¿Es verdad que Caro Quintero prometió pagar la deuda externa de México?
Publicado el: 02/09/2021 12:09:04 p. m. en
¿Es verdad que Caro Quintero prometió pagar la deuda externa de México?
 

 

Alrededor de Caro Quintero existen varios mitos. Uno de ellos señala que prometió pagar la deuda externa de México si el gobierno lo dejaba trabajar en paz. Eso contribuyó a hacer del capo nacido en La Noria, Badiraguato, un auténtico héroe popular a mediados de los años ochenta del siglo pasado, luego de haber sido detenido en Costa Rica acusado del secuestro, tortura y homicidio del agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar.

 

 

Por Redacción De Primera Noticias.


 

El 6 de noviembre de 1984, elementos del Ejército Mexicano irrumpieron en el rancho El Búfalo, en el municipio de Allende, Chihuahua, donde los fundadores del Cártel de Guadalajara habían instalado un sistema de producción agrícola industrial de marihuana.

 

En total, los militares decomisaron 10 mil toneladas de la yerba verde –que para le época equivalían a unos 8 millones de dólares- y detuvieron a miles de campesinos que trabajaban en la siembra, además de ocho agentes de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad (DFS).

 

No agarraron ni a Caro Quintero ni a Ernesto Fonseca Carrillo debido a que, horas antes, policías corruptos de la DFS avisaron a los capos sinaloenses del operativo que estaba por realizarse gracias a información proporcionada por la Administración para el Control de Drogas (DEA).

 

El agente que investigó la localización del rancho fue Enrique Camarena Salazar, nacido en Mexicali, Baja California, pero naturalizado estadounidense, quien contó con el apoyo del piloto mexicano Alfredo Zavala Avelar. 

 

Poco más de tres meses después, el 7 de febrero de 1985, “Kiki” Camarena fue secuestrado cuando salía del consulado americano en Guadalajara y trasladado a una casa ubicada en la calle Lope de Vega 881, colonia Jardines del Bosque, donde lo torturaron incansablemente.

 

También fue levantado el piloto Alfredo Zavala y de acuerdo con distintas versiones, durante la tortura participaron no solo integrantes del Cártel de Guadalajara sino agentes de la DFS. También se ha señalado al entonces secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, de haberse reunido con los capos antes y después del secuestro de Camarena.

 

El titular de la DEA, Francis Mullen, acusó a la Policía Judicial Federal a cargo de Armando Pavón Reyes de proteger a los integrantes del Cártel de Guadalajara e incluso lo acusó de haber autorizado la salida de México de Caro Quintero, quien fue detenido un mes después en Costa Rica, acompañado por su novia Sara Cosío Vidaurri, hija de un ex secretario de Educación en Jalisco.

 

Carlos Monsiváis hizo pública una carta en la revista Nexos donde Sara se dirige a Caro Quintero en los siguientes términos: “Rafael: aunque todo haya sido tan alocadamente, tú te portaste muy bien y la verdad eres bien bueno, nada más que quieres hacerte el malo, pero me trataste con mucho respeto y cariño”. La leyenda dice que al momento que se llevaban a Caro Quintero, Sara gritó: “Yo no estoy secuestrada, yo estoy enamorada de Caro Quintero”.

 

 

Tras la extradición, Sara fue enviada de regreso a Guadalajara con sus padres, mientras que el capo sinaloense fue enviado al Reclusorio Norte de la Ciudad de México.

 

Tras su encarcelamiento, el director del reclusorio autorizó que los medios mexicanos entrevistaran en la sala de juntas del centro penitenciario a Caro Quintero. La intención, señala el periodista e historiador sinaloense Froylán Enciso en su libro Nuestra Historia Narcótica, era hacerse publicidad con la aprehensión del narcotraficante, pero les salió el tiro por la culata.

 

A Caro Quintero lo entrevistaron periódicos, televisoras y revistas. Todas esas entrevistas fueron ampliamente difundidas por los medios nacionales e involuntariamente crearon un héroe popular.

 

“Se vio la fascinación por el carismático campesino sinaloense que apenas había estudiado hasta primero de primaria en su pueblo natal, La Noria. Fueron estas conversaciones las que apuntalaron a uno de los personajes más prominentes de la narcocultura mexicana de finales del siglo XX”, señala Enciso.

