El pase de charola para Enrique Peña Nieto: ¿Cuánto aportó Malova?
Publicado el: 12/08/2019 11:48:47 a.m. en
El pase de charola para Enrique Peña Nieto: ¿Cuánto aportó Malova?
 

 

A principios de 2012, gobernadores y dirigentes sindicales fueron convocados por Miguel Ángel Osorio Chong y Luis Videgaray para apoyar la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto. Entre esos mandatarios estatales a los que les pidieron aportaciones, ya sea en efectivo o en especie, se encontraba Mario López Valdez. Algunos gobernadores como Javier Duarte, Roberto Borge o César Duarte, entregaron maletas con millones de pesos en efectivo. Otros entregaron contenedores con despensas y electrodomésticos. Lo que sea que haya aportado el gobierno de Sinaloa, la administración estatal anterior dejó una deuda de más de 13 mil millones de pesos.

 

 

 

Por Alfredo Rendón.

 

 

 

A mediados de abril de 2012, Mario López Valdez y Raúl Salinas de Gortari se reunieron en Sinaloa, en un encuentro privado que tuvo como objetivo “alinear” al gobernador a favor del candidato del PRI a la presidencia, Enrique Peña Nieto.

 

 

Cuando la noticia trascendió a los medios, se dijo que fue una reunión casual, debido a que Salinas había acompañado a su pareja a Sinaloa debido a que ella, Ana Cecilia Martínez Cairo (hija de Gerónimo Martínez García, quien fuera secretario de Educación Pública y Cultura durante el gobierno de Renato Vega Alvarado) es originaria de Culiacán.

 

 

Durante la campaña a la gubernatura de 2010, Enrique Peña Nieto le había mostrado todo su apoyo al candidato del PRI, Jesús Vizcarra Calderón, a quien incluso acompañó junto con Angélica Rivera en varios eventos en el municipio de Ahome, donde fue recibida con euforia por la gente al grito de “Gaviota”.

 

 

Una vez que Peña Nieto consolidó su grupo político para sacar de la jugada a Manlio Fabio Beltrones y convertirse primero en el único precandidato y más tarde en el candidato oficial, Malova fue llamado a mostrar su apoyo a la campaña del exgobernador del Estado de México, en la cual se acabarían gastando más de 4 mil 500 millones de pesos, cuando el tope fijado por el entonces Instituto Federal Electoral era de 336 millones.

 

 

Malova fue parte de los 23 gobernadores a los que les pidieron aportaciones, ya sea en especie o en dinero procedente de los fondos públicos, para llevar a Los Pinos al representante del Grupo Atlacomulco.

 

 

De acuerdo con Roberto Rock en su libro La historia detrás de la infamia, los gobernadores priistas a los que se les pidieron aportaciones fueron Javier Duarte, de Veracruz; Ivonne Ortega, de Yucatán; Carlos Lozano, de Aguascalientes; César Duarte, de Chihuahua; Jorge Herrera, de Durango; Francisco Olvera, de Hidalgo; Roberto Borge, de Quintana Roo; Egidio Torre Cantú, de Tamaulipas; Mariano González Zarur, de Tlaxcala; Miguel Alonso Reyes, de Zacatecas; José Calzada, de Querétaro.

 

 

En ese mismo caso estuvieron mandatarios estatales que tenían su origen en el PRI pero que habían alcanzado la gubernatura bajo otros partidos, entre ellos, Rafael Moreno Valle, de Puebla; Mario López Valdés, de Sinaloa, y Gabino Cué, de Oaxaca.

 

 

El “pase de charola” entre los gobernadores fue primeramente gestionado por Miguel Ángel Osorio Chong y Humberto Moreira, exmandatarios de Hidalgo y Coahuila, respectivamente, quienes desde sus entidades habían gestionado apoyos a Peña Nieto primero de manera directa y después a través de los amigos a quienes heredaron el puesto.

 

 

La recolección del dinero se hacía a través de Nuvia Magdalena Mayorga Delgado, quien fuera secretaria de finanzas de Osorio Chong en Hidalgo y actualmente es senadora por el PRI. El dinero entregado por gobernadores se hizo en efectivo, en maletas o cajuelas de auto, mientras que los apoyos en “especie” eran entregados en contenedores de tráileres cargados con camisetas, electrodomésticos, despensas, televisiones, etc.

 

 

“El proceso se convirtió en una cadena de favores que generó un incentivo perverso en los estados, cuyas autoridades asumieron tener luz verde para resarcirse de las aportaciones realizadas o emprender negocios personales con la garantía tácita de que dispondrían de impunidad”, señala Rock.

