Cleptocracia: el nuevo modelo de la corrupción. Entrevista con Jenaro Villamil
Publicado el: 21/06/2018 06:34:29 p.m. en
Cleptocracia: el nuevo modelo de la corrupción.  Entrevista con Jenaro Villamil
 

Por Sergio Ramos.



La cleptocracia (del griego clepto y cracia, dominio de los ladrones), conducida por los tecnócratas neoliberales, ha dominado la vida política mexicana de los últimos 40 años. Con el agotamiento del viejo sistema que veía en el nacionalismo revolucionario su principal estandarte ideológico, arribaron al poder los llamados “técnicos”, luego conocidos como “tecnócratas”, egresados de las universidades estadounidenses como seguidores de las teorías liberales de Milton Friedman.

 

 

Carlos Salinas de Gortari y Miguel de la Madrid fueron los primeros tecnócratas en ocupar puestos importantes en el gobierno. Al llegar a la presidencia, sacudieron por completo el sistema económico que durante los años cuarenta y cincuenta generó el llamado “milagro mexicano”, pero que en la década de los setenta ya daba muestras de agotamiento.

 

 

A lo largo de casi cuatro décadas, los tecnócratas han conducido al país por el abismo neoliberal que ha generado que el 43.6% de la población viva en la pobreza (53.4 millones de mexicanos) a pesar de que en cada elección presidencial usan el mismo discurso de “vamos por buen camino” para convencer a la población de que un cambio de rumbo sería un error.

 

 

 

DE PRIMERA NOTICIAS: Descríbenos a grandes rasgos cómo se da el asalto de los tecnócratas al sistema político mexicano durante el gobierno de José López Portillo.

 

JENARO VILLAMIL: Es el origen de una toma del poder silenciosa. No fue un golpe militar. No hubo, digamos, tanquetas en la calle. Pero sí fue una especie de golpe de Estado silencioso al interior del gobierno de José López Portillo. Desde entonces a la fecha no han soltado el poder. Se han peleado entre ellos, ha habido disputas, pero ellos han tenido el control no solo de las decisiones económicas y financieras fundamentales, sino también de la política, del partido o de los partidos en el poder porque también la tecnocracia ha cogobernado con el PAN. Y ese golpe interno se da justamente como resultado de una crisis dentro del viejo sistema del PRI.

 

 

Son la tercera categoría de políticos en gobernar el país tras la revolución de 1910.

 

Así es. Primero estuvieron los militares, luego siguieron los civiles llamados “cachorros” de la revolución de la época de Miguel Alemán Valdés (1946-1952) y luego los tecnócratas.

 

 

En el libro colocas a la par el ascenso de los tecnócratas y la reconfiguración del mapa delincuencial, de los cárteles del narco en México. Háblanos sobre esta asociación entre el ascenso de unos y otros.

 

Coincide el ascenso de la tecnocracia con la reconfiguración de los grupos criminales del narcotráfico. Digamos que si antes los grupos criminales estaban bajo el control del Estado, eran parte del Estado, con los tecnócratas y la idea neoliberal del mercado también se privatizan y se vuelven empresas del crimen vinculados a los grupos de poder tecnocrático. Lo que normalmente no vemos es que están absolutamente relacionados. De hecho, la reconfiguración de los cárteles surge justamente con el gobierno de Miguel de la Madrid y de Salinas. Antes ni siquiera había una denominación de cárteles. Eran grupos que estaban bajo el control del gobierno a través del ejército. Y a partir del modelo salinista estos grupos se fragmentan.

 

 

¿Cómo ubicas la llegada de los tecnócratas en el contexto internacional?

 

No podríamos entender lo que pasó en México sin el ascenso ya de un proyecto económico global que era el que encabezan Ronald Reagan y Margaret Thatcher, toda la ola neoliberal que tomó el poder en los grupos de decisión fundamentales. Y en México lo hacen a través de los que estudiaron en las universidades que se formaron con la ideología de Harvard o Yale.

