Entrevista. El Chapo Guzmán: El juicio del siglo
Publicado el: 15/07/2019 12:17:37 a.m. en
Entrevista. El Chapo Guzmán: El juicio del siglo
 

 

"Para muchos estadounidenses, el pro­ceso contra Guzmán Loera era un espectáculo de barbarie y drama extramarital. Para los mexicanos nunca dejaba de representar un problema más grande, donde miles de nues­tros connacionales buscaban a un familiar desaparecido, llo­raban a un muerto o intentaban luchar contra la corrupción que permitía que todo eso sucediera"

 

 

 

Por Sergio Ramos.

 

 

 

El juicio contra Joaquín Guzmán Loera en la Corte del Distrito Este de Nueva York se convirtió, durante más de tres meses, en un show que dio mucho de que hablar. El Chapo fue declarado culpable de 10 delitos y todo parece indicar que recibirá una condena de cadena perpetua en una prisión de máxima seguridad en Colorado.

 

 

La periodista Alejandra Ibarra Chaoul estuvo presente durante todo el juicio y fue testigo directa de todas las acusaciones, alegatos y personajes que pasaron frente al Chapo, desde los reporteros que cubrieron el caso hasta los ciudadanos que acudían a la corte para conocer en persona al capo sinaloense convertido en leyenda por todas las historias, falsas o verdaderas, que se contaban de él.

 

 

"Para muchos estadounidenses, el pro­ceso contra Guzmán Loera era un espectáculo de barbarie y drama extramarital. Para los mexicanos nunca dejaba de representar un problema más grande, donde miles de nues­tros connacionales buscaban a un familiar desaparecido, llo­raban a un muerto asesinado o intentaban luchar contra la corrupción que permitía que todo eso sucediera", escribe Ibarra Chaoul en su libro El Chapo Guzmán: El juicio del siglo (Aguilar, 2019).

 

 

 

De Primera Noticias: Entre todos los personajes involucrados en el juicio del Chapo Guzmán hay dos personajes en los que te detienes especialmente: Emma Coronel Aispuro y Lucero Sánchez. Háblanos sobre las impresiones que te generaron y sobre esta fascinación que se dio entre Emma y los reporteros.

 

 

Alejandra Ibarra Chaoul: Esta fue una de las partes que más me intrigaron y más trabajo me costó narrar. Emma Coronel y Lucero Sánchez son mexicanas, tienen la misma edad y estaban en la corte por la misma razón aunque en condiciones muy distintas. Para mí fue impresionante ver en esa sala a Lucero como prisionera y a Emma en su papel de esposa. Emma me pareció una persona muy enigmática. Al principio era muy reservada con los reporteros por razones entendibles ¿no? ya que íbamos a escribir acerca de todo lo que hiciera y tenía que tener una presencia muy cuidada. Pero poco a poco, con la convivencia de estarnos viendo durante tres meses, se desarrolló una relación más cercana. Te la encontrabas en los pasillos de la corte y te saludaba, hola, cómo estás, comía en el mismo restaurante donde comíamos nosotros los reporteros y la convivencia diaria la fue convirtiendo en alguien mucho menos lejano.

 

 

 

¿Qué decía la prensa con respecto a ella?

 

 

Había quienes veían a Emma como alguien muy superficial. Por ejemplo, cuando se estaban dando los testimonios contra el Chapo, ella se estaba mirando las uñas o se revisaba el cabello. Había quienes vieron en ella una figura estratégica, ambiciosa y como parte de la organización criminal. Y había quienes veían en ella a una víctima de violencia de género ya que el Chapo Guzmán la conoció cuando tenía 17 años y no sé qué tantas opciones pudo haber tenido de elegir su camino. Yo creo que en todos generaba mucha curiosidad.

 

 

 

¿Y en el caso de Lucero Sánchez?

 

 

Yo creo que Emma y Lucero son las dos caras de una misma moneda. Emocionalmente hablando me costó trabajo cubrir la historia de Lucero. Me pareció muy interesante su vida con respecto a cómo creció en Cosalá, cómo fue su condición económica en la infancia, su primer matrimonio con un esposo que la golpeaba, cómo siendo muy joven conoce al Chapo, quien le dobla la edad. Cómo empieza a mandarle paquetitos de droga desde Durango, gratis, no como empleada sino como para llamar su atención. Y luego cuenta que le tiene miedo al Chapo, que la amenaza directamente de muerte y ella decide irse a Estados Unidos. Y luego de ser detenida en Estados Unidos incluso se declara inocente hasta un mes antes del juicio que cambia su declaración a culpable para testificar contra el Chapo. Durante el juicio, de repente se ponía a llorar y la tenían que sacar de la sala. Fue impresionante.

 

 

 

Otros de los personajes que aparecen en tu libro como parte del juicio son los ciudadanos que acudieron a la corte para conocer en persona al Chapo Guzmán.

 

 

Era gente curiosísima. Había una pareja integrada por una mujer de Sinaloa y un hombre de Michoacán, que vivían en California, y quienes como “regalo de aniversario de boda” fueron a Nueva York para ver al Chapo en persona en la corte. Incluso, la mujer que era de Culiacán se armó de valor para acercarse a Emma y saludarla y hasta temblaba de la emoción. También me tocó platicar con el dueño de una panadería en Nueva York que me dijo que le parecía que el Chapo era un hombre de negocios muy eficiente. Decía él vende productos como yo y los entrega y eso es lo que hace. Es un negocio diferente porque resulta que las drogas son ilegales, pero es un negocio en sí. Y yo creo que esta gente de alguna manera se sentía identificada, reflejada, y pues sí hay mucha gente que lo idolatra. Tú sabes mejor que yo cómo es la imagen de esta persona allá en Sinaloa.

