Entrevista. Las guerras ocultas del narco
Publicado el: 26/09/2018 07:26:47 a.m. en
Entrevista. Las guerras ocultas del narco
 

 

Por Sergio Ramos.

  

 

Durante toda su campaña Andrés Manuel López Obrador habló sobre la necesidad de atender las causas que generaron la violencia en México. Su principal eslogan era que había que garantizarle a los jóvenes el derecho al estudio y al trabajo. También hablaba sobre la necesidad de una amnistía a delincuentes que hubieran cometido determinada clase de delitos siempre y cuando se contara con la anuencia de las víctimas o de sus familiares.

 

 

Algunos analistas en temas de seguridad señalan que atender las causas para evitar que los jóvenes se integren a los grupos criminales es una medida a largo plazo. El problema, insisten, es que la violencia actual requiere otro tipo de atención más inmediata que pasa por la profesionalización de las policías locales y el combate a la corrupción de los funcionarios públicos que han permitido el empoderamiento de los cárteles

 

 

Para Juan Alberto Cedillo, uno de los reporteros que ha cubierto la violencia en el noreste del país desde que se empezaron a registrar los primeros brotes en 2004, el asunto de la amnistía va más con la realidad de países como Colombia y las FARC que con México.

 

 

“Si quisieras acabar con el problema tendrían que empezar a generar justicia yéndose contra estos tipos a los que nadie ha tocado, solo la justicia de EUA los ha tocado. Por eso los ex gobernadores Tomás Yarrington o Eugenio Hernández están en la cárcel, porque EUA lo solicitó, no porque México lo haya hecho. Y así te puedes ir con generales, con procuradores, con jefes policiacos”, asegura.

 

 

En su más reciente libro, Las Guerras Ocultas del Narco (Grijalbo, 2018), Cedillo documenta cómo inició la etapa más oscura del México contemporáneo con el descabezamiento de los grandes cárteles que propiciaron la aparición de “pandillas” o “células que empezaron a actuar por la libre” incrementando el número de homicidios y el derramamiento de sangre como no se había visto desde la Revolución de 1910.

 

  

De Primera Noticias: ¿Cómo fue el proceso por el cual México dejó de ser solo un lugar de trasiego de drogas para convertirse también en un gran consumidor? 

 

 

Juan Alberto Cedillo: Durante muchos años los cárteles fueron grupos más bien pequeños enfocados en el trasiego de drogas hacia EUA. Y las autoridades federales eran las que supuestamente estaban enfocadas en el combate a esos grupos. El narco empieza a cambiar a partir de los años noventa cuando los cárteles mexicanos recogen la estafeta tirada por los colombianos de Medellín y Cali para el negocio de la cocaína. Anteriormente los principales productos que exportaban los cárteles mexicanos eran heroína y marihuana. El narco sufre un vuelco cuando se registra un cambio en el consumo de drogas en EUA. Durante muchos años la cocaína fue la principal droga. A partir de los años 90 se deja de considerar a la cocaína como la principal droga y empiezan a subir las metanfetaminas. Eso genera que los cárteles mexicanos se queden con mucha mercancía que no pueden vender y la empiezan a colocar en México. Es entonces que comienzan a aparecer las plazas sobre todo en la franja fronteriza y las ciudades como mercado para las drogas que antes solo se vendían en EUA. Eso era inusitado porque México solo era el trampolín para llegar a la alberca de los EUA y a principios del siglo las ciudades fronterizas se convierten en alberca también para el consumo de drogas. Entonces empieza a suceder que los cárteles como el Golfo y su brazo armado, los Zetas, empiezan a distribuir la droga en México. ¿Qué implica eso? Implica que van a tener que comprar a las policías municipales para cuidar las narcotienditas y cooptar a autoridades municipales y estatales que antes no estaban relacionadas con el narcotráfico. Se viene una disputa por las plazas nacionales entre los cárteles que no están pudiendo vender toda su droga en EUA y eso cambia radicalmente la estructura de las organizaciones porque, por ejemplo, el Cártel del Golfo se hace de un brazo armado, cosa que no existió durante muchos años con el Cártel de Sinaloa, que no tenía un grupo grande de pistoleros que defendiera sus plazas.

 

 

Me gustaría que ampliaras algo que no has dejado de mencionar y es que la historia del narco en México se ha estado narrando desde una visión centralista por periodistas que no viven en las zonas de violencia y no tienen la capacidad para entender este fenómeno porque solo lo leen en los informes oficiales.