 

 

¿Cuál ha sido el saldo de la aplicación de las ideas neoliberales en los países subdesarrollados como México?

 

Yo creo que en los países periféricos o subdesarrollados los saldos han sido terribles. Lo vemos en toda América Latina. No te puedes explicar lo que ha pasado en Venezuela, en Colombia, en Brasil, en Argentina, en Bolivia, en México, sin esos efectos del modelo neoliberal. Pero en ningún país como México ha habido una tecnocracia tan sólida, tan dura, tan refractaria y resistente al cambio del sistema político.

 

 

Háblanos sobre los personajes que encabezaron esta llegada de los tecnócratas: Miguel de la Madrid y Carlos Salinas.

 

La primera oleada, la primera generación son Miguel de Madrid y Carlos Salinas de Gortari, junto con todos los que estaban trabajando en la Secretaría de Programación y Presupuesto. La segunda oleada se da con la ruptura en el seno del grupo de Salinas, que es la llegada de Zedillo, y luego la prolongación de esa disputa a través de la alternancia. En los dos gobierno panistas, los de Vicente Fox y Calderón, estuvieron presentes los cuadros de Salinas y de Zedillo. Y con Peña lo que hay es el intento abortado o más bien frustrado por los excesos de corrupción de crear una tercera generación de tecnócratas con Luis Videgaray al frente. Videgaray quiso ser el neosalinas, es decir, el nuevo padrino de la tecnocracia, y la apuesta le ha resultado muy cara y fallida. Su candidato presidencial está en tercer lugar. Su apuesta por una relación, digamos, de docilidad con Donald Trump no le ha servido de nada. México está a punto de salir del TLC. Y, por si fuera poco, López Obrador se perfila a ganar la presidencia. Tiene la misma inteligencia de Salinas, pero su ambición y el exceso de corrupción es mucho más elevado, muchísimo más elevado que en la época de Salinas.

 

 

Y también hay una sociedad mexicana distinta a la de aquella época.

 

Hay una sociedad mexicana que viene de 12 años de guerra. Eso marca la diferencia fundamental. Cuando los tecnócratas llegan a tomar los centros neurálgicos del poder a inicios de los años ochenta, no había lo que hay ahora, es decir, un agotamiento frente a la violencia socialmente generalizada.

 

 

Y también existía una sociedad sin tanto acceso a distintas voces de información.

 

Además había un control muy claro de la información a través del monopolio televisivo y de los medios tradicionales. El cambio también lo está generando esta especie de transición del modelo analógico a lo digital que lo he explicado en mi libro La Rebelión de las Audiencias.

 

 

Mencionas a José Antonio Meade como el símbolo, la concentración, el nieto, de la tecnocracia originada a finales de los años setenta, principios de los ochenta.

 

Meade pertenece a esta tercera generación de tecnócratas que quieren empoderarse pero nunca, y no creo que ya le de tiempo, se distanció de su mentor y padrino político que es Luis Videgaray. Meade lo que representa es la idea de que los tecnócratas pueden ser tanto del PAN como del PRI y el PRD. Su campaña ha sido muy fallida porque lo que él no se ha dado cuenta es que justamente la gente está ya harta de este tipo de políticos que dicen que tienen mucha capacidad pero han dejado al país en ruinas.

 

 

El de Peña Nieto quedaría entonces como el último gobierno tecnócrata en caso de que AMLO gane las elecciones. ¿Qué papel ocupa en esta debacle del sistema?

