La Gaviota y EPN: Crónica de un divorcio anunciado
Publicado el: 25/02/2019 12:56:03 p.m. en
La Gaviota y EPN: Crónica de un divorcio anunciado
 

 

Dos meses después de que terminara el sexenio de Enrique Peña Nieto, Angélica Rivera anunció su intención de divorciarse del ex presidente. Sin embargo, esto no se debe a ninguna probable infidelidad como lo han querido vender algunos medios, sino al final de un contrato matrimonial que formó parte de una estrategia para posicionar a un candidato presidencial con una historia de amor telenovelesca.

 

 

 

Por Redacción / De Primera Noticias.

 

        

 

El pasado 8 de febrero, la ex primera dama Angélica Rivera protagonizó el penúltimo acto del guión telenovelesco escrito para el ex presidente Enrique Peña Nieto y para ella desde 2008, cuando comenzó a planearse la estrategia para llevar al ex gobernador del Estado de México a la presidencia.

 

 

Ese día, Rivera subió un mensaje a sus redes sociales en el que anunciaba su “decisión” de divorciarse, después de señalar que lamentaba “profundamente esta situación tan dolorosa para mí”, en referencia a una supuesta infidelidad por parte de Peña Nieto, quien semanas antes había sido fotografiado junto con la modelo Tania Ruiz, de vacaciones en Madrid.

  


Sin embargo, en el acuerdo original se establecía que terminado el sexenio el matrimonio se disolvería. La supuesta infidelidad del ex presidente es parte de ese guión: él engaña a su mujer, ella pide el divorcio. Una causa justa para anular un matrimonio y no hablar públicamente de lo que en realidad pasó: el final de un contrato que representó para la actriz un muy mal negocio, acaso el peor de su vida.

 

 

En el mensaje, Rivera señala que desde ahora toda su energía está enfocada en “recuperar” su vida y su “carrera profesional”, con lo que deja en evidencia que todo este tiempo estuvo actuando, interpretando el personaje de esposa de Peña Nieto y de primera dama, por lo que terminado el contrato, ya está lista para “recuperar” su vida, aunque su carrera como actriz nunca se interrumpió.

 

 

El periodista Jenaro Villamil, autor del libro Peña Nieto, el gran montaje (2012), sostiene que desde mediados del sexenio de Felipe Calderón, el grupo Atlacomulco o el PRI del Estado de México estaba dispuesto a hacer todo lo posible por llevar a EPN al poder presidencial. Y entre otras cosas se incluyó como parte del guión hacerlo novio o esposo de una actriz de Televisa, por lo que incluso se menciona que hubo un casting.

 

 

“Se pensó en varias actrices, incluyendo a Lucero y Galilea Montijo. Y finalmente terminaron por hacer un acuerdo con Angélica Rivera, en ese momento una de las actrices más populares por sus telenovelas. En 2008 era público el romance entre estos dos personajes o al menos decían que era un gran romance. Llegaron a tal grado de mentira que hasta fueron al Vaticano a presentar a Rivera como la futura esposa de Peña Nieto”, señala Villamil.

 

 

Angélica Rivera se había casado con el productor televisivo José Alberto Castro en diciembre de 2004, en la iglesia de Nuestra Señora de Fátima, en la colonia Roma de la Ciudad de México. El final de las telenovelas ocurre en una iglesia con la boda de los protagonistas. Para que el guión de la futura pareja presidencial pareciera una historia de cuento de hadas, era necesario un enlace religioso, de tal manera que el Grupo Atlacomulco movió todos sus hilos dentro del Episcopado Mexicano para que la boda entre Rivera y “El Güero Castro quedara anulada. No lo consiguieron. Pero en cambio sí se montó una representación en la Catedral de Toluca, el 27 de noviembre de 2010, para que la pareja actuara una especie de enlace religioso que en realidad solo fue “una misa de bendición” dirigida por el obispo de Atlacomulco, Juan Odilón Martínez.

 

 

Esa misa fue vendida por los medios de comunicación cooptados como una boda auténtica dentro del canon católico: “Lo que podemos resumir es que hubo una serie de presiones y chantajes para acelerar aquella boda en Toluca, que en realidad no fue una boda eclesiástica, pero le hicieron creer a muchos que sí se estaban casando por la iglesia”, agrega Villamil. “No solo fue espectáculo. Hubo presión y coerción política. Nunca debemos olvidar lo que cuesta en términos de legitimidad y de credibilidad la simulación en política y el matrimonio por conveniencia entre las televisoras y los políticos.”

 

 

Los compromisos políticos de Angélica Rivera iniciaron desde antes de la llegada de Peña Nieto a Los Pinos. Ella lo acompañaba a los eventos públicos de los candidatos del PRI a las gubernaturas y alcaldías. Su presencia provocaba que miles de seguidores acudieran a esos actos de campaña para ver en vivo a La Gaviota.

