extinto Jesús Antonio Aguilar Íñiguez, Chuy Toño, siempre fue un hombre robusto y recio, discreto también, su gruesa cara infundía temor. En enero de 2004 acudió a las oficinas de un diario local para reclamarle al reportero Alfredo Jiménez Mota una nota que lo vinculaba al crimen organizado. Meses después, al igual que la plana mayor de la hoy desaparecida Policía Ministerial, presentó su renuncia tras el escándalo del asesinato de Rodolfo Carrillo Fuentes.

 

 

Por Redacción De Primera Noticias

 

 

Aquella tarde del 1 de septiembre en el Servicio Médico Forense, luego de que ropa y osamentas humanas fueran encontradas en una fosa clandestina de la comunidad de Mojolo, un sobrino del entonces desaparecido Reynaldo Zamora Gaxiola clavó su mirada en los enormes pantalones y la camisa talla extragrande expuestas en el Semefo:

 

 

“Es mi tío Reynaldo”, aseguró sin un asomo de dudas. Dos años y medio después de su desaparición, la osamenta del ex comandante de la desaparecida Policía Ministerial del Estado se rebelaba de entre la tierra y los girones de ropa, en un predio escondido debajo de una tupida arboleda, entre los pueblos de Mojolo y Paredones.


 

 


Justamente habían pasado dos años y seis meses desde la tarde del lunes 27 de febrero de 2017, en que el exmando policiaco fue privado de la libertad cuando circulaba en una camioneta tipo panel por el sector Barrancos.

 

 

De acuerdo con los informes de aquel episodio, el suceso ocurrió alrededor de las 2 de la tarde cuando Zamora Gaxiola había concluido su jornada laboral en la empresa de seguridad que ayudaba a atender.

 

 

El comando que lo capturó, según testigos del hecho, iba en una camioneta Jepp Cherokee color negra y una Tacoma color blanca. Para detener la marcha de Zamora, dispararon. El exjefe policiaco se detuvo y se lo llevaron rumbo a la feria ganadera.

 

 

A esas horas, del otro lado de la ciudad, el periodista de un semanario local, Javier Valdez Cárdenas, le mandó un mensaje de texto a Zamora Gaxiola, preguntándole si sabía a qué ex comandante de la Ministerial habían levantado, pues de buenas a primeras no se sabía. Valdez Cárdenas se quedó helado, cuentan, cuando supo que era el mismo Reynaldo.

 

 


Desde entonces, dicen algunos allegados, el periodista andaba por Culiacán algo nervioso, pues Reynaldo de vez en cuando era molestado para hacerle una consulta. Esto sumado a la requisa del semanario por la entrevista que le hizo a Dámaso López Núñez, El Licenciado. A Javier lo matarían meses más tarde, el 15 de mayo de 2017.

 

 

De Reynaldo Zamora Gaxiola ya no se volvió a saber, hasta dos años y medio después sus restos brotaron de la fosa de Mojolo. Era él. Era la misma ropa que llevaba aquel día del levantón. De manera discreta, tras los exámenes de rigor, la Fiscalía entregó sus restos a la familia y lo sepultaron con profunda discreción.

 

 

LA SALIDA DE LA PME

 

 

Desde que la Procuraduría General de la República consiguió una orden de aprehensión en su contra, Zamora Gaxiola había pasado a un bajo perfil. Se dedicaba a rentar un negocio de juegos infantiles y posteriormente laboró en una empresa de seguridad.

 

 

Había salido por la puerta chica junto con todos los mandos de la Ministerial hacia el final del sexenio de Juan S. Millán Lizárraga. Todo esto cuando se desató el escándalo de que los jefes de la corporación, incluyendo a Jesús Antonio Aguilar Íñiguez, estaban en la nómina del narco.

 

 

Una docena de jefes fueron investigados por la Procuraduría General de la República, que obtuvo una serie de órdenes de aprehensión que fueron combatidas en los tribunales.

