El final de la telenovela presidencial
Publicado el: 01/09/2018 08:26:44 p.m. en
El final de la telenovela presidencial
 


En diciembre no solo terminará el gobierno de Enrique Peña Nieto. También su matrimonio teledirigido con Angélica Rivera. El plan fracasó: la idea de aprovecharse de la popularidad de la actriz para encumbrar a su marido acabó en un rotundo fracaso: ambos se encuentran rodeados por el escándalo, la corrupción y el malestar social. Lo que comenzó como una historia de amor que buscaba el respaldo de las masas terminará en un divorcio anunciado –y pospuesto hasta que concluya el sexenio- desde que el escándalo de la Casa Blanca acabó con la luna de miel de la pareja presidencial.

 

Por David Fuentes M.

 

Este verano Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera no pasaron las vacaciones juntos. El presidente viajó a un resort en Punta Mita, Nayarit, mientras que la primera dama se fue junto con sus hijas y un impresionante equipo de seguridad a París, Francia. Desde el complejo hotelero donde se hospedó, Peña Nieto le mandó un mensaje de Twitter a su esposa, en el que la felicitaba por su cumpleaños 49.

“Muchas felicidades en su cumpleaños a quien me ha regalado ya 10 años de estar juntos y de compartir muchas vivencias que han dejado huella. Angélica, te deseo todo lo mejor en la vida, salud y muchas alegrías. Gracias por tu entrega y dedicación a nuestra familia. ¡Qué Dios te bendiga!”, decía el tweet del presidente.

Para muchos no pasó desapercibido el aparente tono de despedida con que Peña Nieto le mandaba felicitaciones a su aún esposa: “Te deseo lo mejor en la vida”. En redes sociales no se dejó de mencionar que esa es la típica frase de despedida que se mandan las exparejas cuando no quieren quedar mal. Quien la haya escrito (el equipo de comunicación del Gobierno Federal o el propio presidente) cometió un descuido que solo ha servido para alimentar el rumor de que Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera ya no son pareja y que, a la manera de José López Portillo y Carmen Romano (quienes se separaron apenas concluyó el sexenio aunque se divorciaron 9 años después), solo están esperando que acabe la presente administración para separarse definitivamente aunque ya, de facto, cada uno hace su vida por su lado.

“Durante casi cuatro años la relación entre Peña Nieto y Rivera ha sido todo lo contrario a una telenovela rosa: desencuentros políticos, diferencias entre los hijos, un nuevo escándalo sobre el departamento en Miami de La Gaviota, tensión protocolaria, sonrisas congeladas, la eterna pose de enamoramiento que ya nadie la compra”, señala el periodista Jenaro Villamil. “Para nadie en el entorno íntimo [de la pareja] es un secreto que los dos personajes se han distanciado física, política y emocionalmente. El convenio entre ambos se rompió prácticamente desde que llegaron a Los Pinos.”

El autor de La caída del telepresidente (2015) y La rebelión de las audiencias (2017) marca como inicio de la fractura el escándalo de la Casa Blanca. Para nadie es un secreto que la actriz fue obligada por los asesores de su marido a que saliera a dar la cara por una propiedad que no era suya e intentar salvar la imagen del presidente. La casa, valorada en 82 millones de pesos, estaba destinada a ser el hogar de la familia una vez que acabara el sexenio. Sin embargo, la actriz anunció que, debido al escándalo que se generó, había tomado la decisión de ponerla a la venta. Sin embargo, la propiedad siempre estuvo a nombre de una inmobiliaria del Grupo Higa y la pareja presidencial tuvo que renunciar a ella tras destaparse el escándalo.

 

El inicio del convenio

 

Peña Nieto y Rivera se conocieron en 2008, cuando él era gobernador del Estado de México y ella la actriz más popular de Televisa luego de interpretar el personaje de La Gaviota en la telenovela Destilando Amor (2007). El gobierno de Peña Nieto la contrató para que fuera la imagen de la campaña publicitaria “300 compromisos cumplidos”. A partir de entonces, como parte de su contrato, Rivera acudió a eventos oficiales en el Estado de México en los que acompañaba a Peña Nieto. Desde entonces se empezó a correr el rumor de una posible relación sentimental entre ambos. El gobernador había enviudado de su esposa Mónica Pretelini en enero de 2007. La Gaviota estaba en medio de un proceso de divorcio con el productor de televisión José Alberto Castro. Una vez que empezaron a salir, la actriz tuvo que apresurar su separación. A finales de 2008, Peña Nieto confirmó en un programa de televisión que ambos eran “novios”.

Peña Nieto, quien nunca había pensado en la posibilidad de ser presidente de México, fue convencido por sus mentores Arturo Montiel y Carlos Salinas de Gortari para emprender ese camino, por lo que necesitaba urgentemente una estrategia de marketing que lo posicionara a nivel nacional. Angélica Rivera, con su enorme popularidad, fue la respuesta. Estamos hablando de los años 2008, 2009 y 2010, cuando la televisión abierta aún tenía poder para imponer agenda en la opinión pública. El gobernador comenzó a aparecer en programas de espectáculos y de entrevistas tanto en Televisa como en TV Azteca. Se le daba trato de estadista y para nadie fue un secreto que la empresa de Emilio Azcárraga Jean le estaba dando un fuerte impulso a su imagen a cambio de contratos millonarios por concepto de publicidad para promocionar los logros de su gobierno.

