Antonio Toledo Corro: estadios, descaro y desmemoria
Publicado el: 11/04/2019 01:52:57 p.m. en
Antonio Toledo Corro: estadios, descaro y desmemoria
 

 

¿Qué hay de común entre los De Nicolás, Galindo Quiñonez, Vega Acuña, Hank Ron, Ley López y Toledo Corro? Aparte de ser empresarios millonarios, a estas familias los sinaloenses les hemos construidos estadios por el orden de los cuatro mil millones de pesos.

 

 

Por Bernardino Chávez Arroyo.

 

 

Eso tienen en común estas familias para los sinaloenses. La historia de este saqueo descomunal al patrimonio público de Sinaloa, tiene su origen en el gobierno de Mario López Valdez. MALOVA le construyó a Juan Manuel El Chino Ley —ya finado—, un estadio para la práctica del beisbol profesional, con una inversión comprobada de más de 800 millones de pesos.

 

Pero si le sumamos los más de 130 millones que el gobierno de Sinaloa le debe a empresarios locales y la condonación de todo tipo de impuestos por un lapso de 25 años, la comercialización del nombre del estadio valuada por el mismo empresario en 300 millones de pesos, la demolición del estadio General Ángel Flores, que según activistas sociales rondaba los 300 millones de pesos porque tenía todavía una vida útil, tan sólo esta obra pública sobrepasa los tres mil millones de pesos, dinero del pueblo que el gobierno regaló a un empresario multimillonario.

 

Y cuando se pensaba que ningún otro gobierno superaría este tipo de corrupción obscena, llegó otro priísta al gobierno, Quirino Ordaz Coppel, y la arrogancia en el despilfarro del erario para los amigos se multiplicó por cuatro.

 

Llegando, sentenció Ordaz Coppel en su oriundo Mazatlán, que los sinaloenses volveríamos a construirles estadios, ahora, a los amigos empresarios de Quirino. Los primeros beneficiados fueron los Toledo Corro: se calcula que sólo en construcción, la inversión supera los 600 millones de pesos en la reconstrucción del estadio de beisbol profesional Teodoro Mariscal, aunque el gobierno maneja la cifra de 416 millones de pesos.

 

Antonio Toledo Corro fue gobernador de Sinaloa del 1 de enero de 1981 al 31 de diciembre de 1986. Su gobierno pasó a la historia como uno de los más siniestros, corruptos y acelerador de la relación narcopolítica en Sinaloa. En su gestión se calcula que hubo más de 6,500 asesinatos.

 

La apertura de cantinas y venta de cerveza —de manera oficial y clandestina—proliferó durante los seis años que duró su administración, el consumo de cerveza en el estado aumentó de 72 millones de litros a 102 millones. Todo tipo de centros de vicio se multiplicaron, en contraparte, la producción de leche disminuyó de 43 millones a 25 millones de litros en ese mismo período.

 

Toledo Corro ha sido señalado por la prensa internacional y ex agentes de la DEA de haber tenido al final de los años ochenta una pista para aeronaves en su rancho de Las Cabras al sur del estado, donde recibía cargamentos de cocaína de Sudamérica. A pesar de que Toledo Corro está clara y documentalmente relacionado con la corrupción y crimen organizado, Mario López Valdez, lo plantó en su gobierno como la figura insignia del buen político sinaloense.

 

A esta figura del pasado y presente de la negra historia política en Sinaloa, los sinaloenses, vía el gobierno del estado, le construimos un estadio de cientos de millones de pesos. Dueño de la playa Espíritu en Escuinapa y vendida a la administración de Felipe Calderón, vía FONATUR, en 120 millones de dólares. El gobierno actual de López Obrador señala la venta como símbolo de corrupción política.

 

 

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