 

 

Tras el crimen de Rodolfo Carrillo Fuentes, la entonces SIEDO confirmó que investigaba a Jesús Antonio Aguilar Íñiguez, en ese momento director de la PME, y a otros ocho jefes policiacos, entre ellos Reynaldo Zamora y Héctor Castillo Medina, quien dirigió con Mario López Valdez la Policía Estatal Preventiva, por presuntamente brindar protección a los cárteles de la droga.

 

 

Aguilar Íñiguez presentó su renuncia el 16 de septiembre de 2004 y dijo que estaría en su casa si las autoridades lo necesitaban, pero desapareció.

 

 

Reapareció en 2011, con el entonces gobernador Mario López Valdez, quien lo reinstaló como director de la PME hasta el último día de su sexenio.

 

 

Los otros jefes policiacos también desaparecieron en esos días, pero algunos han regresado al ser absueltos de los cargos que se les imputaba, entre ellos Castillo Medina, quien posteriormente se convirtió en alcalde de Tamazula, Durango, de donde es originario.

 

 

Los únicos que fueron presos en aquella época de otras guerras narcas por el delito asociación con el Rodolfillo serían Pedro Pérez López y Guadalupe González Posadas, recluidos en el penal de Puente Grande, Jalisco, y que, a decir de fuentes, ya salieron en libertad tras cumplir sus respectivas sentencias.

 

 

LA PISTA DE JIMÉNEZ MOTA

 

 

Que se recuerde entre los veteranos del gremio periodístico, Reynaldo Zamora Gaxiola había ido a un diario local a amenazar al desaparecido reportero Alfredo Jiménez Mota.


 

 

En ese entonces Zamora ocupaba la Dirección de Detenciones en Flagrancia de la Ministerial y era uno de los hombres leales a Chuy Toño.

 

 

La amenaza en cuestión que profirió Zamora en contra del joven reportero (desparecido en abril de 2005 en Hermosillo, Sonora), fue debido a que Jiménez Mota escribió una nota que hablaba de la presencia de jefe policiaco en un accidente automovilístico ocurrido sobre el Puente Jorge Almada, cerca del Puente Negro.

 

 

En el accidente supuestamente estuvo involucrado un hijo de Joaquín Guzmán Loera, por lo que daba a entender que la presencia de Zamora Gaxiola en el sitio era para encubrir las huellas del joven.

 

 

El saldo del choque fue de un joven muerto. Los hechos ocurrieron en diciembre de 2003. Su presencia en el lugar lo ubicaba como un funcionario de la PME al servicio del narco.

 

 

Después de esto, el mismo Alfredo Jiménez contó que el jefe policiaco lo había amenazado, que le advirtió lo que pasaría si ese grupo del narcotráfico se enteraba quién es él.

 

 

Zamora Gaxiola se presentó a las instalaciones del diario y habló con el reportero. Le reclamó que el dato había sido incluido de manera dolosa. Y lo amenazó. El reportero se quedó callado, mirándolo. No dijo nada, pero tampoco se retractó.

 

 

Cuando fue la desaparición de Jiménez Mota en Hermosillo, Zamora Gaxiola se convirtió en uno de los sospechosos, pero él mismo se encargaría de disipar las dudas de que no tuvo nada que ver. Y era verdad, pues la pista más sólida del caso de Alfredo conducía a la banda de Los Números o Los Güeritos, célula al servicio de los hermanos Beltrán Leyva.

 

 

Zamora Gaxiola obtuvo con los años, al igual que el resto de sus coetáneos, un amparo definitivo que lo salvó para siempre de pisar la cárcel. Esto por presuntos vínculos con el narco. A diferencia de Chuy Toño y Martiniano Vizcarra Burgos, Reynaldo optó por ya no volver a la Ministerial cuando Malova se la regaló al finado comandante escuinapense. Chuy Toño moriría de Covid-19 en mayo pasado, Zamora hacía mucho tiempo que había abandonado este mundo, pero ahora sí, sus restos descansarán en paz.

 

 

 

 

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