La noche en que Rosario Robles soñó con ser presidenta
Publicado el: 09/09/2019 11:20:28 a.m. en
La noche en que Rosario Robles soñó con ser presidenta
 

Rosario Robles se reunió con Carlos Salinas de Gortari en Londres, La Habana y Ciudad de México entre agosto y septiembre de 2003. Ella le pidió ayuda para volver a ser jefa de gobierno. Salinas, a cambio, le pidió contar con el apoyo del PRD para lo que se le ofreciera. Rosario se dejó deslumbrar por Salinas: durante una reunión en su casa, le colocó la banda presidencial, ella se vio a sí misma como presidenta, y la complicidad entre ambos quedó pactada.

 

 

 

Por David Fuentes M.

 

 

 

Rosario Robles deseaba conocer a Carlos Salinas de Gortari. Pero no quería reunirse con él en México. Así que le pidió a Carlos Ahumada organizar un encuentro con el expresidente en Londres. El 8 de septiembre de 2003, un mes después de que dejara la dirigencia nacional del PRD ante los malos resultados en las elecciones intermedias, Robles y Ahumada viajaron hacia la capital inglesa tomando vuelos con conexión para intentar no dejar rastro.

 

 

Primero viajaron en el jet privado de Ahumada hacia Houston, Texas, donde abordaron un vuelo comercial hacia Nueva York y más tarde otro hacia Londres. En cuanto se hospedaron, Ahumada le habló por teléfono al abogado Juan Collado, quien trabajaba al servicio de Salinas, para informarle que ya se encontraban en la ciudad. El expresidente los invitó esa noche a cenar junto con su esposa Ana Paula.

 

 

Pasaron por ellos al hotel, Salinas manejaba, llegaron al restaurante y empezaron a hablar de dos cosas: de la enorme deuda que Robles había dejado en el PRD para financiar las campañas electorales de 2003 en que se habían renovado la Cámara de Diputados, gubernaturas, alcaldías y congresos locales, y de los cambios a una ley para que Robles pudiera ser nuevamente jefa de Gobierno del Distrito Federal, ahora por la vía electoral, ya que en 1999 había llegado el puesto como jefa suplente de Cuauhtémoc Cárdenas, quien había solicitado permiso para ausentarse del cargo y contender a la presidencia en las elecciones federales.

 

 

Salinas se comprometió a ayudarla con la deuda que había dejado en el partido, le prometió que hablaría con el gobernador de Tabasco, Roberto Andrade, y con el del Estado de México, Arturo Montiel, también que lo haría con Elba Esther Gordillo, líder del sindicato magisterial, y con otros mandatarios amigos suyos.

 

 

A cambio, Salinas le pidió a Rosario contar con su “capital político y con los miembros del PRD afines a ella”, entre los cuales estaban incluidos Cuauhtémoc Cárdenas y su hijo Lázaro Cárdenas Batel, quien desde 2002 era gobernador de Michoacán y ahora es coordinador de asesores de la presidencia de López Obrador. Rosario quedó satisfecha con el trato. A la noche siguiente, Salinas y su esposa los volvieron a invitar a cenar pero en esta ocasión el ambiente estaría mucho más relajado y terminando la cena salieron a caminar por las calles de Londres, como dos parejas amigas felices de reencontrarse.

 

 

La siguiente vez que Rosario y Ahumada se reunieron con Salinas fue en la casa del expresidente en La Habana. Fue el fin de semana del 26 al 29 de septiembre de 2003. Ambos se hospedaron en el hotel Nacional, donde recibieron una llamada del secretario particular de Salinas, Adán Ruiz, quien les pidió que tomaran un taxi hacia el hotel Melía, donde los estaría esperando un chofer para llevarlos a la casa de Salinas.

 

 

“Era una casa bonita, y más tratándose de Cuba. Nos sentamos en la sala, nos sirvió vino blanco y empezamos a platicar. Después cenamos. Dijo que su chef había trabajado para alguna destacada personalidad. Comimos mariscos. Fue una cena muy rica, muy agradable, tomamos bastante vino blanco y champagne”, relata Carlos Ahumada en su libro Derecho de Réplica (2009).

 

 

Tras esta segunda reunión, Rosario le perdió el miedo a reunirse con Salinas en México y aceptó verlo en su casa de Camino a Santa Teresa 480, privada Del Bosque, en la delegación Tlalpan, en noviembre de 2003. Ahumada y ella llegaron al estacionamiento del centro comercial Perisur, adonde fue a recogerlos Adán Ruiz. A pesar de que era de noche, relata Ahumada, Rosario llevaba unos grandes lentes oscuros que le cubrían la mitad del rostro y una mascada atada a la cabeza. A medida que se acercaban al domicilio, Rosario se iba dejando resbalar en el asiento trasero, hasta casi desaparecer de la vista de cualquiera que viera pasar el auto por la calle.