Se casaron por la iglesia el 27 de noviembre de 2010 en la catedral de Toluca. Esto sucedió luego de un escándalo desatado por la manera en que se consiguió anular el matrimonio por la iglesia de la actriz con el productor de televisión. El trámite de anulación estuvo cargado de irregularidades auspiciadas desde la cúpula de la Iglesia Católica. Sin embargo, los escándalos de la pareja presidencial apenas empezaban.

En los primeros meses del nuevo gobierno ya se hablaba de gastos excesivos por parte de la primera dama en sus viajes a Miami, para los cuales acarreaba con toda su familia y personal del Estado Mayor Presidencial, lo que elevaba las cuentas a nombre del gobierno mexicano en concepto de transporte, hospedaje en hoteles de lujo y gastos de estancia. En mayo de 2013, Angélica Rivera ofreció una entrevista a la revista Hola que se realizó en una casa en la que, anunció, viviría con su familia una vez terminado el sexenio. Esta propiedad, con un valor que supera los 80 millones de pesos, cuenta con estacionamiento subterráneo, elevador, piso de mármol, seis recámaras, habitación principal con spa y sistema de luces para ambientar la casa para distintos tipos de eventos. La propiedad se ubica en el 150 de la calle Sierra Gorda, en Las Lomas de Chapultepec, Ciudad de México.

“En nuestra casa llevamos una vida lo más normal posible. Les he hecho saber que los Pinos nos será prestado solo por seis años y que su verdadera casa, su hogar, es esta donde hemos hecho este reportaje”, aseguró Angélica Rivera .

En 2014 la periodista Carmen Aristegui dio a conocer una investigación en la que se señalaba que dicha propiedad no estaba a nombre ni del presidente ni de la primera dama sino de Ingeniería Inmobiliaria del Centro, que pertenecía a Grupo Higa, un consorcio empresarial que se había beneficiado con contratos con el gobierno de Peña Nieto en el Estado de México por más de 8 mil 800 millones de pesos. Grupo Higa, además, iba a participar en la construcción del tren rápido Ciudad de México-Querétaro, un proyecto millonario que finalmente tuvo que ser cancelado.

La casa fue construida en 2010 al gusto de la pareja presidencial, según contó el propio arquitecto encargado de la obra. Para su construcción, incluso, Grupo Higa adquirió varias propiedades de los alrededores para hacerla más grande y que tuviera salida a dos calles distintas. Cuando el caso salió a la luz pública, dejando en evidencia el conflicto de intereses entre una empresa que trabaja para el gobierno y la entrega de esa casa “a modo de pago” por los contratos recibidos, la primera dama fue obligada a aparecer en un video en redes sociales en el que aseguraba que la casa era suya y que la había comprado con el dinero ganado en Televisa.

“Inicié mi carrera artística desde los 15 años. Trabajé durante 25 años con la empresa Televisa. Entre otras cosas, realicé telenovelas que no solo fueron vistas en México, sino en muchos otros países del mundo con una alta audiencia”, señaló en el video en el que aseguraba que el contrato celebrado con la televisora había sido por 88 millones de pesos, con lo que demostraba, dijo, que tenía la capacidad económica para comprar la casa de Sierra Gorda 150.

Las reacciones a este video no se hicieron esperar. Burlas y memes circularon por las redes sociales. Pero el asunto generó una ruptura en la pareja presidencial. Obligada a desprenderse de la mansión luego de haberla presumido en revistas, Rivera se refugió en su departamento de Miami para evitar el escarnio. Regresaba a México solo para acompañar a su marido en eventos en los que su presencia fuera absolutamente indispensable (la ceremonia del Grito, recibimiento de presidentes de otros países, eventos del DIF, etc.) para luego regresar, sola o con sus hijas, a Miami.

En público, la pareja presidencial se abrazaba, sonreía, se daban muestras de cariño, pero apenas concluían los eventos, La Gaviota se desprendía de su personaje de primera dama sonriente y educada y regresaba a su refugio, lejos de las cámaras y de las burlas de sus propios compañeros del gremio actoral.

Casi diez años después de iniciado el romance orquestado desde Televisa, ya no queda ni el deseo de simular hasta el final de la obra el amor que un día se juraron. Mientras Peña Nieto se va de vacaciones por su lado, La Gaviota emprende otro rumbo. A distancia el presidente la felicita por su cumpleaños. Ella ni siquiera manda acuse de recibo. 

DEPRIMERA VISIÓN
EN RETROSPECTIVA
REPORTAJE
VISIÓN LITERARIA
OBSERVATORIO DEPORTIVO
ENCUESTA