La mentira naranja: Sinaloa cambia de color mientras siguen muertes y contagios
Publicado el: 03/08/2020 03:11:39 p.m. en
La mentira naranja: Sinaloa cambia de color mientras siguen muertes y contagios
 

Todos los sinaloenses se quedaron sorprendidos cuando en la semana de mayor impacto del coronavirus los gobiernos federal y estatal se confabularon para el gran engaño de que la entidad pasaba del color rojo (máximo riesgo) al color naranja (alto riesgo), como estrategia para cuidar el dinero por encima de las vidas humanas. La decisión es una de tantas con las cuales las autoridades han abandonado a la población frente al virus que no da tregua y continúa colapsando el sistema de salud pública.

 

 

Por Redacción Deprimera.

 

 

A media mañana del viernes del 17 de julio el gobernador Quirino Ordaz Coppel recibió una llamada del subsecretario de Promoción y Prevención de la Salud, Hugo López-Gatell, para informarle que debido al comportamiento a la baja de la pandemia de coronavirus, Sinaloa pasaba al color naranja en el semáforo epidemiológico, bajando un nivel en la evaluación de riegos y permitiendo ampliar la reactivación económica y social.

 

Quirino Ordaz le agradeció al vocero presidencial en materia de la Covid-19 y ningún comentario le hizo sobre el todavía delicado panorama estatal. Lo vio como un triunfo y así lo expresó de inmediato a los medios de comunicación, a pesar de que las estadísticas lo desmentían al acercarse en esos días a 30 los muertos y a 300 los casos nuevos reportados cada 24 horas.

 

“Salimos del rojo después de muchas semanas y eso es resultado de que todo mundo le ha echado ganas, que se está cuidando más la gente, falta que nos cuidemos un poco más. No podemos relajarnos porque no hay vacuna, hay exposición, hay riesgo, hay más movilidad. Tenemos que hacer un esfuerzo para conservarnos e ir pasando hasta llegar al color verde, pero creo que es un gran salto el que da Sinaloa hoy”, dijo el gobernador.

 

Su reacción inclusive constituyó otra gran mentira porque en las ciudades de Sinaloa se habían descuidado al máximo las medidas de prevención en la población: las playas repletas desde que fueron reabiertas a la gente, los centros comerciales registraban flujos de personas sin cubrebocas ni sana distancia; los primeros cuadros citadinos en plena desobediencia a los protocolos anticoronavirus y las reuniones familiares rebasando la posibilidad de las autoridades para contenerlas.

 

Al mismo tiempo, los médicos y enfermeras se manifestaban porque seguían contagiándose por la falta de equipo de protección en hospitales repletos de enfermos. El personal del Hospital Pediátrico de Culiacán lanzó un llamado de auxilio debido al alto riesgo en que laboran y en las clínicas del Instituto Mexicano del Seguro Social, Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, así como en los hospitales generales de Culiacán, Mazatlán y Los Mochis se evidenció la negligencia del sector salud y los trabajadores laboraron bajo protesta.

 

Sin embargo, había el color naranja avisando que el peligro era moderado, en un semáforo descompuesto que quiso darle atole con el dedo a los enfermos, sus familias y médicos, como única medicina contra la enfermedad que se acerca a los dos mil decesos en Sinaloa y rebasa los 40 mil fallecimientos a nivel nacional. “Cuando se pasa al desconfinamiento existe el riesgo inminente de ocurrir un rebrote, pero no hay otra alternativa y se tiene que comenzar a ensayar la vida social y económica, por lo que se deben de iniciar actividades porque si no se tienen grandes afecciones al bienestar”, lo explicó López-Gatell.

 

LA SEMANA TRÁGICA

 

Durante los siete días anteriores a que Sinaloa se ubicara en el color naranja, los casos activos de coronavirus aumentaron casi el 60 por ciento en el territorio estatal. El 11 de julio se registraban 683 nuevos infectados de Covid-19 y para el 18 del mismo mes ya se tenían mil 88, siendo evidente el aceleramiento de la enfermedad, en contra de la versión de la Secretaría de Salud federal y estatal de la reducción del mal.

 

El crecimiento de contagios golpeó a municipios como Culiacán, que pasó de 230 nuevos infectados a 519 en una semana; Mazatlán ascendió de los 118 a los 170 casos y Ahome pasó de 97 a 137, lo que volvió poco creíble y sin justificación la súbita ocurrencia de ponerle a Sinaloa un color que no le corresponde según los datos oficiales que a diario dan a conocer las instituciones sanitarias.