 

 

Cuando algún gobernador se mostraba renuente a contribuir con la causa, Nuvia Mayorga se lo comunicaba a Luis Videgaray, quien se desempeñaba como director de finanzas de la campaña, para que hablara directamente con el mandatario estatal: “Contamos con tu apoyo, gobernador, ya habrá tiempo de corresponder”, pero en otros casos la presión se ejercía de manera más violenta, como le sucedió al gobernador de Hidalgo, Francisco Olvera, quien por oponer resistencia a la entrega de recursos públicos, fue amenazado por Eduardo Osorio, hermano del futuro secretario de Gobernación: “Miguel te puso en donde estás. Tú no eres diputado, alcalde o gobernador. Tú trabajas para Miguel como diputado, alcalde o gobernador”.

 

 

Roberto Rock recuerda que con el inicio de la administración de Peña Nieto y su hermano  en Gobernación, Eduardo Osorio Chong fue señalado en varias investigaciones por presunto enriquecimiento apoyado de compañías constructoras a nombre de prestanombres, que operaba a través de delegados del gobierno federal en varios estados, especialmente de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Al final del sexenio, fuentes del gobierno estadounidense aseguraron al autor haber abierto una indagatoria judicial sobre el hermano del secretario de Gobernación por presunto lavado de dinero en la compra de propiedades y activos financieros en Estados Unidos.

 

 

A mediados de la campaña, cuando el candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador empató en las encuestas a Josefina Vázquez Mota (ambos 8 puntos debajo de Peña Nieto), Luis Videgaray convocó a una junta urgente con gobernadores y líderes sindicales.

 

 

El comportamiento de las encuestas al inicio de la campaña le daba una aceptable ventaja a Peña Nieto, seguido de Vázquez Mota, mientras que López Obrador se mantenía en un rezagado tercer sitio. Una de las estrategias del equipo de campaña de EPN para bajar a la candidata del PAN fue hacer subir a López Obrador, por lo que Videgaray pidió a los mandatarios estatales colocar en sus entidades anuncios espectaculares a favor del candidato de la izquierda “porque Josefina se nos está acercando”.

 

 

La estrategia contribuyó a darle nuevos aires a la campaña lopezobradorista. El hecho de haber empatado y en algunas encuestas superado a la panista, generó cierta esperanza entre los votantes del tabasqueño y zozobra en el equipo de Peña Nieto por lo contraproducente de la estrategia fomentada.

 

 

En una nueva reunión con gobernadores, Videgaray les pidió “un último esfuerzo” económico para la etapa final de la campaña. En dicha reunión, en la que estaba presente el propio Peña Nieto, Videgaray les pasó a cada uno de los invitados una tarjeta en blanco y un sobre. En dicha tarjeta debían anotar la cifra que estaban dispuestos a aportar para que ganara el candidato del PRI al que le debían entregar el sobre. 

 

 

“Un testigo consultado aseguró haber alcanzado a ver que un dirigente sindical escribió una cantidad de varios cientos millones de pesos”, señala Roberto Rock.

 

 

El 1 de julio de 2012 se llevaron a cabo las elecciones y Peña Nieto ganó con el 38.20%, casi 6 puntos arriba de López Obrador, quien consiguió el 32.60% de la votación, mientras Josefina Vázquez quedó rezagada con el 25.39%.

 

 

Los gobernadores que aportaron carretadas de dinero para Peña Nieto no podían estar más contentos. A la victoria peñanietista siguieron meses de euforia con la aprobación de las reformas y el Pacto por México. Los gobernadores se sintieron a salvo: sus aportaciones –las aportaciones de los ciudadanos- les garantizaban impunidad, por lo que empezaron a servirse con la cuchara grande sin ningún tipo de discreción, trabajando para asegurar su futuro y el de sus familias, comprando propiedades en México y el extranjero, desviando recursos públicos y solicitando préstamos millonarios que los congresos estatales aprobaron sin reparo.

 

 

Pero cuando el declive llegó, los arrastró a todos, borró las lealtades y al gobierno de Peña Nieto no le quedó más remedio que perseguir a algunos de estos personajes que contribuyeron a su empoderamiento. Ahora, unos están en la cárcel, otros están siendo buscados, y algunos más aguardan en silencio, atentos, cualquier señal del nuevo gobierno que les indique que ellos serán los siguientes en caer en desgracia.

 

 

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