¿Cómo afectaría al narcotráfico la suspensión del TLC?
Publicado el: 11/25/2017 2:21:50 PM en
¿Cómo afectaría al narcotráfico la suspensión del TLC?
 

 

Tras la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio en 1994, el crimen organizado encontró una oportunidad de oro para expandir sus ganancias. Con la autorización del tránsito transfronterizo de los camiones para la exportación o importación de mercancías entre los países miembros del tratado, el envío de drogas se volvió menos detectable para los agentes aduaneros. Tras la puesta en marcha del TLC, autoridades estadounidenses empezaron a ver con alarma cómo incrementaba el número de cargamentos con droga incautados en la frontera. Con la renegociación del tratado bajo la administración de Donald Trump, es posible que las organizaciones criminales vean afectados sus intereses si la Casa Blanca determina el fin del acuerdo comercial.

 

 

Por Alfredo Rendón.

 

 

Diferentes organismos empresariales, industriales y agrícolas han pedido al gobierno mexicano que dentro de los temas a discutir en la renegociación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Canadá y Estados Unidos se incluyan la corrupción y el narcotráfico. Si estos problemas se controlan, aseguran, se podrán generar mayores niveles de crecimiento y prosperidad para las tres naciones porque habría que destinar menos dinero a la seguridad y el control fronterizo.

 

Sin embargo, para algunos analistas en temas de seguridad, el TLC representó una oportunidad de oro para las organizaciones criminales trasnacionales gracia al mayor flujo de mercancías que comenzaron a circular por los distintos puntos fronterizos y a que las autoridades aduanales se vieron rebasadas en su capacidad para detectar drogas y demás mercancías ilegales.

 

Por otro lado, el libre comercio, con su ampliación en las cuotas de importaciones y la reducción de los aranceles, generó un empobrecimiento del campo mexicano que obligó a millones de campesinos a emigrar a las grandes ciudades, aumentando con ello el fenómeno de los cinturones de miseria que rodea a capitales como Ciudad de México o Guadalajara. Muchos otros emigraron hacia el norte del país o hacia los Estados Unidos. Pero los que se quedaron, en medio de un campo empobrecido, incapacitado para enfrentarse a la competencia trasnacional, fueron aprovechados por el narcotráfico.

 

“La emigración y la falta de presencia del Estado generan vacíos que son ocupados por la delincuencia organizada. El narco empezó financiando actividades agropecuarias y después comprando propiedades. Al estar en las zonas de influencia del narco, los campesinos o tienen que producir forzadamente o se tienen que trasladar”, comentó Victor Manuel Quintana Silveyra, ex representante del Frente Democrático Campesino, en entrevista con La Jornada.

 

El TLC inició formalmente a partir de 1994, último año de gobierno de Carlos Salinas de Gortari, justamente cuando el Ejército Zapatista de Liberación Nacional se levantó en armas en Chiapas para aguar la fiesta del presidente que, con la firma del tratado comercial, abría las fronteras de México para que entrará todo tipo de mercancías a competir con las industrias nacionales, entre ellas, las alimentarias.

 

El desastre para el campo mexicano que representó el tratado fomentó que, entre 1994 y 2014, al menos un millón 780 mil campesinos dejaran sus tierras y emigraran. De acuerdo con el Frente Democrático Campesino, unos 600 campesinos dejan su tierra diariamente y durante todo este tiempo de TLC se han perdido unos dos millones de empleos en el campo.

 

Desde mediados de los 90, al dispararse el desempleo rural y la emigración, el narco empezó a entrar a los pueblos como una actividad complementaria que vino a suplir el vacío de Estado que quedó con la falta de atención al sector agrícola en buena parte del territorio. Datos de distintos organismos aseguran que en 2004 había al menos 100 mil hectáreas dedicas a los narcocultivos.

 

“El libre comercio trajo también consecuencias sociales como la pauperización de las familias rurales, emigración, narcotráfico, violencia, el desgarramiento del tejido social y deterioro ambiental, además de un aumento en la obesidad y el sobrepeso por los cambios en la alimentación de la población”, señaló Quintana Silveyra.

 

Un informe de 2013 publicado por la Universidad de Nueva York y titulado “Del maíz a la bruma: shock agrícola y el crecimiento del sector de las drogas en México” asegura que en base a un estudio sobre 2,296 municipios mexicanos entre 1990 y 2010, existe una relación directa entre la caída de los precios del maíz (de más del 50% entre 1990 y 2005) y el incremento de los cultivos de marihuana y amapola.

 

“La disminución en los precios de los productos agrícolas afectan las decisiones estratégicas de los cárteles, los cuales se trasladan a territorios económicamente deprimidos donde los campesinos se encuentran más predispuestos a suministrarles cultivos ilegales”, señala el informe.

 

Regiones enteras de Guerrero, Michoacán, Sinaloa, Jalisco, Nayarit han remplazado la siembra de cualquier otro producto alimenticio por la marihuana y la amapola. Muchos de esos campesinos, hasta antes del desastre en el sector agropecuario, se dedicaban a la siembra de maíz, frijol y hortalizas.

 

Otro de los fenómenos relacionados con el TLC y el narco fue pronosticado poco antes de la puesta en marcha del tratado comercial. En un reportaje del New York Times citado por el diario colombiano El Tiempo en mayo de 1993 se habla de un informe del Servicio Secreto de los Estados Unidos en el que se advertía al gobierno mexicano de que los cárteles habían comenzado a invertir en empresas de transporte pesado carretero, maquiladoras y bodegas de almacenamiento en las ciudades fronterizas preparándose para la entrada en vigor del TCL un año después.

 

“Los narcos pretenden aumentar su presencia en empresas legítimamente establecidas en el marco del TLCAN”, establece el reportaje. Y con la apertura de la frontera para el comercio entre Estados Unidos y México, aumentó considerablemente el tráfico de transporte pesado.

 

De acuerdo con cifras del Departamento de Seguridad Pública de Texas, entre 1996 y 2000 el decomiso de cocaína en sus cruces fronterizos creció un 71%, el de marihuana un 130% y el de metanfetaminas un 400%. “Estamos  procesando más tráfico vehicular e incautando más drogas”, señalaban las autoridades en Texas, algo que atribuían a una “consecuencia involuntaria del TLC”.

 

Cifras del año 2000 aseguran que más de 48 millones de vehículos con pasajeros y 3.1 millones de camiones comerciales pasaban la frontera por Texas. En la medida en que el volumen de trailers aumentaba, disminuía la minuciosidad con que se hacían las revisiones y, por lo tanto, pasaba más droga.

 

Si la fronteras entre ambos países volvieran a cerrarse al comercio trasnacional como ha sucedido durante estos 23 años de TLC, las autoridades aduaneras tendrían más posibilidades de detectar camiones con mercancía ilegal, por lo que las estrategias del crimen organizado para satisfacer la demanda de drogas en Estados Unidos tendrían que renovarse.

 

 

 

 

 

 

 

 

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