 

 

También llama la atención el caso de los integrantes del jurado. Mencionas el caso de una señora que se enfermó porque le daba miedo formar parte de este juicio. También el caso de un empresario que decía que no podía desatender sus negocios. Háblanos de estos personajes tan peculiares en los juicios en Estados Unidos.  

 

 

Sí, eso también es una parte muy interesante porque son doce personas comunes y corrientes. Esa mujer que mencionas se soltó a llorar, aterrorizada, ya que comentó que había visto películas donde los acusados mandaban matar a los integrantes del jurado. E incluso le escribió una carta de su puño y letra al juez hablándole de los problemas de salud que había desarrollado a partir de la ansiedad que le causaba formar parte de ese juicio.

 

 

¿Qué es lo que comentaba la prensa estadounidense durante los días del juicio?

 

 

Durante los tres meses del juicio, cuando yo iba a cenas o fiestas en Nueva York que no tenían nada que ver con el asunto, el tema de conversación era el juicio. Se cubrió muchísimo por la prensa local aunque también se prestó mucho al espectáculo. Para los medios estadounidenses que no entienden esta parte de las consecuencias que nosotros vemos en México, se prestó mucho para cómo iban vestidos, la vez que fueron vestidos iguales Emma y el Chapo, las descripciones muy cruentas de asesinatos. Entonces sí se convirtió en un asunto de espectáculo.

 

 

¿En algún momento tuviste la impresión, la sensación, de que estabas acudiendo a una representación teatral donde había quienes ya sabían cuál iba a ser el final de la obra o de la farsa?

 

 

Sí sentía que estaba viviendo algo muy histórico. Y en cuanto a que fuera una puesta en escena, muchas veces sentía como que estaba en una película, pero no necesariamente porque yo supiera el final, sino por la manera en que iban sucediendo las cosas. Por ejemplo, cuando llega el agente del FBI y empieza a presentar los mensajes que se mandaban entre el Chapo y Emma Coronel, el Chapo y Agustina Cabanillas, el Chapo y Lucero. La fiscalía presenta la evidencia y luego los abogados de la defensa le preguntan, oye, pero tu nunca oíste la voz del Chapo, nunca lo viste mandar los mensajes, tu no viste con tus ojos que estaba el Chapo, y el agente del FBI en ese momento, pues no, efectivamente no estuve ahí, nunca conocí al Chapo, y lo que parecía una victoria para la defensa, en ese instante la fiscalía dice, perfecto, ahora queremos llamar al ingeniero en sistemas que le hackeó el celular al Chapo, que sí lo oyó, que estuvo con él en la sierra y que vio cómo mandaba los mensajes. Esos pequeños aspectos de testimonios te daban la sensación de estar como en una película.

 

 

¿La prensa estadounidense investiga sobre sus propios narcos?

 

Durante el juicio se mencionaba a los hermanos Flores, de origen mexicano y que vivían en Chicago, y se mencionó también que Alex Cifuentes, el narco colombiano, que tenía los contactos en Nueva York y ayudó al cártel de Sinaloa con la distribución, pero fuera de estas menciones muy por encima no se mencionó la complicidad y mucho menos el grado de corruptela en EUA como se expuso el de México.

 

 

Eso fue por parte de los involucrados en el juicio. Pero ¿la prensa estadounidense investiga a sus propios narcos, a sus propias autoridades, como sí sucede en México?

 

 

Sí hay una prensa de investigación importante, fuerte, que hace este tipo de trabajos, pero te voy a decir que durante los tres años que llevo viviendo en Estados Unidos no he visto ninguna investigación sobre los vínculos con el narco en la parte estadounidense.

 

 

¿Qué lección crees que quiso mandar el gobierno de EUA con la representación mediática que se hizo con este juicio?

 

 

Primero construyeron esta figura del Chapo como el gran villano y después, con el veredicto, está claro que se trató de un juicio muy político con el cual ellos se felicitan por el trabajo que hicieron y con el que pretenden mostrar que su estrategia [contra las drogas] funciona y a seguir con ella. Y también para el actual presidente, Donald Trump, fue muy útil porque, tanto que critica y discrimina a los mexicanos y defiende su cruzada contra la migración, que este juicio le sirvió para decir que efectivamente este mexicano era un monstruo del tamaño que lo pintan.

 

 

¿Qué impresión te dejó el Chapo a ti que lo viste en persona y viste sus reacciones? En el libro mencionas que cuando entró Lucero a la sala él evitó mirarla a la cara. ¿Con qué impresión final te quedas de él?

 

 

Yo llegué el primer día del juicio con una idea de un Chapo de leyenda por todo lo que sabíamos de él gracias a las investigaciones o por la serie, pero el día en que lo vi por primera vez requiriendo de una interprete porque tenía una infección en los oídos, buscando con la mirada a Emma Coronel medio confundido, se fue convirtiendo en alguien mucho más terrenal, en un ser humano de carne y hueso. E incluso por momentos parecía vulnerable. Y conforme lo van describiendo y pintando los testigos (Lucero se refería a él como su amante, el Tololoche como su patrón, el Rey Zambada como su amigo) se va convirtiendo en una persona tridimensional, una persona mucho más compleja, con sus grises, sus sombras, alguien vulnerable, una persona que tomó una serie de decisiones y en alguien mucho más real.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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