Cine: el amor y odio entre padres e hijos
Publicado el: 12/17/2017 7:11:14 PM en
Cine: el amor y odio entre padres e hijos
 

El cineasta franco canadiense Xavier Dolan presenta una cinta sobre el amor y odio entre madre e hijo, una relectura de su ópera prima elevada a la quinta potencia, dejando claro su prematura madurez como creador.

 

 

Por Sergio Ramos

 

 

A los 19 años, el canadiense Xavier Dolan se convirtió en un verdadero L´enfant terrible cuando su ópera prima como director, J´ai tué ma mére (Yo maté a mi madre/2008) ganó tres premios en Cannes incluyendo el Premio Especial del Jurado. De la cinta sorprendió su manejo del lenguaje visual –recogido sobre todo de los maestros asiáticos del nuevo siglo- y la profundidad conmovedora con que retrata la relación paranoica, enfermiza y, a final de cuenta, común y corriente entre una madre y su hijo adolescente.

 

En Yo maté a mi madre, Hubert (interpretado por el propio Dolan) es un adolescente que odia y ama a su madre (Anne Dorval) a partes iguales. Su mediocridad y mal gusto hacen que el más sensible Hubert juzgue hasta sus actos más banales (la compra de una aleopardada pantalla para lámpara o la comida que se le resbala por la comisura de la boca en una escena clave) mientras que, por el contrario, la madre de su pareja es una crepuscular adolescente permisiva.

 

Media década después, y con otros tres largometrajes en su filmografía (Los amores imaginarios/2010, Lawrence Anyways/2012 y Tom en el granero/2013) que lo han confirmado como uno de los mejores directores de su generación, cada vez más arriesgado en sus propuestas visuales y con menos tendencia a la dispersión y el desparpajo que la mayoría pasó por alto en su ópera prima, Dolan presentó una cinta que es, acaso, la más redonda, pulcra y madura de su filmografía.

 

Es, también, un regreso –ya como un creador más experimentado- al tema de la relación entre madre e hijo, por lo que Mommy (2014) está directamente emparentada con la cinta que lo lanzara a la fama en 2008.

 

Mommy es, por su planteamiento temático y estético, Yo maté a mi madre elevada a la quinta potencia. De hecho, Anne Dorval regresa con el personaje de una madre –ahora viuda- que debe lidiar con un hijo adolescente –ya no solo permanentemente inconforme con su entorno- recién salido de un psiquiátrico por un trastorno de déficit de atención.

 

Abrumada por la imposibilidad de cuidar por sí sola a un paciente siquiátrico, Diane busca ayuda en una misteriosa vecina (Suzanne Clément) que se integra a la relación madre-hijo para servir de contrapeso, un triángulo en el que todas las fuerzas comienzan a interactuar entre sí para nivelar los poderes –chantajes, amenazas, secretos guardados- y aprender a manejar las relaciones humanas con la mayor tranquilidad posible.

 

En el aspecto técnico, Dolan decide usar un formato cuadrado 1:1 que, junto con la paleta saturada de colores del cinefotógrafo André Turpin (Incendies/2010, Tom en el granero/2013) le dan a la imagen una textura ochentera otoñal o cierto parecido con el paño de las viejas cámaras en 8mm.

 

La diferencia fundamental entre ambas cintas es que en Mommy, Dolan se permite recorrer los extremos de la condición humana con un vaivén bipolar: de la tristeza más desoladora a la euforia más carnavalesca, todo, entre una escena y otra.  

 
La cinta está disponible a la renta en YouTube. 

 

 

 

 

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