 

A todas las preguntas, Caro Quintero respondía con una franqueza que generaba explosiones de risa entre los periodistas que se encontraban en la conferencia, como cuando una reportera le preguntó por qué quiso conocer Costa Rica.

 

“Me dijeron que era un país muy tranquilo, pero por lo que veo, no…”

 

O cuando le preguntaron por qué sonreía tanto, si se consideraba un tipo simpático.

 

“No, no simpático, simplemente que me siento muy seguro de mí mismo, y muy contento. Estoy aquí adentro pero pues un día he de salir afuera”, declaró.

 

Al poco tiempo el actor y comediante José Natera realizó una parodia de las entrevistas con Caro Quintero en la que un ficticio periodista llamado Guillermo Pérez Verguzco (había un periodista de Televisa llamado Guillermo Pérez Verduzco) entrevistaba al capo sinaloense en voz de Natera, quien aprovechó el carácter franco del capo para soltar unas cuantas verdades sobre la corrupción, la crisis económica y el gobierno.

 

Dichas grabaciones fueron realizadas en un estudio de radio y después circularon en grabaciones no profesionales, en casettes piratas que se vendían o se regalaban en la calle o entre vecinos, amigos y familiares, que fueron creando el mito de Caro Quintero.

 

La famosa declaración de que él estaba dispuesto a pagar la deuda externa –recuérdese que en 1985 México estaba en plena crisis económica derivada de la caída de los precios del petróleo un par de años antes-  surgió de esa parodia en la que el comediante abogaba por el pago de la deuda con las ganancias de la marihuana.

 

“Fueron a Chihuahua a quemarme mi mota porque no se la quise vender a la CONASUPO. Que quede aclarado. Y no se la quise vender porque me la querían pagar por abajo del precio y yo no soy baboso. Porque yo mi marihuana se la vendo a los gringos y los gringos me la pagan con dólares, dólares que generan divisas y con esas divisas podríamos pagar la deuda externa. Pero el gobierno mojigato no quiere que la deuda se pague con marihuana que porque qué van a pensar de nosotros en el extranjero. ¡Claro! Como los que están en el gobierno no ganan el salario mínimo, tienen puestos donde pueden robar todo lo que quieran ellos y sus méndigas familias durante toda su vida, viven en casas ostentosas y tienen dinero para soportar esta y cien crisis más juntas, porque mientras más se devalúa el peso más aseguran su porvenir ya que son los principales traidores y saca dólares del país, por eso se ponen dignos y mojigatos que la deuda no se pague con marihuana. Pero para un pueblo desesperado, endrogado y muerto de hambre, le vale madres si la deuda se paga con mota, con coca, con thinner, con cemento, con una chingada, porque para un desesperado cualquier agujero es salvavidas.”

 

Este fragmento de la grabación de más de 20 minutos llamó poderosamente la atención y de acuerdo con Enciso, se convirtió en un símbolo de resistencia popular ante la dura crisis económica por la que estaba pasando el país y ante un gobierno corrupto, inepto e insensible a las necesidades sociales de los mexicanos durante los años 80.

 

En las entrevistas hechas por los distintos medios a Caro Quintero en el Reclusorio Norte los periodistas le preguntaron por su infancia, por sus inicios en el mundo del narco, por su riqueza, por su familia y hasta por las mujeres de su vida. A todas las preguntas, el capo respondió sin titubear, de manera espontánea, con una sonrisa irónica dibujada en los labios.

 

 

—Queremos que nos platique de su niñez...

 

—Mi niñez fue muy triste y de eso no quiero hablarles. No quiero acordarme de eso.

 

 —¿No puede describir cómo es su familia?

 

 —No. No quiero.

 

—Nosotros lo hemos visto muchas veces reír ¿Se considera un tipo simpático?

 

—No, no simpático, nada más que me siento muy seguro de mí mismo y muy contento. Ahora estoy aquí adentro, pero he de salir. No debo nada. El dicho dice: el que nada debe, nada teme. A mí me agarraron con nada. No sé cuál es la causa del trato que se me está dando. Me han dado un trato que no creo que a nadie se lo hayan dado: inclusive hasta este momento todavía no como. Un trato... el señor director parece que agarró conmigo un problema personal.