 

 

Desgraciadamente la principal narrativa sobre el narco que pesa en la prensa nacional viene desde la información oficial, desde la información que el Estado le proporciona a los medios. Y los medios nacionales siempre han sido muy dependientes y se han plegado a la información oficialista. No tienen la capacidad de investigar más allá de lo que le dicen las autoridades. Investigan un poco, sí, pero el peso de la información de las autoridades es al que le rinden mayor pleitesía. Y otra cosa es que este asunto de la violencia del narco siempre ocurrió en la provincia. Y los del DF no entienden a la provincia. Nunca han entendido que en el caso de Sinaloa los capos del narco tuvieron una relación con la sociedad sin que eso haya implicado necesariamente violencia o rechazo. En los años treinta, cuando se les llamaba gomeros, eran parte de la sociedad, solo eran unos agricultores diferentes. Durante muchos años Sinaloa vivió una relación con el narco sin que se generaran problemas. Cuando se vienen todas estas disputas por las plazas, por la guerra, por la división, cuando los Zetas se separan del Cártel del Golfo y empiezan a querer tomar el control de todo el narcotráfico en México, esta guerra no se entendió en la capital del país. Incluso, cuando empieza la guerra en el 2004, ni siquiera se tuvo la dimensión de lo importante que era.

 

 

¿Consideras que la relación del narco con la prensa es distinta en cada región dependiendo de cuál sea la organización criminal predominante?

 

 

Sí, es muy diferente. En Sinaloa no hay una censura explícita mientras no transgredas ciertas líneas que ellos han marcado como, por ejemplo, no meterse con la familia. En Acapulco, Michoacán o Tijuana no hay una censura sobre eventos sangrientos. Corres riesgos si denuncias con nombres la complicidad entre el narco y las autoridades. Pero en el caso de Tamaulipas ellos se quisieron convertir en los jefes de redacción y de información y decirte qué publicas y qué no publicas, y la censura de ellos implicaba que si no la cumplías tenías un alto riesgo de que primero te golpeaban o te desaparecieran.

 

 

El libro está construido a partir de los testimonios de sicarios y narcomenudistas que tú escuchaste en los juicios en Texas y que después analizaste en los archivos y mencionas que los propios fiscales acababan callándolos por todo lo que se explayaban.

 

 

Después de que empiezan a caer, algunos fueron extraditados a EUA. Y en las cortes de Texas los usan como testigos protegidos para dar la versión de cómo opera el narco en México para castigar a otros detenidos que lavaban dinero. Necesitaban esos testimonios para que el jurado entendiera cómo se estaba operando el narco en México. Estos capos que son capturados y extraditados solamente pueden ser juzgados por los delitos que cometieron en EUA que son dos básicamente: lavado de dinero y tráfico de drogas. Lo que hicieron en México a la justicia de EUA no les importa. Entonces cuando ellos entendieron eso y tuvieron oportunidad de contar, como cualquier persona que tiene mucho que hablar y por primera vez tiene oportunidad de explayarse sin que eso implique ninguna responsabilidad ante la justicia, ¡olvídate! empezaron a contar todos los detalles, nombres, direcciones, hablaban de todas las operaciones que hacían, cómo traficaban la droga, cómo corrompían a las autoridades, por qué se pelearon, por qué se traicionaban, cuáles eran sus intereses, etc. Y eso fue muy interesante porque lo veías ya como una persona normal, como un ser humano, obviamente con cierta perversidad, pero era muy interesante escucharlos, y en general no mentían, la mayoría de sus testimonios eran reales, hablaban tanto que los fiscales los tenían que callar. A mí me tocó estar horas y horas escuchándolos. Luego conseguí las transcripciones escritas de esas declaraciones para tener un respaldo de todo lo que se cuenta en el libro.

 

 

Mencionas que con el descabezamiento de los cárteles se empieza a dar el fenómeno de la proliferación de células y pandillas que incrementan la delincuencia común, que afecta directamente a los civiles, y son mucho más violentas y difíciles de controlar. Háblanos sobre esta ultima transformación.

