García Luna: El señor de los secuestros
Publicado el: 14/09/2020 02:29:17 p.m. en
García Luna: El señor de los secuestros
  


El equipo que lideraba Genaro García Luna al frente de la Agencia Federal de Investigación no solo tenía negocios con los señores del narco, también estaba vinculado a la industria del secuestro, como lo evidencian los montajes televisivos con los que el ahora detenido promocionaba su imagen, o aquellos casos en los que bastaba una llamada suya para que las víctimas fueran liberadas.

 

 

Por Redacción De Primera Noticias.

 

 

En octubre de 2001, a unos meses de iniciado el gobierno de Vicente Fox, una funcionaria de la Oficina de Internet de la Presidencia recibió una llamada de su madre para informarle que su hermana había sido secuestrada.

 

—¡Hija, se llevaron a tu hermana!



—¿Quiénes, mami?



—Un hombre entró a su carro y otro auto, manejado por dos, que estaba atrás… ¡se la llevaron!



La señora se puso a llorar y su hija, en estado de shock, le pidió que se calmara. Colgó y llamó al celular de su hermana para confirmar la veracidad de la noticia.



—¿Te secuestraron? Dime sí o no —le preguntó. La hermana le contestó afirmativamente y la comunicación se cortó.

 

La funcionaria, desesperada, se comunicó con un asesor del Estado Mayor Presidencial para pedirle ayuda. Este, a su vez, le llamó a Luis Cárdenas Palomino, quien en ese entonces se desempeñaba como Director General de Investigación Judicial de la recién creada Agencia Federal de Investigación (AFI), a cargo de Genaro García Luna.

 

“Necesitamos tu ayuda urgente. Secuestraron a la hermana de una compañera que trabaja aquí en la Presidencia y, además, es hija de un general de la nación”, le relató el asesor del Estado Mayor Presidencial.

 

Al otro lado de la línea, silencio, hasta que Cárdenas Palomino, nervioso, contestó: “Debe ser un error… ahorita mismo lo solucionamos”.

 

10 minutos después, los secuestradores liberaron a la hermana de la funcionaria. La bajaron de un auto afuera de una papelería, al sur de la Ciudad de México, donde le dijeron: “camina y no mires hacia atrás”.

 

La mujer obedeció, temblorosa, llorando, hasta que los secuestradores emprendieron la huida y ella pudo ingresar al negocio para pedir ayuda. Los empleados de la papelería le acercaron un teléfono para que se comunicara con su familia. Media hora después, llegaron sus familiares y se la llevaron.

 

“¿Por qué Cárdenas Palomino, apenas se entera de que mi cuñada trabajaba en la Presidencia y era hija de un general, dijo que fue un error y casi inmediatamente es liberada? Fueron Cárdenas Palomino y García Luna. Todo coincide. Me provoca escalofríos”, le comentó una hermana de la víctima a la periodista Olga Wornat, autora de dos libros que analizan a fondo los sexenios panistas: La Jefa: vida pública y privada de Marta Sahagún (2003) y Felipe El Oscuro (2020).

 

 

Este caso, relatado por la periodista en su libro más reciente, es un ejemplo de cómo García Luna, detenido el 10 de diciembre de 2019 en Grapevine, Texas, integraba junto con su camarilla de secuaces a los que conoció desde su época en el CISEN, una red de crimen organizado que operaba desde el aparato estatal en actividades como el secuestro, la extorsión, los asesinatos por encargo, el tráfico de drogas y el espionaje a políticos y empresarios.

 

 

Otro plagio relatado en el libro y que confirman que la principal banda de secuestradores estaba en el Gobierno Federal es el caso del técnico del equipo Cruz Azul, el argentino Rubén Omar Romano, privado de su libertad el 19 de julio de 2005, a las 14:20 horas, mientras conducía su camioneta BMW en la avenida Guadalupe Ramírez, en Xochimilco.

 

 

Unos minutos después de haber abandonado el campo de entrenamiento del equipo, sujetos armados a bordo de dos camionetas le cerraron el paso, lo obligaron a bajar de su automóvil y lo subieron a la cajuela, donde el entrenador se puso a rezar, lo que obligó a los secuestradores a detener la marcha hacia la casa de seguridad en Iztapalapa porque pensaban que estaba hablando por celular.

 

 

—¡Shhh! ¡Silencio! ¿Con quién hablas?


—Con nadie, estoy rezando —respondió el hombre, aterrado, desde la cajuela del auto.


Rubén Romano permaneció secuestrado 65 días en una casa precaria, ubicada detrás del Reclusorio Oriente. A la familia le exigieron cinco millones de dólares para liberarlo, y esta a su vez le pidió a Bernardo Bátiz, procurador general de Justicia del DF en tiempos de Andrés Manuel López Obrador como jefe de gobierno capitalino, que no interviniera en las investigaciones del secuestro, la cual quedó en manos de la AFI.