 

Peña Nieto es importante porque si lo analizas descubres que es la fusión de un tecnócrata (era el secretario de Administración y Finanzas del exgobernador Arturo Montiel) con muy poca experiencia en la calle pero con mucha experiencia en los manejos de triangulación financiera. Fue el corresponsable de los desfalcos y corrupción de Montiel. Pero a eso le agregas que también fue el último producto más acabado del grupo cleptocrático más fuerte de México que es el Estado de Mexico. Al Edomex no lo puedes analizar si no te das cuenta que en sí mismo es una cleptocracia, es decir, son redes de complicidades y familiares muy fuertes que vienen desde Carlos Hank. El proyecto de ellos era durar muchos años en el poder nacional. El gran problema es que nunca se han dado cuenta de que México no es el Estado de México, es decir, las condiciones que tienen ellos de control en el Edomex no son las mismas que tienen para el país. Entonces el fracaso de peña ha sido rotundo porque hay un país muy distinto al Estado de México. De hecho, quieren aplicar el mismo modelo del fraude electoral a nivel nacional, pero eso ya no va a ser posible. Y construyeron un candidato igual que a Peña, es decir, dale mucha televisión, dale mucho escenario y va a crecer, pero no sucedió nada de eso. ¿Por qué? Porque ya hay un cambio de modelo de comunicación. Ya no funcionan como antes funcionaban esos telecandidatos.

 

 

 

Háblanos de la cleptocracia mexicana en relación con otros casos en Latinoamérica. El neoliberalismo llegó a varios países de la región de la mano de las dictaduras de derechas como en Chile con Augusto Pinochet.

 

Todos los sistemas que degeneran en sistema de robo se pueden definir como cleptocráticos. Fue lo que sucedió antes de la llegada de Hugo Chávez en Venezuela. Él llega al poder no solo por ser popular o porque era un líder carismático, sino porque los partidos que gobernaban estaban hundidos en la corrupción. Paradójicamente le sucedió lo mismo al chavismo. El chavismo ahorita está hundido en una disputa de corrupción terrible con Nicolás Maduro. Pasó lo mismo con Lula en Brasil. Lula, que es un fenómeno muy similar al de López Obrador, llega como resultado del agotamiento de la clase política brasileña. Ya casi nadie se acuerda de los escándalos de corrupción de Collor de Mello, que fue el Salinas de Brasil. Y en el caso de Argentina ha sido recurrente: ahí sí tanto peronistas como radicales han tenido este tipo de crisis. Pero en el caso de México la diferencia sustancial es que durante muchos años fue un sistema de partido hegemónica. El ensayo de la alternancia pretendió maquillar una democracia. Pero cualquier mexicano te va a decir que eso ha sido una ficción. En realidad no han cambiado ni la conducción económica ni las maneras de corrupción. Y al contrario se ha aumentado el nivel de violencia.

 

 

¿Consideras que, en caso de ganar las elecciones, el gobierno de AMLO representaría un cambio significativo en políticas fundamentales para el rumbo del país o solo sería un gobierno con cambios en ciertas áreas sociales?

 

La tesis del libro es que quizá no pueda cambiar radicalmente el modelo económico. No hay condiciones internacionales para cambiar eso. Pero lo que tiene que cambiar es el sistema político. O sea tiene que refundar el sistema político. Si no lo hace, si no se logra (además tampoco es responsabilidad de una sola persona sino de toda la sociedad) va a pasar el mismo fenómeno que ha pasado en otros países y que ha pasado en México, o sea puede ser cooptado por la cleptocracia, en lugar de ser el parte aguas puede ser la continuidad de una larga agonía. Yo creo que hay las suficientes condiciones para que esto no suceda, pero el riesgo está ahí presente.

 

 

¿A pesar de que gobernaría con la casi totalidad de gobernadores que están enlodados hasta el cuello en la corrupción y no tienen ningún interés en que las cosas cambien?

 

Por eso te digo que el cambio no va a ser automático, no va a ser inmediato. Los tres primeros años de un gobierno como se perfila el de López obrador serán de equilibrio, van a haber tres o cuatro investigaciones de corrupción muy fuertes que se van a enjuiciar. Yo creo que el primero va a ser el de Odebrecht. Y algunos otros casos que van a conducir al desmantelamiento de un núcleo de la cleptocracia que es el que encabeza Luis Videgaray.

 

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