 

 

No era la primera vez que Ahumada se reunía con Salinas en ese domicilio. Antes del viaje a Londres, Juan Collado le había dicho que su jefe quería conocerlo y el empresario argentino acudió a su casa. En esa ocasión, Salinas, quien ya sabía de la relación extramarital que su invitado tenía con Robles, le dijo que la quería conocer e incluso le mandó un regalo a través de Ahumada: un libro de Mao Tse Tung. Durante el segundo encuentro en Tlalpan, ahora con Robles, Ahumada llevaba varios CDs con las grabaciones que había hecho de importantes personajes del PRD recibiendo dinero para las campañas de 2003, entre ellos, René Bejarano, Carlos Imaz, Leticia Robles y Gabino Cué.

 

 

“Nos saludamos, entramos en la casa y nos llevó inmediatamente a su majestuosa biblioteca. Nos propuso que bajáramos a la cava, donde hay una pequeña sala muy bien decorada. Ahí nos ofreció unas exquisitas botanas y disfrutamos unos magníficos vinos franceses. Al rato de haber iniciado la reunión, abordamos el tema por el cual íbamos: enseñarle uno de los videos de Bejarano…”, escribe Ahumada.

 

 

El empresario argentino señala que la exjefa de Gobierno participó en la edición y selección de los videos que le mostraron a Salinas, aunque no aclara si ella estaba al tanto de que también había sido videograbada: “La primera reunión que grabé fue la que sostuve con Rosario Robles, regresando de semana santa de 2003, y fue porque desde tiempo atrás ya venía pensando que la gente en general no honramos nuestra palabra, pero especialmente los políticos. Ese era el caso de Rosario […] ese lunes 21 de abril de 2003 comencé a grabar. Rosario confesó muchísimas cosas, inclusive, prácticamente al terminar la grabación, creo que ella percibió alguna cuestión al respecto y me dijo: oye, pareces ministerio público… ¿no me grabaste verdad?”

 

 

Ahumada señala en su libro que su intención detrás de las grabaciones era tener “un testimonio, algún documento” en el que los políticos a quienes les había prestado para sus campañas reconocieran que le debían ese dinero.

 

 

“Todo empezó con un crédito en 2001. El mecanismo de financiamiento para las campañas del PRD consistía en que pedía un préstamo a Banca Afirme y ese dinero se los entregaba a ellos, es decir, actuaba como puente. Pero si tuviera que pagar ese dinero no podría hacerlo con el fruto de mi trabajo”, asegura Ahumada.

 

 

En ese entonces, el argentino era presidente del grupo Quartz, que entre otras empresas, manejaba el desaparecido diario El Independiente y los equipos de futbol de León y Santos. Fue Ramón Sosamontes quien le presentó a Rosario, en los tiempos en que él era delegado de Iztapalapa y ella ya estaba instalada como jefa de gobierno suplente. En cuanto se conocieron inició entre ambos una relación que fue más allá de los negocios con el principal contratista del gobierno del DF.

 

 

La noche en que se reunieron con Salinas en su casa de Privada De los Bosques, vieron los videos en una computadora, quien de acuerdo con el relato de Ahumada, estaba emocionado, “le brillaban los ojos y sonreía” y “aunque hacía todo por disimular su emoción, esta lo sobrepasaba”.

 

 


“Él había quedado totalmente complacido con la muestra que le había dado, tan es así que la reunión se alargó hasta las 5 de la mañana, acompañada de varias botellas del vino francés que nos ofreció”, relata el empresario argentino. Incluso, cuando alguno de los dos invitados le revelaba alguna incomodidad que tenían TV Azteca o Televisa, Salinas les respondía de manera presuntuosa: “Si quieren, ahorita le hablo al güey de Bernardo Gómez o al pendejo de Jorge Mendoza”.

 

 

Sin embargo, la escena que más llama la atención de aquella velada que pasaron en casa de Salinas, meses antes de que se dieran a conocer los videoescándalos, fue el momento en que el expresidente le mostró su biblioteca a Robles. En esa habitación había condecoraciones, fotos, recuerdos y una vitrina donde conservaba sus bandas presidenciales. Al verlas, Rosario quedó deslumbrada y le comentó que debía ser un honor y un orgullo portar la banda presidencial. Inmediatamente, sin dudarlo, Salinas tomó una escalerilla para abrir la vitrina, sacó una de las bandas y se la puso a Rosario cubriéndole el pecho: “Te luce muy bien”, le dijo.

 

 

Emocionada, Rosario sonreía, mientras Salinas aprobaba con la mirada. ¿Qué habrá pasado en ese momento por la mente de Rosario, quien ya comenzaba a ser defenestrada en el PRD tras la derrota electoral y la megadeuda que dejó en el partido? ¿El “espaldarazo” del todopoderoso Salinas de Gortari le revivió las esperanzas de ser algún día la primera mujer presidenta de México? ¿Estaba su futuro político al lado del priismo salinista? Sea lo que sea que haya pasado por la mente de Robles, lo cierto es que tras el desbarrancadero en el que se hundió su carrera, fue Salinas quien la rescató del olvido y la convirtió en secretaria de Estado en el gobierno de Enrique Peña Nieto, la primera secretaria de Estado, por cierto, en ir a la cárcel acusada de corrupción.

 

 

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