 

El secuestro del director técnico ocurrió meses después de la marcha contra la inseguridad en la Ciudad de México, lo que propició que se recrudecieran los señalamientos hacia la gestión de López Obrador, quien ya había librado el proceso de desafuero con el que el gobierno de Vicente Fox había intentado evitar que se convirtiera en candidato a la presidencia de la república.

 

Sorpresivamente, el 22 de septiembre Romano fue liberado por la AFI con García Luna y Cárdenas Palomino al frente del operativo y sin realizar un solo disparo, a pesar de que en la casa de seguridad encontraron armas largas y fueron detenidas cinco personas.


El rescate del argentino dio oportunidad a García Luna de montar un show televisivo, como el que después organizaría en el caso de Israel Vallarta y Florence Cassez, por lo que el entrenador permaneció una hora más retenido en la casa, mientras esperaban a que llegaran las cámaras de Televisa y TV Azteca.

 

Tras el arribo de los reporteros, García Luna dio autorización para que Romano fuera sacado de la casa, visiblemente confundido, demacrado y aturdido luego de que pasó 65 días con los ojos vendados, comiendo solo fruta y agua, y sin abandonar el cuarto donde había permanecido encerrado tanto tiempo.

 

Por este secuestro, las autoridades le echaron la culpa a un delincuente que ya estaba encerrado en el reclusorio de Santa Martha Acatitla: Luis Canchola Sánchez, quien fue acusado de organizar el plagio desde la cárcel, donde se encontraba cumpliendo una larga condena por otros secuestros, por lo que una acusación más a su lista ya no representaba ninguna diferencia para su expediente criminal.

 

“La liberación del técnico argentino dejó varias dudas. García Luna dijo que desde un día antes sabían que en esa casa se encontraba Romano. Si es así, ¿por qué esperaron 24 horas? Cuando llegaron, dejaron a Romano esperando durante una hora”, señala Olga Wornat. “Cuando los policías le pidieron que reconociera a los cinco detenidos, respondió que no podía, porque todo el tiempo estuvo con los ojos vendados. Raro. Si no pudo reconocerlos, ¿cómo es que la AFI estaba tan segura de la autoría del grupo?”

 

Tres días después de su liberación, Romano reapareció en un partido del Cruz Azul luciendo una playera blanca con la frase “Gracias AFI”, la cual le fue entregada por un funcionario de esa dependencia antes de que el director técnico saliera a la cancha con la intención de “fomentar un poco lo que estamos haciendo”.

 

Cuestionado por el semanario Proceso, el astro argentino negó que lo hubieran obligado a ponerse esa camiseta: “¿cómo no me la voy a poner si me rescataron? Estaba con vida. Lógico que ellos querían promover a su dependencia sobre lo que estaban haciendo para cortar con toda esa racha de secuestros […] Le agradecía a la AFI, pero nunca me dijeron lo que tenía que decir. Fue espontáneo”.

 

Las dudas sobre la autenticidad de dicho secuestro formaron parte de las especulaciones desde un primer momento: golpeteo político contra el jefe de gobierno que aspiraba a ser presidente en 2006, lucimiento personal para García Luna que buscaba trascender al sexenio de Fox como efectivamente lo consiguió, secuestro organizado por los mismos funcionarios federales, emergidos todos del CISEN, que controlaban este y otros delitos.

 

15 años después de su detención y aún sin recibir una sentencia, acusado junto con la francesa Florence Cassez de integrar una banda de secuestradores, en junio de 2020 Israel Vallarta envió una carta a medios de comunicación acusando a García Luna y a sus cómplices en la AFI y en la Secretaría de Seguridad Pública durante el gobierno de Calderón, de ejercer el “monopolio de los secuestros como un proyecto empresarial que les generaba impresionantes ingresos”.

 

“El objetivo: poder perpetuarse en el poder público federal tal y como lo lograron García Luna y su camarilla de secuaces: Cárdenas Palomino, Zaragoza Ricos, Miranda Torres, Margolis Sobol, entre muchos otros más, para continuar conservando el monopolio de los secuestros como un proyecto empresarial que les generaba impresionantes ingresos bajo varios frentes. ¿Sería mucho pedir que las autoridades investigaran hasta por debajo de las piedras cómo es que GGL pudo comprarse una mansión, esta lujosa propiedad por la que no se encuentra registro de algún préstamo bancario?”, cuestiona Vallarta, quien permanece en prisión preventiva en el Penal de Puente Grande.

 

 

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