 

Los fallecimientos por el SARS-CoV-2 tampoco presentaron tendencia a la baja. En la misma semana posterior al cambio de color en el semáforo endémico el estado reportó que murieron 30 personas el domingo 12, se agregaron 25 el lunes 13, otros 32 el martes 14, así como 27 el miércoles 15 y 32 el jueves 16. El viernes 17 se sumaron 32 y el sábado 18 se agregaron 36 más.

 

El 20 de julio la Secretaría de Salud del Gobierno del Estado informó en su página de datos sobre Covid-19 que los hospitales Civil de Culiacán, el general de Mazatlán y el del ISSSTE en Ahome se encontraban al cien por ciento respecto a las camas con que disponen para atender a enfermos de coronavirus. El ISSSTE de Culiacán disponía de tres espacios y el Hospital General de Culiacán, a cargo de la Secretaría de la Defensa Nacional, de tres camas.

 

Simultáneamente se dio a conocer en las redes sociales la historia del médico José Ernesto Leyva Bacaseagua que se había dedicado a atender a los enfermos de coronavirus en lo que va de la pandemia y ahora era él que se encontraba en estado grave de salud, abandonado a su suerte por la secretaría del ramo.

 

“En lugar de ser vigilado y atendido por un médico intensivista, al doctor Leyva sus propios jefes le han puesto botón en automático y que sea lo que Dios quiera, reflejo de la crítica situación que viven todos los pacientes graves del coronavirus en el sistema público de salud de Sinaloa”, denunció la familia del médico en un acto de desesperación.

 

Pero para el gobierno federal y estatal Sinaloa ya no se encontraba en estado crítico en cuestión de coronavirus y un pálido color anaranjado quiso traer la señal de que vamos bien, aunque una parte de la ciudadanía lo recibió inconforme, desconfiada y enferma, mientras otra siguió siendo negligente en el cuidado de la vida y acudió a eventos masivos como el que organizó un influencer conocido como “Markitos Toy” que abarrotó un local comercial de la Plaza Cubo en Culiacán con jóvenes que acudieron a comprar cachuchas y tal vez lo que adquirieron es Covid-19.

 

NEGLIGENCIA COLOR NARANJA

 

Poco se sabe de si regresará Sinaloa al color rojo o se mantendrá en el tono naranja, en el semáforo Covid, o bien se pasará en unos días al amarillo (peligro medio) o al verde (bajo riesgo). De cualquier forma, es un hecho que el gobernador Quirino Ordaz Coppel nada hizo para detener la ocurrencia de López-Gatell de exponer a los sinaloenses a la mayor propagación del coronavirus y echarles al mismo tiempo la responsabilidad a los gobernadores de las consecuencias que se tengan.

 

“Todo lo que han hecho los gobiernos federal y estatal da a entender que han determinado adoptar la técnica llamada contagio de rebaño, consistente en dejar que la gente se contagie sin que exista capacidad del sector salud para atenderlos, habiendo carencia de medicamentos e imposibilidad de sacar adelante los casos de alto riesgo, es decir los que tendrán que fallecer al padecer enfermedades que los predisponen al virus”, opina el médico epidemiólogo Jorge Inostroza, estudioso de fenómenos virales de alta propagación.

 

Al analizar el comportamiento de Covid-19 en México resume que al principio los gobiernos federal y estatal adoptaron medidas eficientes para controlar la enfermedad, sin embargo, a las pocas semanas las debilitaron o suspendieron y por allá en mayo dejaron de hacer los esfuerzos que debieron realizar para salvar las vidas humanas en riesgo.

 

En el caso de Sinaloa identifica dos momentos erráticos que detonaron la continuidad y fuerza de los contagios: cuando el gobernador decidió reabrir los expendios de bebidas alcohólicas, medida que ocasionó que la gente volviera a reunirse en grupos con fines festivos y, dos, la irreflexiva decisión de permitir el regreso de las personas a las playas derivando en que a partir de allí la propagación presentara nuevos picos.

 

Para otros expertos en el tema de salud pública lo que debió hacer Sinaloa es rebelarse ante el semáforo Covid de López-Gatell como lo han hecho gobernadores de otros estados que identifican que tal sistema de medición no va acompañado con un programa nacional de prevención. Al contrario, consideran, cada entidad federativa debería asumir protocolos conforme se desarrollan los contagios y muertes.

 

Pero no. Para Quirino Ordaz Coppel “la vida sigue, la vida no va a parar”, a pesar de que cerca de dos mil sinaloenses no tuvieron ese mismo derecho a vivir al no salvarles la vida el sistema estatal de salud. Tampoco el gobernador tiene planeado dar marcha atrás en cuanto a la decisión de seguir con la reapertura de la actividad económica y social ya que, considera, la gente se ha comportado muy bien en las medidas preventivas.

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