 

—Como ciudadano mexicano, ¿qué piensa de la crisis que vive el país?

 

—Creo que va a salir adelante. Por ahora no se ve nada claro. Creo que se desvían los problemas y todo recae en mi situación. Todo lo que se dice de mí es la nota importante; se olvidan de los aumentos a los alimentos y a otros servicios.

 

—¿Cree que es un problema político?

 

—Yo creo que sí. A mí no me agarraron con nada y ya ven todo el escándalo. No tengo que ver con las acusaciones que se me están acumulando.

 

—Su fama de narcotraficante trascendió ya las fronteras del país ¿Qué opina de eso?

 

—Pues es una cosa muy mala que no debió haber sucedido, porque yo soy una persona igual que cualquier otra, que cualquier campesino.

 

—¿Qué nos puede decir de los otros campesinos que siguen trabajando como usted hacía?

 

—Pura gente noble. Como lo soy yo y mis compañeros. Como lo es el señor Ernesto (Fonseca) y toda su gente… mandé construir escuelas, edificar clínicas, introducir luz, agua potable y otros servicios en poblados marginado en Sinaloa, Chihuahua y Jalisco… lo que el gobierno no hace lo hacemos nosotros. Pero lo que hacemos no lo hacemos para que todo el mundo nos tome en cuenta; nada más porque nos sentimos bien con nosotros mismos.

 

—¿Con qué fondos hacía estas obras?

 

—Yo tengo engordas de ganado; tengo ranchos ganaderos en donde gano mucho dinero. Me quieren poner como que todo lo he ganado del narcotráfico y en realidad no es así.

 

—¿En realidad qué tan rico es?

 

—No, no. Yo no soy tan rico. No tengo todo lo que dicen. Vivo bien, como la gente, gracias a Dios, como cualquiera.

 

—¿Podría hacer un cálculo de su fortuna?

 

—No, eso no puedo.

 

—De lo que deja la ganadería y agricultura, ¿usted vivía como lo hacía?

 

—Todo se lo quieren atribuir al narcotráfico. Nada meten de que he ganado en ganadería. Tampoco meten lo de mi línea de tráilers, ni mis fábricas bloqueras. Hago como 100 mil bloques diarios; sin embargo, de eso no dicen nada. Todo se lo atribuyen al narcotráfico.

 

—¿Entonces no hay nada de narcotráfico?

 

—Pues no, así como lo dicen no.

 

—¿Qué quiere decir?

 

—Quiero decir que de siete casas que tengo, dos podrían ser del narcotráfico, pero cinco no.

 

—¿Por qué se dedicó al narcotráfico?

 

—Porque me gustó.

 

—¿El narcotráfico le daba dinero fácil?

 

—No. Nada es fácil. Todo cuesta trabajo.

 

—¿Se siente arrepentido?

 

—Pues qué le dijera. Arrepentido, arrepentido, nunca estoy. Lo hecho, hecho está y ya. Ahora estoy aquí ¿Qué quiere que le diga?

 

—¿Por qué nunca lo agarraron?

 

—Porque no querían. Yo allí estaba y me podían agarrar.

 

-¿Está usted enamorado de varias mujeres o de una sola?

 

—Las quiero a todas, porque nací de una mujer.

 

—¿Y qué hay de su relación con Sarita?

 

—No tengo nada que explicar sobre eso. De eso nada, por favor.

 

—¿Cuántos hijo tiene?

 

—Tengo 4 hijos, una niña y tres niños.

 

—¿Qué recomienda a los jóvenes que son adictos a las drogas?

 

—Que no lo hagan. Es lo único que puedo decirles, porque son cosas que no llevan a ningún lado.

 

—¿Ya se va a retirar del negocio de las drogas?

 

—Sí, ya me voy a retirar. Quise entrar pero no pude.

 

—¿Qué le dio por ir a Costa Rica?

 

—Me decían que era un país muy tranquilo, pero por lo que veo…

 

—¿Cuántos años tienes?

 

—29… más el IVA.

 

—¿Qué podría decirle al público que ha seguido su caso?

 

—Estoy con todo mundo y el día que salga quiero ser amigo de todos y muchas gracias por andarme acompañando

 

 

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