 

 

Ya instalada en Los Pinos, el dispendió de recursos públicos se volvió más notorio. Pero también los problemas entre dos personas que en público actuaban como una feliz pareja pero que, tras bambalinas, apenas se toleraban y posteriormente hasta llegaron a despreciarse.

 

En un reportaje publicado por Reforma se asegura que la pareja llevaba una vida separada. Mientras que Peña Nieto pasaba casi todos su fines de semana en su casa de descanso en el Club de Golf de Ixtapan de la Sal, ella permanecía en Miami, Boston o Los Ángeles. La mayoría de las veces, el ex presidente viajaba con su hijo Alejandro o con amigos. La Gaviota solo lo acompañó en una ocasión, a principios de 2013, cuando todavía no se desataba el escándalo de La Casa Blanca.

 

 

Incluso, en fechas familiares importantes como Navidad o Año Nuevo, Peña Nieto y Angélica Rivera solo se veían unas horas para cenar en familia ya sea en la casa de descanso presidencial en Acapulco o en la Ciudad de México. Terminada la cena, el expresidente abordaba un avión y se retiraba a las playas de Punta Mita, Nayarit, durante cinco o seis días. Lo mismo sucedía en las vacaciones de Semana Santa y en Verano: él viajaba sin su esposa, algunas veces con sus hijos, otras con amigos, a un lujoso resort en Nuevo Vallarta donde se organizaba un impresionante operativo de seguridad, por mar, aire y tierra, para evitar que periodistas se acercaran a la zona o que drones con cámaras captaran imágenes de las actividades del presidente durante sus días de descanso. Angélica Rivera, mientras tanto, disfrutaba de los malls en Miami, Rodeo Drive o París.

 

 

Fue precisamente durante sus últimas vacaciones en la Ciudad Luz cuando su personal de seguridad atacó al periodista Francisco Cobos que había grabado y fotografiado a la ex primera dama, acompañada de sus dos hijas, desayunando en un lujoso restaurante cercano a los Campos Elíseos. Uno de esos guardaespaldas que obligaron al periodista a borrar las imágenes de su cámara, Carlos Jiménez, fue nombrado hace unos días como agregado militar en Egipto.

 

 

En las redes sociales de ambos, sin embargo, parecía que la relación iba viento en popa, se tomaban fotos juntos en los cumpleaños (aunque existe la posibilidad de que esas fotos no hubieran sido captadas en esas fechas)  aunque, a partir de 2018, ya no lo hicieron.



Fuentes del Estado Mayor Presidencial que trabajaron en Los pinos aseguraron a Reforma que la pareja vivía en casas separadas. Mientras ella residía en la Casa Miguel Alemán (la construcción principal dentro del complejo residencial), Peña Nieto dormía en la Cabaña Número Uno. Nunca durmieron juntos. Ni siquiera en las giras al extranjero, donde se pedía a elementos del Estado Mayor que se encargaba de la logística que alquilaran suites con dos habitaciones.

 

 

El reportaje da a conocer que en julio de 2015, cuando Enrique Peña Nieto regresó a México luego de una gira por Francia, justo cuando Joaquín “El Chapo” Guzmán se escapó por segunda vez de una prisión de máxima seguridad, La Gaviota optó por quedarse de vacaciones en el país Galo. El 20 de enero de 2017, cuando Donald Trump asumió la presidencia de Estados Unidos y el gobierno mexicano se encontraba en una crisis por las declaraciones del candidato republicano, Rivera permaneció en Miami, en su departamento de la isla de Key Biscayne.

 

 

El reportaje señala que durante el sexenio, Rivera apareció con el presidente en 105 actos públicos, mientras que de las 69 giras que realizó por el extranjero, la Primera Dama solo lo acompaño en 15 ocasiones. El personal que trabajaba en Los Pinos dio a conocer que la actriz pasaba largas temporadas en el extranjero. Sin embargo, durante el periodo de campañas para las elecciones en el Estado de México en 2017, “Rivera fue parte de la cargada federal” pues “de manera inusual asistió en una decena de ocasiones a la entrega de apoyos”.

 

 

Lo mismo sucedió en las elecciones federales de 2018. Durante el primer semestre de ese año, las apariciones de Rivera en actos públicos, sola o acompañando a su marido, se multiplicaron como parte de la estrategia electoral, la cual fracasó estrepitosamente pues el candidato del PRI no consiguió ni siquiera el 20% de los votos. Finalmente, Rivera hizo público que el vínculo matrimonial se terminará.  El divorcio se firmará en marzo y de esa manera acaba la historia armada en 2008 desde Atlacomulco para encumbrar a un títere de un grupo empresarial poderoso y corrupto que alguna vez se sintió dueño de México.



 

 

 

 

 

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