 

 

Actualmente existen tres grandes cárteles: CJNG, el Cartel de Sinaloa y el Cártel del Golfo. La guerra entre ellos y el combate de Calderón a los capos y luego un poco con EPN, provocó que muchos cárteles se quedaran descabezados, que muchas células empezaran a actuar por la libre. También sucede que muchas de los pequeñas pandillas tradicionales de la delincuencia común entendieron que la marca Z generaba impunidad. Y los Zetas también habían creado un modelo de organización para el control de las plazas, para el narcomenudeo, para la extorsión, el secuestro, el cobro de piso y sobre todo para corromper y ganarse a las autoridades. Ese modelo lo retoman muchos grupos que empiezan a actuar como si fueran parte de la delincuencia organizada para cometer delitos del orden común. Y eso se vuelve viral por decirlo en términos actuales: que muchos grupos que se quedaron acéfalos, muchas células que ya no tenían jefes, y muchas pandillas que estaban organizadas retoman el modelo de los zetas para cometer estos delitos que están ahora extendidos por todo el país, pero ya no son los grandes cárteles. Los grandes cárteles siguen actuando y generando violencia, pero esta violencia cotidiana de homicidios, que no son las tradicionales balaceras de los cárteles, hacen que cada mes el INEGI presente récords de homicidios. Ya no estábamos hablando nada más de ajustes de cuentas tradicionales entre los grandes grupos que se disputaban las plazas, sino de estos pequeños grupos que están en Tepito, en Iztapalapa o distribuidos por todo el país que se están disputando el narcomenudeo o una zona muy concreta. Todo esto es lo que está generando la violencia. Yo le llamo narcoinsurgencia, son jóvenes que siguieron el modelo zeta, a los que la sociedad no les dio la oportunidad de estudio o trabajo y están queriendo capturar su parte de la riqueza nacional con el modelo zeta.

 

 

Ahora que mencionas esto de los jóvenes a los que no se les ha dado oportunidad, ese uno de los planteamientos que hace el presidente electo. ¿Cuál es tu opinión sobre las posturas del próximo del gobierno que habla mucho de la necesidad de prevenir la violencia, de atacar las causas de la violencia?

 

 

Lo de atacar las causas lo dijeron Calderón y Peña Nieto: todos han planteado que hay que atacar las causas. Centrarse en esos jóvenes es una solución de largo plazo. Los jóvenes que ya están delinquiendo, pues ya están ahí, y prevenir que otros lleguen, perfecto, pero es una solución de largo plazo. El problema del nuevo gobierno es que no tiene un diagnóstico correcto para atacar el problema porque ellos siguen partiendo de la idea de que son los grandes cárteles. Ya estos grupos no tienen ninguna relación con el trasiego de drogas hacia los EUA. Tienen relación con el narcomenudeo, pero no tiene nada que ver con el narcotráfico hacia EUA. Entonces, mientras sigan partiendo de que hay que atacar capos, hay que atacar cárteles, eso no va a funcionar, y el problema de corto plazo es que esta situación no se ve cómo la puedan parar. El ejército en las calles no sirve porque salió para capturar a esos capos y a esos cárteles. Estas son pequeñas bandas que eluden muy bien a los militares porque para eso tienen halcones.

 

 

Se habla mucho de la corrupción entre funcionarios grandes, con gobernadores o generales, pero de la complicidad de los policías municipales y los funcionarios menores no se habla mucho.

 

 

Esa es la gran problemática. Y precisamente cuando AMLO menciona como medidas la amnistía y la reconciliación ese no es un lenguaje para este problema, ese es un lenguaje para Colombia y las FARC. Pero para México si quisieras hablar de pacificación tendrías que empezar a hablar de justicia y de alto a la impunidad, porque precisamente una cosa es que los grupos han logrado hacer toda esta violencia, pero AMLO no está hablando de castigar a estos funcionarios, a estos generales, a estos mandos medios de la policía, a estos gobernadores que protegieron y permitieron que estos grupos actuaran con toda impunidad. Y claro, en el último eslabón de la cadena están los policías municipales que ganan una miseria y son cooptados por el crimen organizado que tiene controlados a todos esos policías porque siempre han sido debido a sus bajos salarios pues principalmente sus empleados son malandros que se meten de policías.

 

 

Pero no solo a los bajos salarios. Existe una vulnerabilidad real en los policías municipales que viven en poblaciones pequeñas donde retar al crimen es un suicidio.

 

 

Claro, no tienen armas, no tienen pistolas, no les dan ni siquiera balas, y obviamente ellos no están para enfrentar al narcotráfico, ellos no tienen la capacidad para enfrentar a un grupo que tiene mayor organización, mayores recursos. Si no se quieren meter con el narco, lo único que pueden hacer para salvar la vida es cerrar los ojos y meterse como avestruz para no enfrentar una realidad que ven pero que ellos no pueden combatir.

 

 

 

 

 

 

 

DEPRIMERA VISIÓN
EN RETROSPECTIVA
REPORTAJE
VISIÓN LITERARIA
OBSERVATORIO DEPORTIVO
ENCUESTA